Palomita de maíz

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Con todos menos contigo: un par de torpes enamorados

Escrito el 19 enero, 2024

Dirección: Will Gluck.

Guion: Ilana Wolpert y Will Gluck basados en  “Mucho ruido y pocas nueces“ de William Shakespeare.

País: Estados Unidos.

Elenco: Glen Powell, Sydney Sweeney, Alexandra Shipp, GaTa, Dermot Mulroney.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt26047818/

Con todos menos contigo. Dir. Will Gluck. Sony Pictures. 2023.

Entre la crisis material y espiritual de Hollywood sobresale un elemento preocupante: las películas están caracterizadas por un cinismo alérgico a la sinceridad que antes solo podía esperarse de comediantes de la década de 1990. Ya no hay personajes sorprendidos por el mundo de la diégesis y, cuando lo hacen, no tenemos la impresión de que el asombro que fingen frente a la última confección repulsiva de imágenes creadas por computadora por personas que trabajan 80 horas a la semana sea creíble. El sarcasmo y la sorna han suplantado al deslumbramiento. Si ni siquiera los personajes que habitan estos mundos fílmicos se creen lo que ocurre al interior de estos, ¿por qué deberíamos creerlo nosotros?

Envenenado así el pozo de la inocencia hollywoodense, ¿cómo es posible emprender en un género que tiene como requisito central que la audiencia crea que dos personas pueden pasar de enemigos a amantes? La pregunta queda para la posteridad, pero, mientras tanto, Con todos menos contigo responde con comedia física, algo de ingenuidad de antaño y mucho de química y sensualidad.

Ben (Glen Powell) y Bea (Sydney Sweeney) son dos extraños que llegan a odiarse cuando una noche romántica se resuelve en un malentendido que los aleja para siempre, o al menos hasta que las circunstancias los unen de nuevo durante la boda en Australia de la hemana de aquella y la hermana del mejor amigo de aquel (había que encontrar un motivo para tenerlos juntos en una isla, así que cualquiera vale). De inmediato saltan las chispas y se encienden las alarmas porque el odio que ambos profesan por el otro provoca situaciones de peligro físico, amenazando el evento. Entonces se forma una conspiración para hacer que se amen, plan que estos sagaces odiadores intuyen de inmediato, por lo que urden una trama propia: fingir que están juntos para engañar a todos. No obstante la historia enrevesada, cada situación derivada de esta se caracteriza por la comedia física, los enredos shakespearanos y la química entre Powell y Sweeney.

Yo no habría imaginado que la comedia física se le diera tan bien a Sweeney, pues es ella quien tiene algunos de los momentos más escandalosamente torpes de la película. Tal vez palidece un poco frente a Powell porque no cuenta con su facilidad carismática y hábil sonrisa, pero es en su personaje en quien recae buena parte de la carga dramática, una veinteañera que todavía no se define a sí misma y que como consecuencia es más o menos una femcel resignada (una femcel es una mujer involuntariamente célibe, similar solo en nombre al movimiento incel de hombres jóvenes involuntariamente célibes, pues estos últimos adquieren la postura ideológica de odiar a las mujeres; Bea solo está convencida de que nunca amará a nadie porque no sabe quién es).

Powell, por su parte, es un bólido bien aceitado, un mirrey vanidoso, arrogante, que trabaja en finanzas, con un cuerpo esculpido por los dioses, quien de inmediato asume lo peor de Bea y se refugia en su papel de donjuán. No obstante, Powell no cae el cliché del cretino imposible de amar y de redimir, pues su actuación deja paso para la vulnerabilidad y la introspección. Tal vez sea el sereno, pero si Netflix (y las distribuidoras internacionales) se animan a estrenar la excelente Hit Man (Richard Linklater, 2023) en este año, este podría ser el año de Powell. En aquella comedia negra brillaba su talento camaleónico y su facilidad para interpretar el papel del seductor (que es tan bueno que se seduce a sí mismo), mientras que en esta se sintoniza perfectamente con Sweeney para representar un amor torpe, que raya en lo ridículo, pero que es sincero.

El resto del elenco complementa a la perfección a este par, creando algunos de los mejores momentos donde la inspiración shakespearana es más clara – los diálogos hechos ex profeso para que otros los escuchen por accidente son hilarantes, sobre todo aquellos entre Pete (GaTa) y Roger (Bryan Brown) –. El director Will Gluck (Easy A de 2010, Peter Rabbit de 2018) cultiva una comedia precisa, conducida por el diálogo y realizada en el odio entre Bea y Ben que deviene en destrucción, el cual alcanza el paroxismo durante el epílogo musical en el que todo el elenco repasa un éxito musical reciente. Hay una ingenuidad agradable en su manejo de la trama (nada más hay que fijarse en el saltito idiota y encantador que Dermot Mulroney hace cada vez que trata de tomar un clavado), balanceando el desarrollo emocional del romance, la comedia de enredos y la torpeza de Bea, esta última muy lograda, que nunca cae en el exceso grosero que nos había acostumbrado Ben Stiller.

Claro que hay aspectos nada óptimos, comenzando por la desagradable insistencia de que cada persona a cuadro debe verse perfecta, como si se tratara de modelos de Instagram y no de seres humanos de carne y hueso. Sí, hay taco de ojo con Sweeney y Powell, pero no es la definición muscular lo que hace atractiva a una persona y uno termina especulando si se estipuló en el contrato de Sweeney cuántos minutos debía pasar en bikini o con escote durante el corte final. En este sentido, Con todos menos contigo normaliza lo inalcanzable, un aspecto canonizado por una sociedad enferma y volcada a la superficialidad (no es hipérbole: la supermodelo australiana Charlee Fraser tiene un papel relevante). A pesar de su hermosura anormal, este par demuestra su buena química y buena actuación, y todo el filme resuena de forma tan agradable, con tal soltura, que deja un halo de buen humor.

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