Cicadas (43 FCIU): vivir es necesario, sobrevivir es residual
Dirección: Ina Weisse.
Guion: Ina Weisse.
Elenco: Nina Hoss, Saskia Rosendahl, Vincent Macaigne.
Países: Alemania y Francia.
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Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt35453594/

El tiempo pasa y el mundo se vuelve cada vez más un lugar tan moderno como inhóspito. Día a día las personas se tornan más egoístas, ensimismados en su propio yo mientras descienden hacia la locura. Es un proceso casi que mecánico: naces, creces, te formas, tomas el rumbo de tu vida -o no- y luego, cuando el reloj biológico deja de avanzar, mueres. Parece simple, pero no lo es. Cada ser humano funciona de manera única, pero pese a toda diferencia, al final del día, todos intentamos resolver la misma incógnita: ¿cómo hacemos para vivir y no así solo para sobrevivir?
Cicadas gira en torno a Isabell (Nina Hoss), una agente inmobiliaria que intenta balancear la crisis de mediana edad al tiempo que lidia con un matrimonio en crisis y el desgaste vital de sus padres. Isabell es una mujer pudiente, quien en apariencia lo tiene todo, pero que apenas comienza a rascar y se ven las grietas de su edificio. Metáfora clave, sabiendo que vive a la sombra de su padre, un celebrado arquitecto, mientras que ella solo colgó el título universitario para complacerlo. Su frustración también es personal, la imposibilidad de ser madre la volvió una mujer de una apariencia magnética que no hace más que esconder una absoluta tristeza. En cierta forma, Isabell se siente incompleta, cansada de intentarlo, pero no por ello enojada con la vida. Su escenario es este, sin más.
En medio de este caos aparece Anja (Saskia Rosendahl), una madre soltera batallando con los avatares de la vida. Lo que parece ser un encuentro fortuito en un pueblo perdido de Brandeburgo, se convierte en una real conexión entre Anja e Isabell. En apariencia, ambas provienen de mundos diametralmente opuestos, pero en esencia, las dos lidian con los mismos problemas. Ni Isabell tiene su vida resuelta ni Anja carece de un rumbo certero. Isabell desearía tener una hija correteando por la casa, mientras que Anja anhela estabilidad económica. Sin llegar a ser una amistad, estas mujeres aprenden de las falencias de la otra.
El segundo largometraje de Ina Weisse tras La audición (2019) vuelve a tener en el centro a una siempre espléndida Nina Hoss. Hay mujeres que están hechas para ser puestas en cámara y la intérprete alemana es uno de esos casos donde podría tenérsela en un constante primer plano y bastaría para atrapar al espectador. Cada director con quien trabaja capta su esencia de manera distinta, casi como si se tratase de un camaleón. Como Isabell, lo más destacado son sus silencios, la mirada perdida, la sonrisa tímida y el llanto potente. La interpretación lo tiene todo sin caer en la exageración o el ahogamiento, es pura realidad. Es comprender que las personas pasamos, a veces en un mismo día, por todos los estados posibles cual montaña rusa.
Pese a la valoración necesaria de Hoss, el filme no se agota en su personaje. Uno sale de la sala pensando en el (des)encuentro de tres generaciones: padres que se resisten a la tercera edad, hijos que ya no son niños y nuevas generaciones que, sin saberlo, están diagramando su propia vida. A los ancianos les cuesta reconocer que su tiempo ahora es finito y que la salud los apremia. A los hijos les agota no cumplir con las expectativas, y a las nuevas generaciones les cuesta madurar el raciocinio. Todo esto se presenta con tal naturalidad que uno comienza a vivir o revivir cada una de estas etapas.
Las cicadas hacen referencia a una especie de insecto que se caracteriza por hacer un ruido estrepitoso. Haya sido o no la intención de Weisse, en su Cicadas también hay algo de sonido que resuena en los oídos de los espectadores y despierta todos los sentidos. Es un llamado a la reflexión, desde estas mujeres, desde los personajes a su alrededor; todos emiten un sonido potente, claro, conciso, aún desde el más absoluto silencio. La lucha del ser humano es una que lleva de la supervivencia a la vida misma, a valorar las pequeñas cosas y a verse reflejado en aquel que más distancia tiene. Al final, el tiempo es finito y nadie quiere quedarse con las ganas. Para pensar.

Made in Uruguay, a Valentina el corazón le pertenece a sus raíces eslavas como las que retratan Pawlikowski en Cold War y Kusturica en When Father Was Away on Business. Firme defensora del Óscar de Faye Dunaway por Network, fanática del Almodóvar de Tacones Lejanos y fundamentalista de Vanessa Kirby. Cuenta los días para que The Academy salde su cuenta pendiente con Bradley Cooper. Ah, y para entretenerse, un cartón dice que es internacionalista.
