Palomita de maíz

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Clark: sátira que ridiculiza a la justicia

Escrito el 9 agosto, 2022 @AndhreaIrene

Disponible en:

Dirección: Jonas Åkerlund.

Guion: Fredrik Agetoft, Peter Arrhenius, Jonas Akerlund.

Elenco: Bill Skarsgård, Vilhelm Blomgren, Sandra Ilar, Hanna Björn, Peter Viitanen, Isabelle Grill, Alida Morberg.

País: Suecia

Duración: 6 episodios de 1 hora aproximadamente cada uno.

Palomómetro:

Más información de la miniserie: https://www.imdb.com/title/tt12304420/

Clark. Dir. Jonas Åkerlund. Netflix. 2021.

Muchas han sido las situaciones reales que, en beneficio de la pantalla y el público al que se dirigen, han sido modificadas por motivos comerciales y/o de entretenimiento. Muchas de esas historias se ubican en contextos de abusos físicos y psicológicos que no son fáciles de retratar, donde la dicotomía bueno/malo puede fortalecer la imagen del agresor o subestimar el valor de la víctima.

Algunas producciones se pierden en la búsqueda de un equilibrio moral. Otras, utilizan la sátira para contar a través de la ficción, un periodo histórico que involucra temas como la violencia y la delincuencia social, el uso de armas, los asesinatos, la pobreza y la misoginia. Es en este contexto en el que aparece la miniserie Clark, la cual ubica a Clark Olofsson (Bill Skarsgard), quien fue considerado una celebridad en Suecia a finales del siglo XX por ser el acreedor del término ‘Síndrome de Estocolmo’, al involucrarse en el robo al Kreditbanken de Norrmalmstorg.

Este síndrome es considerado un mito dentro del ámbito psicopatológico al no contar con una definición universalmente aceptada, y más bien ubicándolo dentro de las muchas reacciones defensivas que el ser humano puede manifestar. Si bien es una respuesta de supervivencia a una relación paradójica entre una figura de poder y la víctima, el Síndrome de Estocolmo ha sido un recurso sumamente explotado en la cinematografía, incluyendo en cintas como ¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1990), A Life Less Ordinary (Danny Boyle, 1997), Buffalo 66 (Vincent Gallo, 1998), 12 Monkeys (Terry Gilliam, 1996) o las diferentes adaptaciones de La bella y la bestia.

Los seis capítulos de Clark deconstruyen la identidad de Olofsson, uno de los personajes más polémicos de la sociedad sueca, quien, por cierto, sigue siendo un ícono para la historia criminal contemporánea. Basada en una autobiografía narcisista publicada en 1986, esta producción cuenta con una llamativa, extravagante y anárquica puesta en escena que yuxtapone elementos novedosos para el género policiaco: animaciones, narraciones y flashbacks humorísticamente exagerados. Gracias a estos elementos es difícil saber hasta qué punto confabulan verdades y mentiras.

La estructura narrativa inicia con breves, pero contundentes fragmentos monocromáticos de la infancia de Clark, narrados en primera persona. Esta etapa es complicada y llena de eventos traumáticos que lo persiguen a manera de recuerdos durante el resto de su vida. El hogar disfuncional al que pertenecía fue detonante en la construcción de su personalidad y en la manera cómo inician las relaciones de poder con los demás. Esas narraciones son inseparables de los acontecimientos posteriores.

Clark. Dir. Jonas Åkerlund. Netflix. 2021.

La angustia de borrar su pasado y la necesidad de reconocimiento auspiciado por un egocentrismo extremo conforman el conflicto dramático central con el que la miniserie romantiza y humaniza hasta los momentos más desconcertantes en la biografía de Olofsson. Los saltos en el tiempo sirven como metáforas hacia su estadía en prisión, aunque gracias a un verbo abundante en carisma y grandes capacidades ejecutivas, de alguna manera u otra lograba escapar y ridiculizar a todo el sistema policial de Europa. El argumento se consolida en ¡Que empiece la fiesta! (episodio 4), capítulo centrado en el famoso robo y secuestro de rehenes.

El guion no pretende reflexionar, al contrario, acostumbra al espectador a estar inmerso en la estética visual y sonora de los años 60 y 70. Además de propiciar empatía, cariño y entendimiento hacia el protagonista, evita esquemas que cuestionan sus decisiones. En pocas palabras, el recurso narrativo sobrepasa la pantalla, jugando con la percepción distorsionada del público.

La dirección aprovecha estos elementos en su máxima capacidad, apropiados para su formato limitado, pero fundamentales para el ritmo enérgico de cada episodio. La imaginación visual se desborda en parodias, comparaciones, burlas y otros elementos satíricos que aparecen cuando menos se esperan, incluyendo la imitación de Elvis Presley en El rock de la cárcel (Richard Thorpe, 1957) o el tráiler existencial ¿Qué se siente ser Clark Olofsson? presentado a modo de alucinación durante el último capítulo, Leí todo lo que se ha escrito (y más).

Clark es el reflejo de una sociedad y de las transformaciones generacionales vistas desde la realidad delirante de un hombre que nunca conoció los límites y, al final, se sentía más cómodo entre las rejas, que fuera de ellas. Es en esa ‘comodidad’ donde interviene Sussi (Alida Morberg), una periodista interesada en publicar sobre su vida y que, a medida que establece una comunicación efectiva con su sujeto, le cuestiona las decisiones y las innumerables ocasiones que lastimó a personas que lo ayudaron.

Seis capítulos son pocos para retratar una vida, pero representan conflictos sociales donde se normaliza el abuso, la desigualdad en las relaciones humanas y cómo estas afectan al núcleo más importante: la familia, quebrando a sus integrantes desde la concepción.

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