Blanco de verano: la mirada a un adolescente pirómano y terceros en discordia

Escrito el 17 noviembre, 2021 @bmo985

Disponible en: cines.

Dirección: Rodrigo Ruiz Patterson.

Guion: Rodrigo Ruiz Patterson y Raúl Sebastián Quintanilla.

País: México.

Elenco: Adrián Rossi, Sophie Alexander-Katz, Fabián Corres.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11394288/

Blanco de verano
Blanco de verano. Dir. Rodrigo Ruiz Patterson. 2020. Cortesía Pimienta Films.

La adolescencia, ese curioso periodo de nuestras vidas que en retrospectiva nos genera una mezcla de vergüenza y nostalgia por la ingenuidad de ya creerse un adulto listo para enfrentar al mundo, es la preocupación central de Blanco de verano, ópera prima de Rodrigo Ruiz Patterson, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC).

Estrenada en el Festival de Sundance 2020 y premiada en el Festival de Málaga del mismo año como la Mejor película iberoamericana, Blanco de verano se estrena finalmente como la 25ª ópera prima auspiciada por el CCC. La cinta sigue las vidas de Rodrigo (Adrián Rossi) y su madre, Valeria (Sophie Alexander-Katz), cuya pacífica convivencia se ve trastocada cuando ella comienza a ver a Fernando (Fabián Corres), cuya presencia de torpes intenciones paternales pondrá a Rodrigo – y por ende a su madre – en un aprieto.

Basado en sus propias vivencias, Ruiz Patterson creó un fascinante relato de un niño renuente y a la vez ansioso de la madurez, contradicción señalada por su fascinación con los cigarros y el preocupante apego con su madre. El debutante Adrián Rossi personifica el conflicto de Rodrigo con aplomo y presencia.

A ratos recordándonos a Jean-Pierre Léaud en el clásico de la adolesciencia alienada Los 400 golpes (François Truffaut, 1959), cuyo vívido, desenfadado y tierno retrato de la precocidad sirvió de modelo para Ruiz Patterson, y en otras a la ilustración frustrada de la masculinidad vengativa encarnada por Matthias Schoenaerts en Bullhead (Michaël Roskam, 2011), Rossi sale avante de su primer protagónico en un papel que es todo presencia y músculo, y poco diálogo.

Blanco de verano
Blanco de verano. Dir. Rodrigo Ruiz Patterson. 2020. Cortesía Pimienta Films.

Blanco de verano retrata la relación entre Rodrigo y su entorno: su familia y su hogar. A lo largo del filme, nos queda la impresión de que el joven ausculta el espacio que lo rodea, como buscando un lugar donde establecerse. Con su madre ocupa una vivienda de interés social en el Estado de México. Incapaz de tener privacidad y con el diminuto espacio pronto invadido por Fernando, Rodrigo sale en busca de un espacio propio.

La cámara de María Sarasvati Herrera, directora de fotografía, lo persigue en este peregrinaje, jugando con la dicotomía entre la claustrofobia de su casa minúscula y la vastedad que la rodea: el campo abierto, un basurero, los techos de su cuadra que forman una pasarela y una casa rodante que Rodrigo adopta como hogar secundario son los escenarios que habita, apropiándoselos y que a través de planos medios y generales establecen la adolescencia como un momento de soledad, pero también de posibilidad.

A pesar de su prisa por crecer, Rodrigo no puede evitar estar atado a su madre, y en realidad Blanco de verano se convierte en la crónica de su violenta negativa de cortar esta atadura. La alarmante dinámica entre ambos, marcada por la codependencia, es el retrato de dos personas aisladas del mundo, como congeladas en el tiempo, incapaces de superar la etapa más íntima de la relación madre-hijo.

¿Es esta castración simbólica, esta posesión mutua la que alimenta la rabia incendiaria de Rodrigo? En realidad, no lo sabemos, pero esta relación, escapando los lugares comunes del dramatismo hollywoodense, vale la pena verse por la interpretación de los dos actores involucrados.

Blanco de verano
Blanco de verano. Dir. Rodrigo Ruiz Patterson. 2020. Cortesía Pimienta Films.

Sophie Alexander-Katz, actriz experimentada, muestra una sensibilidad especial para responder a los impulsos primitivos de su hijo en pantalla, representando la ternura de una madre que, a la vez que ama a su hijo, está preparada a seguir con su vida, encontrando en Fernando el objeto de su afecto. Este, interpretado por Fabián Corres, es el Godínez buena onda cuya fachada inicial de paciencia es continuamente puesta a prueba por Rodrigo.

Ignorante de la naturaleza del vínculo madre-hijo, Fernando es un alma solitaria que cree haber encontrado un lugar donde establecerse y su infinita serenidad en su acercamiento al indescifrable Rodrigo demuestra su compromiso. Fernando convierte a Blanco de verano en una exploración de las relaciones afectivas y en la dificultad de establecer conexiones, demostrando la fragilidad inherente de estas. ¡Cuán solos nos encontramos! ¡Cuánto añoramos la compañía y cuánto estamos dispuestos a tolerar!

A pesar de tratarse de su ópera prima, es posible apreciar el sello autoral de Ruiz Patterson: tanto la relación entre una madre soltera y su hijo aislados del mundo, así como el poder visual y metafórico del fuego, formaron parte de su corto Arreglo napolitano (2020). No obstante su inspiración autobiográfica y su reiteración temática, el director se distingue por la sutileza del montaje, permitiendo una puesta en escena naturalista que evade las respuestas fáciles y el acostumbrado reparto de culpas.

En suma, Blanco de verano es una cinta que anuncia la llegada de una voz (Ruiz Patterson) que vale la pena escuchar y un rostro que vale seguir de cerca (Rossi).

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