Descuida, yo te cuido: el feminismo blanco y el sueño americano son llevados a extremos inmorales

Escrito el 22 febrero, 2021 @alessandra_kr

Disponible en: Netflix.

Director: J. Blakeson.

Guionista: J. Blakeson.

Elenco: Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Dianne Weist, Chris Messina, Alicia Witt, Isiah Whitlock Jr., Nicholas Logan, Damian Young.

País: Reino Unido.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9893250/

El protagonista de la película no es siempre el héroe de la historia. Este recordatorio es esencial al momento de ver Descuida, yo te cuido, la nueva película de J. Blakeson, que presenta en Marla Grayson (Rosamund Pike en su papel más memorable desde Gone Girl) – su personaje principal – una pesadilla feminista y egocéntrica que desde el primer segundo se evidencia que es la villana de la película.

Cuando conocemos a Marla queda claro que es el epítome del feminismo blanco y el empoderamiento insufrible, à la #girlboss. La vemos en una audiencia judicial, defendiendo tajante y tranquilamente su labor como guardiana legal de una anciana encerrada en un asilo ante las argumentaciones desesperadas del hijo de la señora. Marla se deshace sencillamente de él y hasta lo pone en su lugar con comentarios humillantes.

Conforme atestiguamos esto, y apreciamos su persona (cabello brillante y calculadamente arreglado, vestimenta elegante y pulcra, maquillaje perfecto), sería sencillo llegar a conclusiones rápidas sobre la importancia de este personaje para el movimiento feminista. El hecho de que después de la audiencia Marla vuelva a callar al señor ofendido después de comentarios violentos y misóginos, bien podría ser inspirador. Pero no lo es, pues Marla es un monstruo sociópata que usa a su favor la lucha feminista y el sueño americano para salirse con la suya una y otra vez.

Marla es la líder de una operación corrupta que sitúa a viejitos en una casa de asilo. Aunque no todos están al tanto de sus artimañas, por ejemplo, el juez que constantemente falla a su favor y que simplemente es un tonto que se deja llevar por las apariencias (evidenciando el privilegio del que disfruta naturalmente Marla), su círculo de cómplices está compuesto por Fanny (Eiza González en un papel que parece conquistar a la cultura popular) novia / socia; la doctora Amos (Alicia Witt), quien escoge a posibles víctimas; y el director del asilo, Sam Rice (Damian Young).

Al asumir el papel de guardián legal de ancianos, Marla se hace de sus propiedades sin nada ni nadie que la detenga. Su última víctima es Jennifer Peterson (una desperdiciada y olvidada Dianne Weist), una señora que vive una vida tranquila y cómoda y que aparentemente no tiene nada de familia, pero sí mucho dinero en su cuenta. Una vez que Marla y Fanny la encierran en el asilo y la aíslan, Roman Lunyov (un disfrutable Peter Dinklage) – mafioso de la ciudad – se esfuerza por recuperar la libertad de la señora legamente secuestrada. Pronto, se inicia un thriller de gato y ratón entre la mafia rusa y la mujer empoderada y necia que se niega a ceder o reflexionar.

Descuida, yo te cuido no es sencilla de ver o digerir a pesar de ser visualmente estimulante, con un estilo vibrante y algunas decisiones técnicas memorables. Ante lo desagradable de la historia y las protagonistas, por lo menos el estilo, los vestuarios, la música, las actuaciones (Chris Messina merece mención especial por su pequeñísimo papel de abogado de Lunyov) y las decisiones creativas mantienen a flote la paciencia del espectador. Aunque por poco.

De hecho, la apreciación de la película también depende de la manera en que se acoja el personaje de Marla. Más allá de ofrecer sentimientos de satisfacción y justica, Descuida, yo te cuido presenta múltiples personajes villanescos (que sencillamente inician una pelea de sexos) que demuestran sus peores facetas, sin importar a cuántas personas inocentes se llevan entre sus patas, aunque esto también resulta ser un reflejo de la sociedad de la actualidad.

Mientras que algunos puedan apreciar la franqueza y actitud altanera de Marla (no cabe duda de que el personaje creado por Pike es sencillo de admirar), habrá otros que continuen viendo la película con la esperanza de ver la aplicación de algún halo de justicia. Al respecto, es importante hacer una advertencia, pues más que justicia, la película presenta revancha, algo fundamentalmente diferente que frustra cualquier sentimiento de victoria.

A veces drama, en otras ocasiones comedia negra y en otras más un thriller, Blakeson presenta un combo de géneros que a veces funcionan y otras no. Es complicado disfrutar la trama cuando las victorias recaen en un ser despreciable.  Algo asombroso de las decisiones de Blakeson – el también escritor de la película – es la manera en que juega con la paciencia del espectador para presentar alguna conclusión satisfactoria.

Precisamente el desarrollo psicológico de Marla, e incluso Fanny, deja entrever que es una mujer desagradable, pero Blakerson le otorga un arco de “David vs Goliat” que intenta involucrarnos en su pelea en contra de los mafiosos liderados por Lunyov. En esta película, las lealtades del espectador deben asentarse o con la villana de la historia o el villano de muchas otras historias ajenas a la película. El hecho de que las víctimas reales de la película – los múltiples ancianos abusados por parte de Marla – se queden en el olvido es una de las mayores decepciones del guion (y hasta cierto punto, de la vida real).

Aunque Rosamund Pike presenta una increíble interpretación, el guion no profundiza en la psique de Marla. Más bien, ya sea a través de su razonamiento errado sobre la justicia y la obtención de metas personales, o por la forma en que trata a aquellos puestos a su cuidado, comprendemos inmediatamente su corrupción emocional. La falta de exploración profunda en la mente del personaje resulta ser un acierto.

Descuida, yo te cuido es una película que deja al espectador pensando. No es sencilla de digerir ni de olvidar, pues la reflexión sobre los tiempos modernos de ambiciones desenfrenadas y la falta de consideración del prójimo es difícil de superar.

Se reconoce la manera en que Blakerson juega con sus personajes villanescos – prácticamente todos en la película son despreciables – para poner a prueba nuestras lealtades tradicionales e ilustrar la manera en que ideales sociales pueden ser manchados por causas personales y personalidades envenenadas. Un fuerte elenco y un estilo limpio mantienen el interés, pero precisamente las decisiones arriesgadas de Blakerson peligran en alienar por completo a la audiencia. ¿A quién apoyas cuando todos tus personajes son despreciables? Definitivamente no a la mujer que abusa de ancianos indefensos.

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