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Culpable: enésimo remake redundante de Hollywood

Escrito el 4 octubre, 2021 @bmo985

Disponible en:

Dirección: Antoine Fuqua.

Guion: Nic Pizzolato.

País: Estados Unidos.

Elenco: Jake Gyllenhaal, Riley Keough, Peter Sarsgaard, Ethan Hawke.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9421570/

Culpable
Jake Gyllenhaal en Culpable. 2021. Netflix.

De la mano de Nic Pizzolato, creador y guionista de la alguna vez genial True Detective, y Antoine Fuqua, director de cintas como Día de entrenamiento (2001), llega Culpable, remake de la cinta danesa Den Skyldige (Gustav Möller, 2018), elegida por la academia cinematográfica de Dinamarca para representarla en los Óscares de dicho año.

Es imposible evitar hacer comparaciones entre ambas películas, en primer lugar, debido a que la comparativa nos ayuda a develar aquello que los distintos niveles de Hollywood consideran lo más característico del proyecto extranjero que adquieren y las modificaciones que creen necesarias para su adaptación a la sensibilidad estadounidense. En segundo lugar, acabo de ver el filme original, así que ni modo.

Den Skyldige se basaba en una premisa muy sencilla: toda la acción transcurría a través de llamadas telefónicas que recibía el oficial de policía Asger Holm, constando el escenario únicamente de dos oficinas grises, donde atendía las llamadas. Gustav Möller y el guionista de aquella cinta, Emil Nygaard Albertsen, crearon un thriller novedoso cuyo atractivo se encontraba en lo que se ocultaba a la audiencia: acción en exteriores, cambio de escenografía y más de un personaje a cuadro (Locke de 2014, dirigida por Steven Knight y protagonizada por Tom Hardy, tiene una premisa similar). Afortunadamente, al trasladarla a la con frecuencia frustrante perspectiva hollywoodense, Pizzolato y Fuqua respetaron este aspecto fundamental.

Culpable transcurre en la oficina de Joe Baylor, el agente asignado a contestar llamadas del 911. Interpretado por Jake Gyllenhaal, Baylor fue suspendido del cuerpo de policía debido a un proceso judicial que queda claro hasta el final de la película. Hosco en su trato cotidiano, rápidamente queda claro que él no cree que su trabajo sea adecuado para él. Se encuentra en una especie de purgatorio, y hasta donde entendemos, se lo merece.

Culpable
Jake Gyllenhaal en Culpable. 2021. Netflix.

Todo cambia cuando recibe la llamada de Emily (Riley Keough), una mujer en peligro. Joe elige involucrarse en el caso, haciendo a un lado su apatía y falta de tacto para rescatar a una mujer y a sus hijos. En realidad, él busca desesperadamente la redención horas antes del juicio que decidirá su destino, y no permitirá que la distancia ni el estar confinado a una oficina lo detengan.

Esta trama, inteligente desde la película danesa, hace un uso espectacular del fuera de campo y el punto de vista subjetivo. Respecto al primero, basta con señalar que es el arte de enfocarse en la reacción de los personajes que ven o sienten aquello que permanece fuera de la imagen cinematográfica. El segundo se refiere a un mecanismo narrativo según el cual solo vemos y oímos aquello que el protagonista ve y oye. En este sentido, nuestro conocimiento de los eventos es parcial y limitado (véase, Rebecca de Alfred Hitchcock). Ambos mecanismos narrativos actúan como estimulantes a la imaginación, ocasionando que el espectador dé rienda suelta a la suya.

El reto para Fuqua y Pizzolato era emular este capricho narrativo cuyo efecto híper adictivo hizo de la cinta original un éxito rotundo. Sin embargo, la regla “un escenario, un thriller,” es rota inmediatamente, pues el filme abre con una secuencia aérea que encuadra el apocalipsis climático en el que se ha convertido California. Pizzolato encaja referencias a los incendios continuos en los alrededores de la Meca del Cine cuando los operadores policiales le señalan a Joe que no pueden cumplir con sus peticiones debido a la sobrecarga de llamados a causa de los incendios forestales.

Ya que en Hollywood la metáfora es un arte moribundo, Fuqua decide que la oficina donde Joe recibe las llamadas de auxilio cuente con un muro de televisores que muestran las perennes llamas que rodean a la ciudad (como es costumbre, la escenografía en una adaptación hollywoodense debe transmitir poder adquisitivo y cierto lujo). La catástrofe como contexto y nada más.

Culpable
Jake Gyllenhaal en Culpable. 2021. Netflix.

Decir que Jake Gyllenhaal lleva el filme sobre sus hombros sería un eufemismo. Figura en cada plano y es la única cara con la que la audiencia se familiariza. Como lo ha demostrado, es un actor más que capaz con una tendencia hacia la sobreactuación (véase su participación en Okja de Bong Joon-ho, así como en John Mulaney & the Sack Lunch Bunch de Rhys Thomas, en ambas instancias su inclinación a los extremos es aprovechada al máximo), la cual sale a relucir en algunos momentos de Culpable.

En contraste con el rictus imperturbable de Jakob Cedergreen en la cinta original, cuya frialdad daba pie a una frustración violenta, Gyllenhaal parece listo para estallar en cualquier momento. Es arriesgado que el protagonista sea un personaje desagradable y poco simpático, y lo visceral de su personaje, la subtrama familiar y el epílogo redentorio ­– ambas adiciones de Pizzolato – hacen que Culpable sea a lo mucho pasable.

La cinta danesa, como es costumbre para el arte audiovisual proveniente de los acaudalados países escandinavos, reflejaba una misantropía pesimista y una decepción con su posición acomodada en el Norte global. El caso de una mujer en peligro conducía a su protagonista no hacia la redención, sino hacia la lucidez moral sobre su comportamiento. Cosechando el silencio, explotando la psique apenas asomada de su pseudo héroe y demostrando la necedad brutal de la mentalidad policiaca, Den Skyldige subvertía las expectativas de la audiencia al tomar una historia cliché y obligar a su personaje central a mirarse al espejo frente a una tragedia sobrecogedora. Es decir, funcionaba como thriller, exploración psicológica y crítica velada a la institución policíaca y su obsesión con colocarse la casaca de héroe.

En su lugar, Culpable, al hacer énfasis en la sentimentalidad de Joe y al insistir en la naturaleza de su decisión final como redención, pierde el arrojo de la original, pues no se atreve a conducir a la desolación de aquella. La falsa esperanza, insistencia hollywoodense, sale a relucir al final, edulcorando una historia de final pesimista y convirtiéndola en un relato más de heroísmo.

En suma, como remake y thriller, Culpable no está mal. Fuqua se atiene a los mecanismos narrativos que hicieron destacar a la cinta danesa. Sin embargo, el saber que aquella otra película está por allí, en espera de que la encontremos (para los públicos latinoamericanos que no temen a los subtítulos esto no es ningún impedimento, al contrario del espíritu ágrafo de las audiencias estadounidenses), hace que este filme sea redundante. Se trata de una de esas ocasiones en que Hollywood es incapaz de sumar algo a una película extranjera y en cambio socava el espíritu subversivo de lo que homenajea. No pierden nada con verla en Netflix, pero ¿podrán dormir bien sabiendo que la versión superior está allá afuera?

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