Coyote vs. Acme: weberismo en el siglo XXI
Dirección: Dave Green.
Guion: Sammy Burch, James Gunn, Jeremy Slater.
Elenco: John Cena, Lana Condor, Will Forte, P.J. Byrne, Jeff Bergman, Luis Guzman, Tone Bell, Eric Bauza, Martha Kelly.
Elenco de doblaje: Gerardo García, Jorge Badillo, Octavio Rojas, Sebastián Llapur, Arturo Mercado, Circe Luna, Ernesto Lezama.
País: Estados Unidos.
Duración: 101 minutos.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt1756855/

Yo, como muchos otros, fui criada por los Looney Tunes. El año pasado que fui a ver al cine El día que la Tierra explotó ( Peter Browngardt, 2024) fue una de las experiencias cinematográficas que más disfruté de 2025. Este año trae consigo una experiencia similar -otra vez a cargo de los Looney Tunes- con Coyote vs. Acme.
Después de años de batallar con los defectuosos productos Acme que compra para lograr su sueño de atrapar a su némesis, el Correcaminos, el Coyote toma la oportunidad de llevar a la empresa multimillonaria a la corte para demandarlos por su negligencia (en el mejor de los casos) o su sabotaje (en el peor de los casos). Con ayuda de un bufete de abogados dedicados a hacer demandas hormiga a la corporación Acme, liderados por Kevin Avery (Will Forte), un abogado cínico y flojo, el Coyote y compañía descubren cómo una empresa pequeña que comenzó fabricando yunques se volvió la empresa más grande del mundo. Spoiler alert: a costa de la ética y la moral.
Dirigida por Dave Green (Earth to Echo, Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows), Coyote vs. Acme tuvo que pasar por mucho para ver la luz. La película terminó su posproducción en 2023, pero Warner Bros. decidió no sacarla y, en su lugar, declararla como una pérdida para tener una deducción de impuestos. Esto causó revuelo no solo en la comunidad cinematográfica, sino también entre los fans de los Looney Tunes. Es indignante pensar que un equipo cinematográfico pueda dedicar años de su vida a un proyecto solo para que llegue un puñado de trajes que trabajan para generarle valor a los accionistas y decida descartar el resultado porque no es rentable o, aún peor, pudiera manchar su reputación lo suficiente como para afectar cualquier acuerdo comercial en curso.
Probablemente Looney Tunes ya no sea la propiedad intelectual más lucrativa para Warner ahora, pero es un hecho que por muchos años fue su IP más conocida. Por eso, el caso de Coyote vs. Acme, junto con El día que la Tierra explotó, que también fue vendida a la distribuidora Ketchup Entertainment después de un tumultuoso camino para encontrar distribución, se sienten como una traición al origen de Warner: están mordiendo la mano que por muchos años les dio de comer. El caso de Coyote vs. Acme es particularmente notable, ya que su trama temáticamente se acerca mucho a la realidad.
Quizá la intención de Warner al cancelar el estreno de Coyote vs. Acme no haya sido motivado por los temas que trata, pero al hacerlo, la empresa inadvertidamente hizo que el público se hiciera esa idea. Estados Unidos es un país altamente judicializado donde los anuncios en televisión, espectaculares en las calles y demás publicitan los servicios de abogados para que las personas comunes y corrientes puedan demandar a negocios por ser los causantes de sus desgracias. A pesar de que cada vez haya más lamebotas que defienden a los multimillonarios como si fueran ellos a heredar la empresa, tachando a los demandantes de hambreados, en general suele ser normal apoyar al underdog.
Aunque el Coyote sí es un hambreado, después de verlo padecer por 30 años los infortunios causados por la corporación Acme y aun así continuar persistiendo, es imposible no estar de su lado. Además, los guionistas hacen un gran trabajo en generar compasión por el personaje; en la sala de cine, por ejemplo, no dejaban de sonar los “aaawwws” generados por las expresiones de lástima del Coyote.
Si bien disfruté mucho la película, no me parece transgresora en ningún sentido. O quizá lo es, pero en el sentido más tibio, porque en su corazón está una ética profundamente protestante del valor y el mérito del trabajo, algo fundamentalmente gringo en su concepción y observado por teóricos como Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo. En los momentos más cruciales para los personajes, el diálogo muchas veces suena cursi y soso. La idea de que alguien merezca compensación y trato digno porque “trabaja duro” y no por el simple hecho de ser un individuo no es nada valiente. De esta forma, , el filme replica los mismos valores que fundaron ese país y su sistema en primer lugar. En este mismo sentido, los comentarios del elenco y la producción durante la gira de prensa en contra de los altos ejecutivos que toman decisiones en contra de las artes son mucho más valiosos.
Siguiendo los pasos de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988) y Space Jam (Joe Pytka, 1996), Coyote vs. Acme mezcla la realidad con la animación al traer a los personajes animados al mundo real. En el mundo real, el Gallo Claudio es un alto ejecutivo de Acme, el Demonio de Tasmania es el encargado de relaciones públicas de la empresa y Gossamer entrega notificaciones judiciales con su aspecto imponente. Es interesante ver el trabajo que hicieron los guionistas al traer estos personajes a la realidad y aterrizarlos, pues les da fondo, además de que se presta para momentos divertidos como la funa de cierto personaje.
No obstante, la animación no se equipara con la de sus predecesoras. Desde el primer momento, la animación 3DCG se ve extraña, como incompleta y rudimentaria. Aunque Space Jam no es perfecta, el puro dibujo de los personajes se ve mejor que el de Coyote vs. Acme, a pesar de que casi 30 años separan a una de la otra. Ni qué decir de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, la cual fue pionera en mezclar las caricaturas con el mundo real y, además, lo hace de forma magistral.
Aun así, la película está llena del humor ridículo y absurdo tan característico de los Looney Tunes, además de que retoma muchos de los chistes icónicos de las caricaturas, sin limitarse a recrearlos, y más bien llevándolos un paso más lejos, otorgando un doble remate. Por lo mismo, es notorio que el equipo de producción está lleno de fans de los Looney Tunes y que hicieron Coyote vs. Acme con mucho corazón.
Todavía en la sala de cine, me surgió la necesidad de volverla a ver subtitulada pues, si bien la versión doblada tiene su encanto, algunas decisiones de adaptación me sacaron un poco de la historia, además de que me gustaría ver a los actores en su idioma original. Además, serviría de oportunidad para ver más y entender mejor los chistes visuales que posiblemente se me escaparon.
Coyote vs. Acme es divertida y conmovedora; yo la pudiera haber visto una vez más sin haberme aburrido. También su lucha para estar disponible para el público es histórica.. Por lo mismo, ir a verla es, además, un gran dedo majadero a David Zaslav y demás altos ejecutivos de Warner. Como audiencia, no nos importa si los Looney Tunes generan ingresos o no; lo importante es que generen risas y gozo.

Politóloga e internacionalista lidiando con la desilusión del presente y la desesperanza por el futuro a través de la inmersión en los videojuegos, el cine y, principalmente, la televisión. Fan de Star Wars, el anime, el cine documental y los soundtracks desde que iba a las tiendas Mixup a escuchar los OST de sus películas favoritas. Entusiasta de las historias coming-of-age y defensora de la animación como medio. Si pudiera aprender algo de la industria cinematográfica sería diseño sonoro. Actualmente en su «The Summer of George» era.
