Palomita de maíz

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Correr para vivir: unos corren, otros viven

Escrito el 29 abril, 2024 @bmo985

Dirección: Gerardo Dorantes.

Guion: Gerardo Dorantes y Fabián Archondo.

Elenco: Vladimir Rivera, Manuel Cruz Vivas, Osvaldo Sánchez, Eligio Meléndez, Emma Malacara.

País: México.

Palomómetro:

Más información de la película: https://m.imdb.com/title/tt32027823/

Correr para vivir. Dir. Gerardo Dorantes. Cinépolis Distribución. 2024.

El cine mexicano inspirado en la infinidad de historias de la vida real sobre el narcotráfico ha explotado en los últimos 20 años, abarcando en su mayoría la tragedia de la gente común y corriente que se ve arrastrada a los conflictos provocados por los cárteles de la droga. No obstante, en años recientes esta mirada se ha caracterizado por su carácter contemplativo, mucho más cercana a lo que podríamos denominar como cine de arte. Noche de fuego (Tatiana Huezo, 2021), Sin señas particulares (Fernanda Valadez, 2020) y Ya no estoy aquí (Fernando Frías, 2019) usaron enfoques de pequeño alcance, centrándose en el sufrimiento silencioso de mexicanos y mexicanas que vieron sus vidas diarias transformadas por las acciones de grupos violentos en sus comunidades. Correr para vivir, dirigida por Gerardo Dorantes toma otro derrotero, uno que lo coloca mucho más cerca de La civil (Teodora Mihai, 2021) y el cine de acción, con una intención más comercial.

Correr para vivir presenta la vida de una familia humilde en la sierra de Chihuahua, en la que los medios hermanos Capó (Manuel Cruz Vivas) y Omeró (Vladimir Rivera) buscan salir adelante, uno soñando con una familia propia y el otro con emular a los grandes corredores rarámuris de maratones y ultramaratones. El gusto del primero por los atajos lo tiene trabajando como mula para el grupo criminal local tan pronto como su novia le anuncia de su embarazo, lo que desemboca una persecución con el ejército y la pérdida de un valioso paquete, por lo que él y su familia quedan endeudados con el grupo delictivo. Así, Omeró se ve obligado a trabajar a su lado transportando paquetes de droga a través de la sierra hasta la frontera con Estados Unidos, empleo que les es imposible renunciar, ni siquiera por la insistencia de Omeró por convertirse en un corredor ultramaratonista famoso como su ídolo, el también rarámuri Arnulfo Quimares.

El mayor punto a favor de Correr para vivir es el casting y el trabajo de sus actores. De estos, destacan Manuel Cruz Vivas, Vladimir Rivera y Osvaldo Sánchez. El último interpreta a Jacinto, el peligroso delincuente que primero recluta y después se vuelve el principal atormentador de los hermanos y quien estoy seguro que fue quien más se divirtió durante el rodaje porque tuvo la libertad de imprimir saña, arrogancia y genuino desprecio hacia sus contrapartes en su actuación (además de tener la mejor escena final, muy en la vena del cine de acción de la década de 1980).

Por su parte, Cruz Vivas y Rivera transmiten la dignidad de sus personajes, hombres rarámuri que solo quieren salir adelante y que, si bien han obrado mal, no quiere decir que han corrompido su espíritu. Merece mención aparte Rivera porque su expresión facial, entre la humildad, la timidez y la inocencia, no cae en el juego del indígena mágico — puro e inocente — sino en la esperanza ciega en su propio futuro. Además, su presencia física, no del todo explotada por Dorantes, lo hace un protagonista idóneo para una cinta de acción. La interacción entre Rivera y Cruz Vivas es uno de los puntos fuertes y, cuando los créditos finales aparecen, queda una agradable impresión del personaje de Rivera.

Aun así, Correr para vivir flaquea en el aspecto más importante de una película de acción como esta: sí, hay persecuciones, balaceras, golpes y demás, pero en muy pocas ocasiones genera más que un grado de emoción. Erráticamente, el filme utiliza cámara lenta, subrayando algunos stunts, con un uso tímido y escaso. El recurso de la cámara dron es recurrente, especialmente durante las escenas de entrenamiento de Omeró a lo largo de la sierra, escenario natural que tampoco es utilizado a su máximo potencial. Me parece que el director Gerardo Dorantes se desempeña mejor en el manejo de sus actores que detrás de la cámara, pues el aspecto visual, aunque coherente, deja bastante que desear. Largos trechos del filme transcurren sin nada notable y muchos diálogos dan la impresión de que estamos viendo un capítulo extendido de La rosa de Guadalupe, si bien la trama es atractiva y el guion tiene buena construcción.

En suma, Correr para vivir es una propuesta exótica en el cine mexicano, pero su manejo del género de acción es mediocre a lo mucho, por lo que destaca más por sus actuaciones y el descubrimiento de Vladimir Rivera. De ninguna manera se apega al realismo de la anteriormente mencionada La civil, pues le es imposible esconder su optimismo para remediar la situación de los hermanos, además de que echa mano del eternamente popular echaleganismo que apela al sentimiento a moco pelado sobre cómo es posible superar los problemas que nos acechan. Para su fortuna, al colocar el peso emocional sobre el rostro de Rivera, uno se la empieza a creer.

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