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Bárbaro: tres extraños, un alquiler y un despliegue visceral de suspenso

Escrito el 14 septiembre, 2022 @CesarAndreZzZ

Disponible en: cines.

Dirección: Zach Cregger.

Guion: Zach Cregger.

Elenco: Georgina Campbell, Bill Skarsgård, Justin Long, Matthew Patrick Davis, Richard Brake.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt15791034/

Bárbaro. Dir. Zach Cregger. 20th Century Studios. 2022.

Este año continúa demostrando que la originalidad en el género de terror está lejos de agotarse, teniendo directores alejados de las franquicias, secuelas y precuelas que, para este punto, están fatigadas por más de lo mismo. Desde el horror corporal chocante e indigesto de Hatching (Hanna Bergholm) y Fresh (Mimi Cave), pasando por el terror cósmico innovador en ¡Nop! (Jordan Peele), y explorando el acoso y la intimidación con inteligencia en Watcher (Chloe Okuno), nuestras pesadillas se mantienen vivas gracias a estos directores.

Zach Cregger con Bárbaro se une a este grupo por su propuesta de suspenso que va de menos a más, engañando con apariencias y explotando en un caótico festival de lo absurdo que constantemente mantiene consciencia de su propia esencia. El cineasta se aleja del protagonismo de series de comedia y toma el rol de director y guionista en una película que se va haciendo más original, creativa y descabellada a medida que avanza, probando que es un talento para el futuro del género.

Bárbaro es una de esas cintas que se definen y disfrutan por sus giros, tan impredecibles como chocantes, por lo que la revelación de información sobre la misma debe ser lo más discreta posible. La película tiene tres actos perfectamente diferenciados y eventualmente conectados entre sí. El primero introduce a Tess (Georgina Campbell), una joven que llega a Detroit para una entrevista laboral como investigadora documental. A través de Airbnb, Tess alquila una casa ubicada en uno de los peores barrios de esa decadente ciudad.

El problema es que, durante la noche lluviosa y tétrica en la que Tess llega a la casa alquilada, se da cuenta de que ya está habitada por Keith (Bill Skarsgard), quien alega también haberla alquilado durante los mismos días. Ambos platican sobre el obvio error ocurrido en la agencia y la aprehensión de Tess se hace comprensiblemente notoria con una resistencia absoluta a los gestos desinteresados de amabilidad de Keith.

Desde el punto de partida, Cregger pone manos a la obra en la construcción de una atmósfera opresiva, clave para la supervivencia de toda su película. A fuego lento, pequeños hechos escabrosos ocurren en la casa para despertar la atención tanto del espectador como de los personajes. Keith y Tess parecen tranquilizarse y autoengañarse, y cuando esa noche conversan en tono amistoso, bajan la guardia. Al día siguiente, Tess descubre un largo pasillo en el sótano del hogar, uno que arroja secretos cada vez más chocantes sobre los antiguos habitantes del sitio.

Gran parte de la esencia del horror de Bárbaro se despliega de largas caminatas por pasillos tan oscuros que difícilmente podrías ver la punta de tu nariz. Una natural señal de alerta se activa, por los temores innatos a la oscuridad, lo desconocido y lo impredecible; no obstante, no se cae en la trampa fácil de soltar un jump scare luego de una escena de calma. La construcción del suspenso es algo parecido a subir pacientemente una escalera de cristal, sin tener la más mínima idea de cuál será el escalón que se romperá y nos enviará a un vacío en el que espera algo desconocido y perverso. Es brillante y admirable como la tensión se mantiene aun después de las revelaciones y giros claves.

Bárbaro. Dir. Zach Cregger. 20th Century Studios. 2022.

Los secretos en Bárbaro son más complejos que descubrir qué o quién se oculta entre los pasadizos del sótano de la casa. Se basan también en conocer a sus protagonistas imperfectos, quienes son más difíciles de leer de lo que aparentan. A través de conversaciones y problemas personales mantienen vigentes narrativas sociales a lo largo de la película. El guion no necesita ser obvio para exponer puntos clave respecto al machismo, patriarcado y crímenes abusivos cometidos contra mujeres.

Estas temáticas se reafirman con la llegada del segundo acto y la introducción de un tercer personaje. AJ (Justin Long) es un actor de televisión que es acusado de violación por la coestrella de su programa. Sus agentes le advierten de las consecuencias que la acusación traerá a su carrera. Durante la era del movimiento #MeToo, esta sección emplea el humor negro con inteligencia para crear un perfil del hombre abusador con poder promedio, quién se victimiza ante la “cultura de la cancelación” y niega fervientemente las acusaciones provenientes de la actriz, mientras hace comentarios e insultos misóginos sobre ella.

AJ viaja a Detroit, ya que es el dueño de la casa que Keith y Tess alquilaron. Hacer más revelaciones a partir de este punto sería estropear una experiencia que merece ser apreciada por cuenta propia. Lo cierto es que Bárbaro nunca se va por lo obvio y previsible. Los secretos que depara al espectador son retorcidos, de esos que dejan sin palabras. La película sabe la diferencia entre el ridículo y el absurdo. Cregger nunca estira demasiado su historia al punto de hacerla demasiado ridícula como para ser tomada en serio. En cambio, emplea y domina el recurso del absurdo con tal confianza que el espectador se deja llevar con lo surrealista de algunas situaciones.

Aquí no existen acartonados personajes de películas de terror genéricas, como mucho Skarsgård es el único que lleva a su personaje a ese destino. Georgina Campbell se convierte en una heroína emblemática y audaz por quien es imposible no apostar. Lágrimas genuinas de terror caen por su rostro, transmitiendo empatía instantánea, posicionando al espectador en su lugar y haciendo la experiencia inmersiva. Justin Long hace que su personaje reprochable y molesto sea creíble, con dosis de humor negro que calzan a la perfección con el estilo de la película y recuerdan las raíces en la comedia de su director y guionista.

Con un presupuesto de apenas 10 millones de dólares, la película aprovecha sus recursos técnicos: la dirección de fotografía de Zach Kuperstein es extraordinaria por el posicionamiento creativo de la cámara y su manera de filmar la oscuridad; la banda sonora de Anna Drubich es electrizante y construida para incrementar la tensión; el trabajo de maquillaje, el perfecto uso y desuso de la iluminación, y el pulcro diseño de producción son empleados de formas ingeniosas y efectivas.

Bárbaro resultará frustrante para aquellos que buscan una estructura narrativa convencional. Su tendencia a ofrecer respuestas mínimas se vuelve un tanto tediosa, pero no por eso menos fascinante y potente. Da la sensación de que Cregger tiene un control absoluto y todo lo que vemos es intencional.

En lugar de sobre racionalizar su historia, apela a temores humanos primitivos: a lo desconocido y la maldad humana, dos cosas que no tienen límites y que nos persiguen sin misericordia, pues no hay dónde esconderse. Con ambición, audacia y un valiente cinismo en sus escenas más crudas, Bárbaro se gana su lugar entre las mejores películas de terror de 2022.

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