La civil (Cannes 2021): el reflejo del terror de vivir en México

Escrito el 9 julio, 2021 @alessandra_kr

Sección: Un certain regard.

Dirección: Teodora Ana Mihai.

Guion: Habacuc Antonio De Rosario, Teodora Ana Mihai.

Elenco: Arcelia Ramírez, Álvaro Guerrero, Jorge A. Jiménez, Ayelén Muzo, Daniel García.

País: Bélgica, Rumania, México.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt13827606/

Bien pareciera que el cine mexicano tiene constantes fuentes de inspiración en la tragedia en la que está sumido el país. Yo suelo sentir exasperación por la manera en que nuestro cine se ha enfocado tanto en historias de narcotráfico, feminicidios, corrupción y violencia, pero al ver las noticias diarias, y la manera en que miles de familias sufren por el abuso de algunos y la indiferencia de otros, entiendo que el cine como denuncia es esencial.

Así, simplemente en el último año, películas como Sin señas particulares (2020, Fernanda Valadez), La paloma y el lobo (Carlos Lenin), El guardián de la memoria (Marcela Arteaga), Ya no estoy aquí (Fernando Frías de la Parra) o Fauna (Nicolás Pereda), así como los cortos Dalia sigue aquí (Nuria Menchaca), Abrir la tierra (Alejandro Zuno) o Las desaparecidas (Astrid Domínguez), se han vuelto primordiales para concientizar y hablar de un tema que embarga a toda una nación: la violencia en México y la inutilidad del Estado.

La civil, ópera prima de ficción de la cineasta rumana Teodora Ana Mihai, sigue abordando estos temas de una manera impactante y efectiva al centrarse en la historia de una mujer que se enfrenta a la idiosincrasia mexicana en busca de su hija desaparecida. Esta película es un recordatorio del terror diario que se siente al vivir en México. Refleja esa incertidumbre y, hasta cierto punto, normalización, del ambiente violento en el que desarrollamos nuestras vidas (desde hace años son frecuentes las prácticas de autopreservación que incluyen no salir solos de noche, cambiar nuestros contactos del celular para no mostrar lazos familiares, o avisar siempre a alguien cercano cuando salimos de un lugar).

Trabajando a partir de un guion coescrito entre ella y el novelista Habacuc Antonio De Rosario, Mihai modificó su proyecto documental para adecuarlo a una ficción que funciona como tributo para Miriam Rodríguez, activista mexicana que se dedicó a cazar a los secuestradores de su hija, solo para ser asesinada en 2017 fuera de su casa cuando estos escaparon de la cárcel.

La película inicia con Cielo (Arcelia Ramírez) y Laura (Denisse Azpilcueta) pasando un rato cotidiano en casa. Madre e hija viven solas y parecen tener una buena relación. Cuando Laura se va, después de una despedida casual y una promesa de alimentar a su mascota una vez que regrese, Cielo nunca la vuelve a ver. A partir de aquí inicia una pesadilla para la mujer que es extorsionada un par de ocasiones con promesas vacías de que le entregarán a su hija con vida.

Precisamente esa incertidumbre de obtener respuestas concretas la llevan a salir de su caparazón y abordar el tema por sí sola, pues la policía y el ejército se lavan las manos rápidamente. Enmarcada en una ficción, La civil más bien es una historia que refleja incómodamente la realidad de la vida en México más allá de la violencia. También capta la esencia de la cultura y los vicios que nos achacan. Brillantemente, manifiesta esa bonita costumbre de culpar a los demás y no reconocer responsabilidad propia. Cielo se enfrenta a la cultura de la evasión, resultando en una negación tajante de respuestas y justicia.

Una de las virtudes de la película es que aborda tantas aristas de la realidad mexicana que sería fácil enfocarse en una y explorarla por horas. Todo aspecto de la sociedad es inspeccionado de cerca. La policía recrimina a Cielo por no haber acudido antes pidiendo ayuda, inmediatamente desestimando su caso a través de preguntas que más bien crean sospecha en Laura. El ejército se rehúsa a escuchar su caso y le da una tarjeta con un número para víctimas. Vecinos y amigos sugieren que mejor se enfoque en el futuro e intente olvidar a su hija. Nadie se involucra y nadie tiene respuestas.

La impunidad por falta de interés, recursos, o una combinación de ambas, hacen de este pueblo indefinido (bien podrían ser miles de lugares en México) una pesadilla, y más al saber que los secuestradores andan por ahí, cual reyes de la comunidad, cobrando cuotas por el uso de suelo en los negocios locales.

A la vez que Cielo emprende su misión solitaria, Mihai expone el machismo y la misoginia de la sociedad. Además de enfrentarse a autoridades que se niegan a ayudarla, debe lidiar con microagresiones rutinarias, desde su exesposo culpándola por el secuestro de Laura o gritándole cuando se asusta, hasta la violencia oral que enfrenta por parte de secuestradores, otras mujeres y conocidos. Simplemente la violencia, en todas sus formas, no para.

La cinta hace un buen trabajo en exponer las costumbres de culpar a la víctima y la victimización como método de evitar responsabilidades. Por un lado, Cielo y Laura son continuamente culpadas por lo que sucedió. A Cielo se le impugna su reacción tardía, o que dejó salir a su hija de casa. En la ausencia de Laura, pronto aprendemos que su secuestro se debió a que desairó al líder del cártel local (Daniel García, a punto de robarse la película de las manos de la protagonista). El hombre que da a conocer la noticia la culpa a ella, y no a aquel que decidió cometer el delito.

Por otro lado, los muchos culpables de la historia se victimizan constantemente, evitando responsabilidades y más bien justificando su involucramiento con el narcotráfico local o la comisión de delitos. Siempre tienen una respuesta ágil y frustrante ante las preguntas incisivas de Cielo. De nuevo, nadie sabe nada y nadie es culpable.

Es sencillo adentrarnos tanto en la trama cuando la ejecución se hace de manera tan limpia y sobria. Filmada en Durango en tiempos de COVID-19, la película es fácil de apreciar. En todo momento tiene claridad y luminosidad, incluso en sus escenas de noche.

El trabajo de cámara del fotógrafo Marius Panduru permite que estemos en primera fila, ya sea en el asiento de pasajero cuando Cielo sigue a los criminales o en los enfrentamientos armados una vez que el ejército se involucra. Aun así, lo más espectacular son los planos secuencia que aparecen continuamente a lo largo del filme. La cámara sigue a Cielo conforme ésta explora los cuartos de una funeraria en busca de su hija, o una casa llena de víctimas civiles.

La cámara nunca se despega de Cielo, traída a la vida por la veterana Arcelia Ramírez, quien muestra enojo y desesperación, pero que poco a poco se hace más fuerte para enfrentar su lucha. Paulatinamente aprende a cómo espiar y pasar desapercibida, cambiando su apariencia y personalidad. Esta transformación es tenue, fundada en la realidad y no en una historia exagerada de acción. Ramírez explota en furia y enojo, pero nunca en llanto. Aunque sus ojos estén llenos de lágrimas a punto de salirse de sus órbitas, esto se debe a la incredulidad de lo que sucede a su alrededor. Su personaje es lentamente arrastrado al lado violento y oscuro de su nueva realidad.

La civil es un visionado desafiante. Con más de dos horas de duración y un tema denso y desesperanzador sería sencillo optar por saltarse esta historia. No obstante, Mihai y De Rosario dan en el clavo en la representación de los vicios mexicanos a través de una historia que bien puede reflejar la realidad de miles de familias mexicanas. Duele verlo, pero es necesario hacerlo.

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