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Zero Fucks Given (Cannes 2021): la realidad detrás de una sonrisa fingida

Escrito el 11 julio, 2021 @alessandra_kr

Sección: Semana de la crítica.

Dirección: Emmanuel Marre, Julie Lecoustre.

Guion: Emmanuel Marre, Julie Lecoustre.

Elenco: Adèle Exarchopoulos, Alexandre Perrier, Mara Taquin.

Países: Bélgica, Francia.

Palomómetro:

Más información de la película: http://www.semainedelacritique.com/en/edition/2021/movie/rien-a-foutre

Será difícil encontrar en la selección de este año del Festival de Cannes alguna otra película que absorba la esencia millennial con la habilidad que lo hace Zero Fucks Given, lo nuevo del dúo (segunda vez que trabajan juntos) conformado por Emmanuel Marre y Julie Lecoustre. El guion, escrito por ambos, captura esa mezcla de ansiedad y vacío que bien podría describir a mi generación, y que queda claramente representada por Adèle Exarchopoulos, quien hace un extraordinario uso de sus expresiones y habilidades no verbales.

Más profunda de lo que aparenta a primera vista, Zero Fucks Given sigue a la sobrecargo Cassandre (Exarchopoulos) durante sus días de trabajo en una aerolínea de bajo costo. Cassandre lidera prácticamente una existencia vacía y superflua, evitando conexiones profundas, y huyendo de su vida siempre que se sube a un avión y cierra la puerta de la cabina. En su cara se nota cierta tristeza que ni siquiera su sonrisa falsa y ensayada la puede ocultar. La melancolía la sigue por dónde va.

Pronto, en una interacción con un compañero después de una noche de copas y baile, aprendemos que Cassandre perdió a su mamá en un accidente automovilístico. De pronto, esa melancolía permanente cobra sentido. La cinta es más bien una exploración ecuánime de la vida de esta mujer, quien tiene uno de los trabajos más codiciados del mundo, pero quien en realidad vive tras un manto invisible de apatía, miedo y tristeza.

Cassandre es buena en su trabajo, aunque hace todo de manera automatizada. Simplemente cumple con lo que se le pide, e incluso, cuando surge la oferta de una promoción, la joven hace hasta lo imposible por evitarla. Esta existencia parece ser suficiente. No obstante, conforme pasamos más tiempo con ella, aprendemos que tiene interés por cosas mejores, pues su sueño es trabajar en una de las aerolíneas top del mundo como Dubai Airlines o Emirates, pero ella cree que no está a la altura como para siquiera aplicar. Siempre hay alguien más bonita, más delgada y con más idiomas dominados. La idea de intentar y fracasar es agobiante.

Respecto a su esencia y ambición, Zero Fucks Given trae a la mente el trabajo de Mia Hansen-Løve, en especial Eden (2014) y Goodbye First Love (2011). Lo maravilloso es que no tiene mayor ambición que seguir a su protagonista.

El único evento masivo que cambió la vida de Cassandre ocurrió antes del inicio de la película. Ahora más bien tiene que adecuarse a su nueva realidad. La cinta existe dentro de una idea discreta de evolución y avance, tal cual y cómo es la vida real. Aunque no es drástico, Cassandre tiene su propio proceso de maduración de manera paulatina, en especial en lo que se refiere al duelo por la muerte de su mamá.

A través de interacciones al teléfono, Cassandre deja ver que prácticamente se convirtió en sobrecargo para huir del dolor en casa, dejando atrás a su papá (Alexandre Perrier) y hermana menor (Mara Taquin). Mientras que la primera parte de la cinta explora la vida vacía de Cassandre, la segunda se enfoca más bien en su relación con su familia incompleta una vez que debe volver a casa por problemas en su trabajo.

Aquí inicia una nueva etapa del filme y un proceso de introspección obligada en el personaje principal. Si antes se plasmaban fiestas, conciertos, encuentros casuales y aviones, ahora la historia se enfoca en la dinámica familiar, conversaciones de redescubrimiento, y un nuevo estilo de nostalgia: ahora Cassandre comparte parte de su dolor con hermana y papá, con quienes platica sobre los viejos tiempos e intenta resarcir la relación alienada.

El estilo de Marre y Lecoustre es distintivo y novedoso. Altamente improvisada, la película parece en ocasiones un trabajo documental o grabaciones caseras, siguiendo a una sobrecargo por los pasillos de un avión, caminando con su valija a todos lados, o llegando a casa para dormir y empezar su labor al día siguiente temprano. Muchas secuencias están destinadas a simplemente seguir a Exarchopoulos por distintos escenarios.

Olivier Boonjing, el fotógrafo de la cinta, presenta un trabajo íntimo y natural. Hay incontables momentos en los que la cámara está en la cara del personaje – en especial en momentos privados entre Cassandre y alguna conquista casual –, ofreciendo una sensación de intimidad. También destaca el movimiento reducido de la cámara. En las discusiones, ésta se queda en la parte receptora de la información y no muestra quién está hablando. Es como si la cámara fuera un personaje más y la imagen que presenta está condicionada por su ubicación y libertad de movimiento.

El final, adecuado a tiempos de COVID-19 que invita al cuestionamiento de dónde se encontraría nuestra protagonista a partir de los cambios en la industria aérea, continúa presentando la separación emocional que vimos a lo largo de la película, aunque se siente que algo mejoró en Cassandre. En este sentido, Zero Fucks Given refleja la manera simple y paulatina en la que normalmente nos desarrollamos: es difícil definirlo, pero sabemos que algo cambió en nosotros.

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