Palomita de maíz

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El gran movimiento: la clase obrera boliviana entre lo surreal y lo mundano

Escrito el 11 agosto, 2022 @CesarAndreZzZ

Disponible en: cines selectos estadounidenses.

Dirección: Kiro Russo.

Guion: Kiro Russo.

País: Bolivia.

Elenco: Julio Cesar Ticoa, Max Bautista Uchasara, Francisa Arce de Aro, Israel Hurtado, Gustavo Milán.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt15108354/

El gran movimiento. Dir. Kiro Russo. Cinema Tropical. 2021.

El gran movimiento inicia con una serie de planos que observan de más a menos la ciudad de La Paz, Bolivia. Primero, contempla en una toma panorámica edificios, construcciones, puentes y teleféricos. Eventualmente se adentra en el tráfico, los negocios callejeros en el centro y la pintura corroída de las paredes de zonas más pobres. Eventualmente, la cámara enfoca espejos que distorsionan la imagen. Mientras la música (creada con los mismos ruidos de la ciudad) se va haciendo más ominosa, el prólogo de la película se hace más abstracto. Este es uno de los inicios más inteligentes que he visto en una cinta en mucho tiempo por la capacidad que tiene para sintetizar su esencia.

Ganadora del Premio especial del jurado en la sección Horizontes en el Festival de Venecia de 2021, El gran movimiento cuenta con una dirección de Kiro Russo, quien tiene un dominio absoluto de su estilo narrativo experimental y quien hace brillantes despliegues en apenas su segunda película. Es difícil describir en términos concretos su contenido, pues es una cinta que demanda sentirse y “dejarse llevar” más que comprenderla en estructura y conceptos.

El punto de partida es una protesta de mineros de la ciudad de Huanuni, que la han llevado a la capital para ser escuchados luego de despidos injustificados y años de bajo salario. Elder Mamani (Julio César Ticona), lo más cercano que tenemos a un protagonista, es un minero que llega a La Paz después de una agotadora caminata, percatándose pronto de una enfermedad que progresivamente lo va demacrando.

Elder no puede seguirles el ritmo a sus amigos, se queda atrás, tosiendo, jadeando y sin aliento. La dinámica entre ellos y sus discusiones nos hacen entender realidades crudas de la clase trabajadora latinoamericana: detener el trabajo por motivos de enfermedad no es una opción. Solo un pequeño sector privilegiado puede darse el “lujo” de tomar una suspensión por salud. Elder continúa jornadas de trabajo ahora en la capital en un mercado popular, mientras sus síntomas físicos empeoran y tiene cada vez más dificultades para respirar. La sugerencia de un médico de turno es obvia y condescendiente: “descansar más y trabajar menos, su dolencia está motivada por el estrés”.

Elder conoce a la encantadora Mamá Pancha (Francisca Arce de Aro), una mujer mayor que trabaja en uno de estos mercados céntricos, quien le ofrece la ayuda de un amigo llamado Max (Max Eduardo Bautista Uchasara), un chamán que vive en las afueras de la ciudad para mantener un contacto más puro con la naturaleza. Es con estos dos personajes, Pancha y Max, que la película entra lentamente en un terreno más surrealista y onírico, explorando las costumbres y creencias típicas que se sienten palpables por el meticuloso uso de la edición que nos lleva de una manera aparentemente aleatoria de un escenario a otro. Russo detalla sonidos e imágenes por encima de diálogos y narrativa. Es imposible no mencionar esas fantásticas y coreografiadas secuencias de baile producto de la catarsis de los personajes.

El gran movimiento. Dir. Kiro Russo. Cinema Tropical. 2021.

Sin embargo, resulta chocante el manejo de tonos que convierte a la película en un híbrido inexacto que, por momentos, dificulta una conexión profunda con su historia. Gran parte del filme puede pasar como un documental por la naturalidad de sus interacciones y la manera en la que las observa. Se acerca profundamente al llamado cinema vérité: acercamientos íntimos a realidades sociales reprimidas. No obstante, el uso del surrealismo puede ser apabullante, a niveles en que resulta frustrante su resistencia a definir con claridad los malestares sociales de Bolivia.

Aun así, El gran movimiento tiene momentos brillantes, incluyendo un viaje en teleférico que permite observar los contrastes radicales de la ciudad: ascendiendo desde las zonas marginales y desfavorecidas hasta los edificios más esbeltos y relucientes de La Paz. Esta es una ciudad de oposiciones en la que el caos es constante. Sea en las cálidas y refrescantes observaciones del día a día de las vendedoras en los mercados ambulantes o en los rituales que el chaman Max emplea para sus trances espirituales, el bullicio y movimiento parecen nunca detenerse mientras personas como Elder se quedan atrás.

Pronto se hace evidente que su enfermedad es una metáfora que el director emplea para diseccionar los malestares de su país: la explotación obrera, el descuido personal al cuál la mayoría nos sometemos porque la sociedad nos lo demanda y la alienación de nuestros sentidos y costumbres. Para Elder y muchos otros en el mundo, su valor en sociedad se reduce a lo que pueden aportar al sistema a través de su trabajo. Son seres desechables que deben improvisar dónde pasar la noche y distraerse tomando alcohol barato junto a sus amigos igual de explotados. Pese a que no es un análisis profundo, El gran movimiento resalta cómo la identidad de la clase trabajadora es borrada por las abrumadoras demandas de las élites y las empresas.

Mencioné al principio cómo el prólogo de la película condensa perfectamente su esencia. Tenemos la engañosa sensación de entender hacia donde se dirige la historia: un relato convencional de desigualdad social y la constante lucha de la clase trabajadora por sus derechos, tal y como la toma panorámica inicial muestra la ciudad de la Paz. Pronto nos damos cuenta de que, en realidad, se trata de algo mucho más oscuro y personal que eso, adentrándose en tradiciones, rituales y creencias típicas de los habitantes que intentan subsistir en las demacradas condiciones de vida que tienen, tal y como esas paredes corroídas.

Finalmente, El gran movimiento deja claro que tiene ambiciosas intenciones de ser surrealista, fusionando lo cotidiano con lo fantasioso. Ambos aspectos conviven en nuestro mundo, y Russo utiliza la fantasía como una válvula de escape que reconecta a los personajes con costumbres de las cuáles se han disociado para adaptarse a las exigencias del capitalismo.

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