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Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer – serie hipócrita que se balancea entre el mal gusto y las buenas intenciones

Escrito el 26 septiembre, 2022 @CesarAndreZzZ

Disponible en:

Creadores: Ryan Murphy e Ian Brennan.

Dirección: Carl Franklin, Clement Virgo, Jennifer Lynch, Paris Barclay, Gregg Araki.

Guion: Ryan Murphy, Ian Brennan, David McMillan, Janet Mock, Reilly Smith, Todd Kubrak.

Elenco: Evan Peters, Richard Jenkins, Penelope Ann Miller, Molly Ringwald, Niecy Nash, Michael Learned, Shaun J. Brown, Colin Ford.

Duración: 10 episodios.

Palomómetro:

Más información de la serie: https://www.imdb.com/title/tt13207736/

Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Creadores: Ryan Murphy e Ian Brennan. Netflix. 2022.

La historia del asesino serial estadounidense Jeffrey Dahmer ha sido llevada al mundo cinematográfico en varias oportunidades con dos cintas que comprenden de manera efectiva las implicaciones de sus crímenes. Dahmer (Dir. David Jacobson, 2002), película independiente protagonizada por Jeremy Renner, navega la juventud solitaria y mentalmente perturbada de Dahmer hasta llegar a los asesinatos que cometió de adulto. Sin ser explícita, crea una sensación de inquietud entorno a un psicópata que mató con impunidad debido a la ineficiencia policial.

My Friend Dahmer (Dir. Marc Meyers, 2017), protagonizada por Ross Lynch, explora con inteligencia hechos de la vida de Dahmer que fueron pasados por alto: su obsesión por la taxidermia, comportamiento asechador hacía hombres y una constante necesidad de escandalizar a otros. A estas dos películas se les suman otras producciones de bajo presupuesto bastante desafortunadas, así como un puñado de documentales que poco o nada han aportado a esta historia.

Entonces surge la interrogante de qué más se podría contar sobre el apodado “Caníbal de Milwaukee” que no sepamos. Ahora, Ryan Murphy e Ian Brennan presentan la serie DahmerMonstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, la cual, durante 10 episodios excesivamente largos, no justifica su existencia, repitiendo escenarios y temas que las dos películas mencionadas lograron mejor, y tambaleándose en una delgada línea entre lo informativo y lo explotador. La trama sigue a Dahmer durante varios periodos de vida: desde la adolescencia hasta la adultez, siguiendo la sangrienta y traumática marca que dejó en la comunidad gay y afroamericana.

Los crímenes de Dahmer son lamentablemente fáciles de impresionar por su naturaleza violenta. Entre 1978 y 1991, asesinó a 17 hombres y adolescentes, la mayoría de ellos homosexuales, que conocía en lugares de ambiente gay o en la calle, llevándolos a su departamento con el pretexto de tener relaciones sexuales o tomar fotografías artísticas. Toda la atención mediática que genera gira en torno al morbo de los repulsivos detalles del caso: inenarrables métodos tortura, violaciones, descuartizamientos, necrofilia y canibalismo.

Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer tiene problemas notorios de identidad, nunca definiendo cuál es el rumbo que quiere seguir en su desorganizado planteamiento. La escena inicial nos hace creer que buscará un tono de consciencia social: Glenda (Niecy Nash) es vecina de Jeffrey Dahmer (Evan Peters) y ve en televisión la noticia de un crimen de brutalidad policiaca contra un hombre Negro. Ella ha hecho repetidas quejas a la policía por el olor nauseabundo, ruidos y altercados con hombres que salen continuamente del departamento de su vecino.

Son varias las situaciones que la serie plantea en las que se habla del elefante en la habitación: el largo historial de racismo sistémico en Estados Unidos, especialmente por parte de las fuerzas policiales y de investigación. Esto se ilustra con la negligencia de las autoridades ante los llamados de los vecinos de Dahmer, las advertencias ligeras que este recibió en delitos de tránsito por ser blanco, la impunidad después de abusar sexualmente de un adolescente en 1988, así como el infame evento en el que un par de policías permitieron que un joven de 14 años regresara al departamento de Dahmer después de su intento de escape.

Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Creadores: Ryan Murphy e Ian Brennan. Netflix. 2022.

Estas escenas son enervantes a propósito: capturan la impotencia de la comunidad Negra por el trato como ciudadanos de segunda clase. La cantidad de hombres desaparecidos aumentaba y las autoridades estadounidenses hacían esfuerzos vagos por encontrar responsables debido a que se trataba de hombres negros y asiáticos. Aun después del arresto de Dahmer, el caso destapó una profunda ira contra la policía de Milwaukee, acusándolos de racistas y resaltando el conflictivo historial de las autoridades estadounidenses hacia las personas afroamericanas.

Los intentos de la serie por exponer esta necesaria faceta de crítica social resultan vagos e insuficientes. Hay más situaciones que permiten comprender el contexto social e histórico en los que ocurrieron los crímenes de Dahmer y las implicaciones que tuvieron tanto para los afroamericanos como los homosexuales, dos grupos profundamente discriminados durante los años 80. Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer desperdicia la oportunidad de diseccionar el dolor colectivo de la muerte de las víctimas, el duelo de sus familias y la división política que surgió en Estados Unidos, temas que continúan vigentes.

La narrativa rápidamente divaga hacia otros terrenos que cambian la tonalidad, resultando en algo entre drama familiar, thriller policial, película de terror psicológico, drama carcelario, y por supuesto, una descripción explícita de sus crímenes. En la fotografía de Jason McCormick hay una tendencia a las imágenes elegantes e incluso visualmente artísticas. Sin embargo, la serie olvida que la discreción es su mayor aliada, y en su lugar describe los detalles de los crímenes de Dahmer o recrea los asesinatos con una tétrica música de suspenso de fondo, olvidando el hecho de que está ilustrando la muerte de seres humanos y el duelo de familias reales, no de víctimas de un villano de una cinta de slasher.

El mal gusto abunda en la serie, con Ryan Murphy forzando varios de sus agotados trucos narrativos, impidiendo que la historia fluya. El primero de ellos es la creencia de que el espectador no es lo suficientemente inteligente como para comprender de qué está hablando, teniendo la necesidad de siempre reforzar la historia con una imagen perturbadora o narraciones indigestas. Aunque no es particularmente explícita, se arrojan imágenes rápidas de cabezas decapitadas, cuerpos de víctimas e incluso una vista a una fotografía polaroid tomada por Dahmer a un cuerpo desmembrado (fotografía que es real y lamentablemente puede conseguirse con facilidad en internet).

La segunda artimaña cuestionable es el uso de escenas diseñadas para generar atractivo sexual hacia Dahmer. Peters aparece sin camisa, en ropa interior o desnudo en varias ocasiones, con ángulos de cámara que contemplan su físico y en escenas de tinte homoerótico. El cuestionamiento moral surge de inmediato, pues es reprochable la sexualización de un criminal en estas producciones. Netflix ya recibió críticas similares con la película Ted Bundy: durmiendo con el asesino (Dir. Joe Berlinger, 2019) la cual crea sex appeal en el prolífico asesino de mujeres Ted Bundy, con Zac Efron actuando como si estuviese interpretando a James Dean en una cinta biográfica.

La serie mejora con creces luego de la segunda mitad. El foco se torna hacia las víctimas de Dahmer, sus familiares y las dimensiones sociales de sus crímenes. Resulta satisfactorio que, después de un largo trecho de penosas secuencias de tensión en las que la desgracia y la sangre están a la orden del día, la narrativa sea más íntima, psicológica e incluso respetuosa hacia el legado de las víctimas.

Lamentablemente, cuando estos momentos sólidos aparecen en la serie, no se puede dejar de sentir una esencia hipócrita y contradictoria. Hay críticas directas hacia el sensacionalismo de los casos de asesinos seriales, la idolatría enfermiza hacia su imagen y una disociación patológica en la que se habla de sus crímenes y víctimas como si fuesen una ficción, una película de terror más. Esto es exactamente lo que hace la serie en sus primeros cinco capítulos y en partes de los restantes, reforzando la idea de que su creación nuca está justificada.

Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Creadores: Ryan Murphy e Ian Brennan. Netflix. 2022.

En el último tercio, la serie retoma un enfoque social, critica la ineptitud policial en el caso y aborda la manera en que el legado de maldad de Dahmer continuó después de su arresto y condena a prisión perpetua. El trauma individual y colectivo se maneja con realismo y las actuaciones de Niecy Nash y el resto del elenco son lo suficientemente potentes para conmover. La conclusión necesariamente desesperanzada que se arroja recae en un duelo permanente y en la impotencia que los personajes sienten de poder haber hecho algo diferente para detenerlo, mientras los policías solo se preocupan porque su imagen pública no quede más manchada.

En el episodio seis, titulado “Silencio” y dirigido por Paris Barclay, se notan los esfuerzos de experimentar con el formato y ofrecer dignidad a las pérdidas humanas que dejó Dahmer. Contado desde la perspectiva de Anthony Hughes (Rodney Burford), una de las víctimas, el capítulo es casi totalmente mudo para adentrarnos al mundo de Anthony como un joven sordo y afroamericano que intentaba encontrar independencia luego de dejar la casa de su madre y mudarse a Milwaukee. El dolor se siente porque sabemos cuál será el destino de Anthony y, con mucha discreción, ofrece una devastadora sensación del horror y la tristeza que este hombre causó a tantos seres humanos.

Esto lamentablemente no es continuo, y Hughes es la única de las víctimas de Dahmer que recibe ese trato. Los capítulos pretenden escarbar en la psicología del personaje titular sin éxito. Es rumiante, repetitiva y tediosa aproximándose a su infancia, en la que predominó la abusiva relación de sus padres y los repetidos intentos de suicidio de su madre por enfermedades mentales. La interpretación de Richard Jenkins como Lionel Dahmer, el padre de Jeffrey, es excelente porque dimensiona las atrocidades de sus crímenes, comprendiendo a su padre como un hombre ingenuo y afectuoso que nunca pudo imponer la suficiente firmeza a su hijo y ahora lidia con una culpa profunda.

Por su parte, Evan Peters es irregular como Dahmer y no proporciona una identidad clara al personaje. Me encontré recordando las interpretaciones de Jeremy Renner y Ross Lynch, y Peters palidece en comparación, únicamente afectado por un guion tosco, superficial y absurdo. Intrigante por momentos, debido a su personalidad impenetrable y pacífica en la que todo rastro de humanidad parece extraído, pero que se quiebra en momentos esporádicos de histrionismo que resultan incómodos y fuera de lugar. No hay espacio para la complejidad dramática y algunos aspectos de personalidad quedan en las sombras porque la construcción del personaje se reduce constantemente a un cínico despliegue de maldad sin motivos reales.

Llama la atención la desensibilización que se ha creado entorno a estas historias. Se consumen como producto de entretenimiento. Olvidamos que el caso de Dahmer, como muchos otros, es una historia de terror de la vida real que recuerda lo vulnerables que somos, cómo los espacios seguros que crea la comunidad gay están expuestos y cómo las minorías raciales son ignoradas por la policía. Como mínimo, lo que puede exigir la audiencia es tacto y sensibilidad al momento de hablar de situaciones reales.

Dahmer – Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer se siente como una mezcla arbitraria de ideas que nunca toman consistencia. Se llena la boca de pedantería crítica comentando sobre la glorificación de los asesinos en serie, mientras explota la tragedia de las víctimas de Dahmer. Pretende ofrecer dignidad a la comunidad afroamericana y gay hablando sobre el racismo sistémico y la homofobia en la sociedad, pero no justifica su existencia. Entre el mal gusto y las buenas intenciones, la serie de Ryan Murphy e Ian Brennan está destinada a convertirse en otro vulgar ejercicio de dolor, maldad y tragedia que solo hace desear que el dolor de las familias afectadas deje de revivirse una y otra vez.

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