Palomita de maíz

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Burning: un misterio profundo y difícil de olvidar

Escrito el 15 marzo, 2019 @alessandra_kr

Disponible en:

Director: Lee Chang-dong

Elenco: Ah-in Yoo, Steven Yeun, Jong-seo Jun.

País: Corea del Sur

Duración: 148 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt7282468/

Lee Chang-dong, el destacado director surcoreano de películas como Poetry y Secret Sunshine, está de regreso después de ocho años con Burning, película basada en la historia corta Barn Burning de Haruki Murakami. Afortunadamente, esta semana la película llega a carteleras mexicanas después de su estreno en el Festival de Cannes de la edición 2018.

La película se centra en Lee (Yoo Ah-in), un joven trabajador con el sueño frustrado de ser escritor que está a punto de regresar a su pueblo natal a cuidar de la casa de su padre, después de que éste fuera encarcelado. Un día se encuentra con Shin (Jun Jong-seo), una antigua vecina con quien entabla un lazo sentimental pasajero. Cuando ella parte a África como parte de un viaje de autodescubrimiento, le pide a Lee que cuide de su gato durante su ausencia. Cuando Shin regresa, llega acompañada de un nuevo galán, Ben (Steven Yeun), un hombre rico por el cual Lee desarrolla un repudio y sospecha.

Burning enreda al espectador a través de su evolución paulatina. Al inicio parecer ser un drama sobre la inquietud de un joven. Sin embargo, la película evoluciona a un misterio que crea numerosas suposiciones sin preocuparse por dar respuestas. Más bien pretende confundir y presumir con lo que vemos en pantalla, pues únicamente contamos con la visión de Lee, quien no es una fuente fidedigna, al actuar motivado por sentimientos infundados de posesión, privilegio masculino y “amor”.

A lo largo de la película es interesante observar el privilegio con el que los dos hombres se conducen en su vida. Por un lado, Lee desarrolla una idea de posesión sobre Shin, al grado de actuar con repudio y crueldad cuando ella realiza acciones que no van con la forma tradicional de pensar de él. Por el otro, la vida de Ben es una de privilegio. La manera de actuar en su vida diaria, así como su forma de ser, presentan un aire arrogante, mitad atractivo y mitad insoportable; sentimientos que hasta el mismo Lee desarrolla.

La tensión de las clases sociales es evidente entre ambos personajes. En una de las escenas clave de la película, Lee se refiere a Ben como el Gran Gatsby, lo cual resulta la mejor referencia que se le podría hacer a la película, y una que ayuda mucho para su comprensión y apreciación.  La lucha de clases entre ambos personajes es evidente y esto se representa claramente a través de la pelea silenciosa que tienen por Shih, la mujer en medio de este triángulo amoroso.

Toda escena y diálogo que se presenta es importante para la historia, por mundano o trivial que parezca. A través del contexto, los pequeños momentos y el diálogo introspectivo la personalidad de los protagonistas se asienta. Se reconoce que el avance de la película es lento y desafiante, pues con una duración de casi dos horas y media a un paso sin prisa y medido, puede causar cierta resistencia en los espectadores. No obstante, una vez que cae el entendimiento del misterio, la tercera parte del relato atrapa e intriga.

Los actores hacen un estupendo trabajo. Por un lado, Yoo Ah-in como Lee es convincente y poderoso al llevar la película en sus hombros. Su personaje parece estar perdido en un mundo muy rápido y avanzado para él, simplemente en espera de a ver qué le llega, sin invertir esfuerzo o ilusiones en nada. De igual forma, su personaje es antipático e inútil, y aun así logra mantener el interés de la audiencia.

Por su parte, Steve Yeun como Ben es todo un suceso. Nunca he visto The Walking Dead, pero ahora entiendo por qué este actor es la sensación para los fanáticos de la serie. Como Ben desprende seguridad, presencia y atractivo sexual que son esenciales para que su personaje funcione. Una parte de nosotros desconfía de él, mientras que la otra quisiera ser parte de su mundo.

Por último, Jun Jong-seo como Shih en ocasiones eclipsa el trabajo de los dos hombres protagonistas. Su personaje es sensible y frágil, aunque todo aparenta ser una capa que protege su ser real. Esta ambigüedad ocasiona sentimientos de incertidumbre y sospecha, más al reflexionar la frustración que presenta a la lo largo de la cinta, así como las historias que constantemente relata.

El final es desconcertante y acelerador. Cuando los pequeños sucesos que se presentaron a lo largo de la cinta se suman para comprender lo que sucede, se demuestra la brillantez y genialidad del director. A pesar de que el final es contundente e impactante, se dejan abiertas varias opciones para que la audiencia cree teorías y justificaciones para las acciones presentadas, elevando la película al no ofrecer una respuesta definitoria. Lee Chang-dong quiere que los espectadores lleguen a sus propias interpretaciones y conclusiones.

Esta ambigüedad provoca que la película se quede con nosotros intentando encontrar respuestas, repasando el diálogo y las escenas presentadas, y saboreando la complejidad de las personalidades. De esta forma, Burning es un drama convertido en misterio que deja su marca en el espectador mucho tiempo después de haberla visto.

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