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Challengers: la sensualidad y egolatría del tenis

Escrito el 30 abril, 2024 @CesarAndreZzZ

Dirección: Luca Guadagnino.

Guion: Justin Kuritzkes.

Elenco: Zendaya, Mike Faist, Josh O’Connor, Nada Despotovich, A.J. Lister, Darnell Appling.

Países: Estados Unidos, Italia.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt16426418/

Challengers. Dir. Luca Guadagnino. Warner Bros. 2024.

Luca Guadagnino es un director que ha perfeccionado el arte de usar sus películas como caballos de Troya, camuflando sus verdaderos intereses a través de un exquisito subtexto. Call Me by Your Name (2017) no es una historia sobre el despertar sexual juvenil y la lucha por definir la identidad, sino un melodrama sobre cómo las dinámicas del deseo pueden ser usadas en nuestra contra para devastarnos emocionalmente. Suspiria (2018) no es un simple remake del clásico de Dario Argento, sino una obra con vida propia sobre el telón religioso-político que circunda en una perversa academia de baile. Bones and All (2022) no es un relato sobre canibalismo, sino una suerte de fábula trágica sobre el deseo de pertenecer a otro, aunque sea de las maneras más sádicas y viscerales.

De esta manera, el director italiano desvela las capas de sus personajes ante los ojos del espectador, el cual no puede sino maravillarse con su estudio maduro de cómo funciona el deseo y los constructos del amor. Challengers, su más reciente proyecto, es un hito rebosante de estilo, sensualidad y energía que usa el tenis y un aparentemente típico ménage à trois para explorar las necesidades egoístas de los seres humanos, movidos por sus pulsiones y miedos reprimidos.

A través de un partido de tenis, Guadagnino navega entre flashbacks y flashforwards, buscando conocer qué motiva a sus tres protagonistas. En el presente, Art Donaldson (Mike Faist) es un tímido tenista profesional que está a nada de lograr el puntaje necesario para participar en el US Open. No obstante, atraviesa una mala racha tras sufrir una lesión.

Desesperada por ayudarlo, y también porque se rehúsa a estar emparejada con un fracasado, su esposa y entrenadora Tashi Duncan (Zendaya) lo inscribe en un torneo Challenger en Nueva York, considerado un evento de “segunda clase” en el mundo del tenis, con el propósito de restaurar su confianza, quien debería ganar fácilmente la competencia.

Sin embargo, la pareja no cuenta con que Patrick Zweig (Josh O’Connor), ex novio de Tashi y ex mejor amigo de Art, también competirá en el Challenger. Los dos hombres llegan a la final del torneo, y es durante este largo partido en el que Guadagnino y su guionista Justin Kuritzkes tratan al espectador como una pelota de tenis, llevándonos de un lado a otro para comprender la tensión existente en este trío de neuróticos que anhelan una cosa en común: reconocimiento, aunque cada uno de forma diferente.

En cierta medida, Challengers toma como base la típica premisa de El cuento del caballero de Geoffrey Chaucer: dos hombres jóvenes y atractivos batallan por la atención de una esbelta mujer que se convierte en su objeto de deseo. La diferencia es que en lugar de espadas como en los tiempos medievales, su arma es una raqueta, egolatría y cantidades industriales de homoerotismo.

Durante sus años juveniles, Patrick y Art no solo eran mejores amigos, sino también una dupla de tenis llamada “Fuego y Hielo”. Tashi, por su parte, iba en camino a convertirse en la próxima sensación del tenis femenino, hasta que una lesión en la rodilla arruina su carrera. La dinámica entre estos tres resulta irresistible, no solo porque la química de los actores traspasa la pantalla en escenas que exudan la naturaleza visceral del deseo sexual, sino porque cada personaje se convierte en un arquetipo con motivaciones propias, manteniendo una ambigüedad en sus acciones que evita que se conviertan en figuras triviales. Es admirable cómo esto es en gran medida una comedia que se ríe de sus personajes, a la par de verlos con una lupa de empatía.

Al igual que Past Lives de Celine Song, quién coincidentemente es esposa del guionista Kuritzkes, Challengers comprende que la naturaleza de las relaciones humanas es abstracta, plasmada a través de personajes complejos que se repelen tanto como se atraen. Tashi, por ejemplo, aparenta ser el cliché del deportista feroz, tan obsesionada con el éxito que sus ambiciones la distancian de cualquier vínculo afectivo real. Ella desea por desear. No hay un objetivo o meta establecida, sino la misma necesidad de seguir anhelando y reprochando todo lo que considere mediocre o débil.

Zendaya brilla porque le da una vulnerabilidad necesaria a Tashi para hacerla realista, plasmando una personalidad emocionalmente autodestructiva. Por su parte, O’Connor construye un perverso sociópata en Patrick, alguien tan cínico como inteligente que desea impresionar a los demás, ocultando que en realidad tiene una vida precaria, tanto financiera como emocionalmente.

Finalmente, Faist es extraordinario como Art. Para ser un personaje que dice su primer diálogo a los diez minutos de la película, Art constantemente transmite sus necesidades emocionales. Es alguien vulnerable que desea un vínculo de confianza, pero los vacíos que lo han seguido desde la juventud le juegan malas pasadas a su mente. El reencuentro en el torneo permite que hilemos pasado con presente para dimensionar cómo cada personaje se vincula con el otro, elaborando así una vorágine de egoísmo, irresponsabilidad afectiva y seducción carnal, representando cómo al final del día los humanos son animales instintivos más que racionales.

Sumado a esto, la fotografía de Sayombhu Mukdeeprom y Marco Costa son magistrales. Jamás imaginé que una película podría crear tantas maneras creativas para filmar un partido de tenis. Los cortes y las transiciones trazan la metáfora de que el partido que juegan Art y Patrick es un símbolo de los altibajos de su amistad y la relación que han creado con Tashi. La pelota va y viene al igual que sus recuerdos y sentimientos reprimidos, los cuales salen a flote junto con las gotas de sudor. A la par, la banda sonora de los siempre destacados Trent Reznor y Atticus Ross es irresistible, desde pistas tecno/electro que transmiten la esencia descarnada de la sensualidad de los personajes, hasta momentos de calma que acompañan la fragilidad de los mismos.

Hay algo magnético en ver a un trío de perdedores que se creen mejores de lo que son lidiar con sus inseguridades e intentar definir con torpeza qué es lo que quieren para su vida. Challengers es precisamente eso y me atrevería a decir que también es un reflejo de nosotros mismos. Nos guste o no, llevamos algo de Art, Patrick y Tashi en nuestras relaciones. En la cancha de tenis de la vida, esta película es un cuento tragicómico de lo agotador que es sostener nuestro ego en los estándares inalcanzables, tanto profesionales como afectivos, que nosotros mismos nos ponemos.

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