El agente secreto: la paradoja del héroe silencioso
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Guion: Kleber Mendonça Filho.
Elenco: Wagner Moura, Tânia Maria, Maria Fernanda Cândido, Gabriel Leone, Alice Carvalho, Udo Kier.
País: Brasil.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt27847051/
“¿Qué filme representa mejor el ideal de cine político? ¿El concesivo? ¿El pleonástico? ¿El seductor? ¿El intransigente? O, en todo caso, ¿tan fácil resulta la respuesta? ¿Tan distintos son sus interrogantes de aquellos aplicables a la política misma? ¿Tiene algo que hacer el cine en esta hiperbólica encuesta?”
Mariano Llinás en Los hijos de fierro y el cine político, publicado en Revista de cine (2022).

Dicen que de relatos anónimos se formó la historia. Latinoamérica sabe mucho de eso, de personas comunes que se convirtieron, por accidente, en símbolos de resistencia. Relatos cruzados que, de no haber existido en una época tan dura, probablemente pasarían desapercibidos. Casi cuatro décadas han pasado desde el advenimiento de la tercera ola de democratización y, entre los miles de desafíos, persisten abiertas las heridas de los años más oscuros. Es que, mientras prevalezcan quienes renieguen de su historia, la memoria será la única herramienta de resistencia.
El agente secreto no es otra película sobre la dictadura, pero sí un filme, esencialmente, político. El cine latinoamericano está, inevitablemente, atravesado por esta mal llamada ciencia social. Es que la política es capaz de colarse en cualquier experiencia humana, en toda interpretación, desde la aparición de la incisiva Irene Menéndez-Hastings en El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2010) hasta referencias reales como la desolación de Eunice Paiva en Ainda Estou Aquí (Walter Salles, 2024). No es una disciplina ajena, sino que es parte indisociable de nuestro vivir. Somos seres políticos, aun cuando elegimos mantenernos al margen de las discusiones partidarias. Kleber Mendonça Filho aprovecha ese tirón para, en efecto, construir su relato desde el encubierto.
El filme sigue a Armando (Wagner Moura), un profesor universitario obligado a abandonar su vida para evitar ser condenado por la dictadura militar. Bajo el seudónimo de Marcelo, el hombre deja su familia para ser acogido en Recife por Doña Sebastiana (Tânia Maria) junto con otros refugiados. Movilizado por su hijo, Fernando (Enzo Nunes), así como por el recuerdo de su esposa, Fátima (Alice Carvalho), Armando procura salvaguardar la poca esperanza que tiene de un Brasil en paz. Mediante un relato que conjuga la dureza de la llamada década oscura con la efervescencia de un aparente país alegre, El agente secreto apela a una introspección más que política, humana. ¿Cuántos Armandos debieron esconderse de un régimen opresivo?
El propio título del filme juega con hacernos creer que estamos ante una suerte de espía cual James Bond o Jason Bourne. En sí, Armando es todo lo contrario: un hombre que busca alejarse, no solo de la violencia, sino del bullicio y hasta de las catástrofes, sean reales o ficticias. En una escena tierna, su suegro, Alexander (Carlos Francisco), se refiere a que su nieto, Fernando, quiere ver la recientemente estrenada Jaws (Steven Spielberg, 1975), filme no solo inapropiado para su edad, sino que hasta menos catastrófico que la realidad de Brasil. Las referencias cinéfilas abundan, algo que denotan el pasado de crítico del propio realizador. Intelectualmente, Armando está más cerca del Hooper (Richard Dreyfuss) del filme de Spielberg que del seductor, pero superficial, Bond.
Es cierto que el filme se sostiene por la destreza de su realizador, pero poco podría hacer sin la maestría de su elenco. Hay caras conocidas como la de Wagner Moura en una suerte de triple rol bien delimitado. Moura brilla en el protagónico, permitiendo también que cada uno de sus colegas haga buen uso de su espacio. El elenco secundario se conjuga de forma armoniosa, incluyendo íconos locales como Maria Fernanda Cândido y Gabriel Leone, hasta notables figuras como Udo Kier y revelaciones como Alice Carvalho y Tânia Maria. Todos tienen algo que aportar a la historia, conformando un verdadero elenco coral. La narración evita caer en la linealidad y avanza en capas y reconstrucciones que requieren atención y que recompensan al espectador.
Kleber Mendonça Filho demuestra, una vez más, la inteligencia de un cineasta esencialmente político. Sin embargo, no confundir esto con un mero reflejo de su conocido posicionamiento. El realizador apela a la reflexión, a que la audiencia razone ante la explosión de información y que cree su propio relato. Habrá quienes elijan centrarse en la vivacidad de los planos, las idílicas referencias al Recife reconstruido en Retratos fantasmas (2023) o las leyendas urbanas como la pierna peluda que atemoriza a los transeúntes. Sea cual sea el foco de atención, el público está imposibilitado de ser un actor pasivo que sale de la sala habiendo evacuado todas sus interrogantes. Es un cine que exige, pero que también recompensa: es incómodo, vibrante y, aunque parezca contradictorio, profundamente bello.
El cine latinoamericano es, en esencia, obstinado e incisivo. La magia del continente es su inteligencia, buscando educar al espectador para que no caiga en escepticismos. Las producciones no están definidas por presupuestos magnánimos, que existen, claro que sí, más son los menos. Muchas veces no es una cuestión de esfuerzos gubernamentales, sino de realidades. Aquellos realizadores que sienten su tierra se vuelven verdaderos magos, buscando combinar arte con finanzas, y también con política. El atractivo de las historias es ser entretenida sin perder la identidad. El agente secreto combina esto por fascinación o espanto. Desapercibida no pasa, es imposible.
Vale recordar que, tras años de sufrir del ostracismo de la derecha brasileña, Mendonça Filho recibió su anhelado apoyo nacional. Mientras cineastas como Jafar Panahi arremeten contra regímenes que buscan callar su voz, a otro nivel, el oriundo de Recife hace un canto a la democracia para recordar que, desde el calor de un Brasil en carnaval, la libertad de expresión es el bien más preciado que puede anhelar una sociedad. Volviendo a la cita inicial de otro cineasta latinoamericano reformulemos una de sus preguntas: ¿es posible hacer cine que no tenga algún tinte político? Observando la filmografía de este trío, la respuesta es obvia.

Made in Uruguay, a Valentina el corazón le pertenece a sus raíces eslavas como las que retratan Pawlikowski en Cold War y Kusturica en When Father Was Away on Business. Firme defensora del Óscar de Faye Dunaway por Network, fanática del Almodóvar de Tacones Lejanos y fundamentalista de Vanessa Kirby. Cuenta los días para que The Academy salde su cuenta pendiente con Bradley Cooper. Ah, y para entretenerse, un cartón dice que es internacionalista.
