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Duna: parte 2 – la finalidad de un destino terrible

Escrito el 27 febrero, 2024 @ECinematografo

Dirección: Denis Villeneuve.

Guion: Jon Spaihts, Denis Villeneuve Basado en la novela de Frank Herbert.

Elenco: Timothée Chalamet, Zendaya, Rebecca Ferguson, Stellan Skarsgård, Dave Bautista, Charlotte Rampling, Javier Bardem, Florence Pugh, Austin Butler.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Duna: parte dos. Dir. Denis Villeneuve. Warner Bros. 2024.

Duna, de Frank Herbert, es una novela extensa que introduce una mitología compleja, caracterizada por familias privilegiadas en una lucha destructiva por el poder, criaturas fantásticas adornando el paisaje y protagonistas admirables embarcándose en un viaje épico. Estas particularidades resultan emocionantes cuando un cineasta transmite la sensación que se experimenta al leer el libro, independiente de sus atributos más familiares. La segunda parte de la adaptación de la obra de Herbert, dirigida por Denis Villeneuve y coescrita por Jon Spaiths, contiene los elementos clásicos del género, pero destaca por una interpretación escalofriante de sus temas.

Hace dos años, el lanzamiento de Duna, parte uno fue frustrante. En medio de la incertidumbre sobre la producción de sus secuelas, Villeneuve apostó por concluir la narrativa justo cuando apenas iniciaba. Como resultado, esa entrega se asemejó más a un detallado diccionario visual con varios elementos en conflicto (el planeta desértico Arrakis, las familias Atreides y Harkonnen, la comunidad Fremen, la secta Bene Gesserit), solo para dejarlos “en remojo” para que una secuela los desarrollara. Con el estreno de Parte dos, la primera película experimenta una mejora. Ahora en retrospectiva, lo que antes parecía inconcluso ahora trabaja en armonía para tejer una fábula que advierte sobre las trampas inherentes de los mitos monolíticos y el peligro de depositar nuestro destino en la voluntad de un líder.

Parte dos sigue la odisea de Paul Atreides (Timothée Chalamet) y su madre Jessica (Rebecca Ferguson), quienes buscan refugio con la comunidad Fremen después de perder su estatus social y político durante la guerra con el Barón Vladimir Harkonnen (Stellan Skarsgård) y el Emperador Shaddam Corrino IV (Christopher Walken) por el control del planeta Arrakis. Los Fremen creen que Paul es el Lisan Al-Gaib, el Mesías que pondrá fin al dominio imperial y restaurará la naturaleza en el desértico y desolado planeta. A pesar de esta superstición impuesta por las Bene Gesserit, una secta que controla los hilos del Imperio, Paul intenta distanciarse de estas profecías y conectar con las enseñanzas de Stilgar (Javier Bardem) y el afecto de Chani (Zendaya).

El heroísmo de Paul se ve contrarrestado por la forma en que Villeneuve y Spaiths adaptan a Jessica. A pesar de que los Harkonnen y el Emperador encarnan a los típicos villanos de la película, inspirando secuencias de acción emocionantes, es Jessica quien emerge como la verdadera antagonista de las aspiraciones de Paul. Parece que Ferguson interpreta a dos mujeres diferentes en esta saga. En Parte uno creó a una mujer conflictuada por la presión ejercida sobre su propio hijo. En Parte dos oculta la agenda de su personaje detrás de una emotividad alarmante y un interés complicado en la cultura y el idioma Fremen.

Chalamet impresiona por su madurez como intérprete en un papel que también le exige ser dos personas al mismo tiempo. Encarna al hombre poderoso, pero humilde, un líder que capta la atención de Chani y al individuo con el potencial de convertirse en tirano. Chalamet y Zendaya presentan un romance entre dos personas que aspiran a la igualdad. La mejor tensión del guion se manifiesta cuando permite que las circunstancias afecten la vida que Paul anhela con Chani y el destino que busca para los Fremen. Junto a él, los Fremen comienzan a trabajar por el futuro del planeta que han soñado. Sin embargo, ahora que ha surgido un culto en torno a su imagen, Paul no puede evitar evaluar cómo haber ganado el corazón de este ejército mejora sus posibilidades de venganza contra el Imperio y los Harkonnen.

Denis Villeneuve explora los temas de su historia con maestría a través de su lenguaje visual. Los primeros planos revelan los momentos destacados de su elenco. El rostro de Javier Bardem se utiliza como un alivio cómico trágico cuando exploramos el espíritu de Stilgar, un líder Fremen que lleva su devoción por Paul demasiado lejos. Del mismo modo, el rostro de Ferguson, aún cubierto, genera tensión por la expresión decidida que conspira con su propio consejo. La escala de otros planos revela la relación de los personajes con un mundo que no reconocen. Cuando hay distancia entre Paul y Chani, Zendaya trata de no ser absorbida por la multitud obsesionada con un Paul distinto al hombre que ama.

Impresiona también el trabajo del director de fotografía Greig Fraser y el diseñador de producción Patrice Vermette. Ambos artistas no se aferran a lo establecido en la primera película, innovando e improvisando en cada secuencia. Vermette destaca por su contribución a la organización de escenas de acción llenas de obstáculos físicos que mantienen una relación coherente con las extravagancias del mundo de Duna: soldados voladores, gusanos gigantes o diminutos, arenas de gladiadores, palacios llenos de escondites, arsenales nucleares o salas de trono. Fraser, por su parte, explora el uso del color para crear atmósferas inigualables en otras películas de ciencia ficción, incluyendo persecuciones iluminadas por eclipses solares y, en particular, un planeta entero cubierto por tonos de blanco y negro donde el poder físico de Feyd-Rautha Harkonnen (Austin Butler) es acosado por la silueta fantasmagórica de una Bene Gesserit.

El segundo episodio de la adaptación de Denis Villeneuve de la obra de Frank Herbert brilla a partir de los cimientos colocados en la entrega anterior y los desmenuza en una narrativa que se mueve hacia un final que promete ser desgarrador. Es innegable que Villeneuve tiene un sentido admirable para la construcción visual, pero las incertidumbres emocionales que su nueva película plantea son terribles. Durante tres horas seguimos a personajes que son conscientes de sus contribuciones negativas a sus respectivas sociedades, y que, aun así, persisten conspirando en planes, cultivando cultos alrededor de sí mismos y manteniendo el poder ante la posibilidad de intimidad y cariño verdadero. Duna: parte 2 es un anti-blockbuster, pues se disfruta pese a la incomodidad inherente a la tragedia que está gestando.

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