Cowboys de Filadelfia: una historia de maduración bien intencionada, pero decepcionante

Escrito el 2 abril, 2021 @Kenny_DiazPR

Disponible en: Netflix.

Dirección: Ricky Staub.

Guion: Ricky Staub y Dan Walser.

País: Estados Unidos.

Elenco: Idris Elba, Caleb McLaughlin, Jharrel Jerome, Byron Bowers, Lorraine Toussaint, Clifford Smith Jr.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt8846176/

Uno de los títulos del Festival Internacional de Cine de Toronto 2020 ya llegó a Netflix. Se trata de una tierna historia de maduración centrada en la subcultura de los jinetes urbanos afroamericanos. Cowboys de Filadelfia no solo es el primer largometraje de Ricky Staub, sino también el primer protagónico en cine de Caleb McLaughlin, rostro familiar para los fans de la serie Stranger Things (2016-presente). El siempre bienvenido Idris Elba también forma parte del elenco.

Basada en la novela Ghetto Cowboy (2009) de Greg Neri, la cinta presenta a un joven problemático llamado Cole (McLaughlin), quien se ve forzado a vivir con Harp (Elba), su padre distante, en un barrio en el que las personas Negras aman a los caballos.

Desde el inicio son evidentes las tensiones entre padre e hijo, pero lo interesante es que fue la propia madre de Cole quien lo llevó a ese lugar en contra de su voluntad. Esta acción parece ser el resultado de su desesperación de no saber qué más hacer para evitar que su hijo se meta en problemas. Harp nunca ha sido un padre comprometido, por lo que no se entiende de qué manera podría ayudar a Cole a encontrar su camino.

Cole inicia una amistad peligrosa con Smush (Jharrel Jerome), un joven que recorre el mundo con actitud decidida. Su fama es conocida en el barrio, hasta el punto de que Harp le prohíbe quedarse en su casa si mantiene la amistad con él. Cole tiene un viaje de maduración y conexión cuando comienza a trabajar en los establos. Se va cruzando con personas que influyen positivamente en su persona, como la siempre firme y aleccionadora Nessie (Lorraine Toussaint) y el ex jinete Paris (Jamil Prattis).

Staub intenta adentrarnos en el día a día del jinete urbano Negro. Hay momentos que aprovecha para denunciar la manera en que la historia oficial (particularmente a través de las narrativas Hollywoodenses) han intentado borrar sus historias. También muestra cómo es que los procesos de desarrollo urbano han desplazado a los jinetes, cerrando establos en favor de grandes condominios y megatiendas.

Para esto, acompaña la narración de un tono de nostalgia, como un canto al hogar verdadero del jinete y su amor por los caballos. Smush, por ejemplo, fue en su momento un jinete por excelencia, pero con el tiempo pareció darse cuenta de que no había nada para él allí. La película parece sugerir que la hostilidad de la ciudad lo llevó a las calles a buscar otras formas no solo de sustento económico, sino también de recreación.

La ciudad como espacio en disputa y las dinámicas que surgen como resultado del capitalismo y la globalización constituyen temas interesantes. Desafortunadamente, Cowboys de Filadelfia no ofrece una reflexión detenida y profunda sobre el escenario urbano y los desplazamientos. Tampoco muestra de manera convincente la importancia de los relatos fundacionales de hogar y familia para las personas de color. En ese sentido, una película reciente como The Last Black Man in San Francisco (2019) cumple mucho mejor con la tarea. Aun así, se aprecia el gesto de poner en el centro de la historia una subcultura que no se ve con frecuencia en las narrativas fílmicas.

La película tampoco satisface como exploración de la relación padre-hijo. Las heridas entre Harp y Cole se curan como si nada. Una simple conversación y una lección de cómo domar un caballo feroz dan paso a una reconciliación.

Las actuaciones son cumplidoras. McLaughlin demuestra potencial dramático con una presencia carismática. También resulta acertado trabajar con actores no profesionales relacionados con estos espacios en la vida real (el caso de Jamil Prattis), añadiendo cierto grado de verosimilitud.

No obstante, no puedo evitar sentir frustración al ver lo desaprovechado que está Jharrell Jerome, ganador del Emmy por su actuación en la serie When They See Us (2019). Su personaje no solo tiene las peores líneas y está lleno de estereotipos, sino que se siente instrumental en la historia: el típico joven bueno, pero desenfocado con un final inevitablemente trágico. Smush está ahí solo para señalar una idea bastante obvia: los peligros de la calle. El guion nunca da con el lado humano del personaje. La combinación de un error de casting y un personaje pobremente escrito tienen como resultado un trabajo artificial. Una pena.

Cowboys de Filadelfia está llena de lugares comunes, haciéndola predecible y plana. Los diálogos son un maratón de frases trilladas (“el hogar no es un lugar, el hogar es una familia”, “el pasado no es el presente” y “las cosas difíciles vienen antes que las buenas”, entre otras) que lastran la riqueza emocional de la cinta y la convierten en un panfleto de lecciones de vida.

Aunque creo que hay valor y significado en lo que intenta contar, nunca alcanza su máximo potencial. Cowboys de Filadelfia es una propuesta incompleta y frustrante, careciendo de un centro narrativo sólido que le permita encontrar su propia voz en las historias de maduración.

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