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20 Days in Mariupol: un pueblo muriendo entre la impotencia y la indolencia

Escrito el 30 noviembre, 2023 @CesarAndreZzZ

Dirección: Mstyslav Chernov.

Guion: Mstyslav Chernov.

País: Ucrania.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt24082438/

20 Days in Mariupol. Dir. Mstyslav Chernov. Frontline. 2023.

“Las guerras no empiezan con las explosiones, empiezan con el silencio”, dice el periodista y cineasta Mstyslav Chernov al inicio de 20 Days in Mariupol como un presagio de las imágenes que veremos a continuación. Es curioso, por no decir trágico, como socialmente nos hemos desensibilizado a los horrores bélicos. Es difícil usar redes sociales y ver noticieros sin toparse con videos y fotografías de horror de  crímenes de guerra y conflictos armados en algún lugar del mundo.

Rara vez nos detenemos a pensar qué hay detrás de esas iconografías momentáneas que capturan escenarios dantescos. Chernov de respuesta a ese cuestionamiento en uno de los documentales más escalofriantes y urgentes de años recientes. Galardonado en el Festival de Sundance en la categoría World Cinema Documentary y representando a Ucrania en los próximos premios Óscar, 20 Days in Mariupol es un registro en primera persona sobre el asedio ruso en Mariupol, al sur de Ucrania, entre febrero y marzo de 2022.

La invasión rusa de Ucrania estaba en los titulares, y mientras Putin, con el despotismo que lo caracteriza, enervaba el nacionalismo ruso en plena guerra proclamando la “autodefensa” de su país, y Zelenski buscaba inútilmente apoyo internacional convirtiéndose en el mártir de la historia, territorios fronterizos ucranianos fueron víctimas de crímenes de guerra que encendieron una llama pasajera en redes sociales. Mariupol particularmente era una zona de importancia estratégica para el ejército ruso.

Otros documentales como A House Made of Splinters (Simon Lereng Wilmont, 2022) exploraron las consecuencias internas de los conflictos bélicos entre Rusia y Ucrania. Aquel documental lo hizo desde la perspectiva de la orfandad y la inocencia quebrantada de los niños. En el caso de 20 Days in Mariupol el resultado es más invasivo y espantoso porque nos posiciona en la primera línea de la guerra con todo el horror que implica tener una cámara documentando los infiernos terrenales.

Junto al fotógrafo Evgeniy Maloletka y la productora Vasilisa Stepanenko, Chernov narra durante 20 días, a partir del 24 de febrero de 2020, cómo Mariupol fue destruida física y espiritualmente. El “silencio” al que hace referencia Chernov al inicio tiene varios significados: la aparente tranquilidad en las calles de Mariupol el día que empezó la invasión, el silencio que exigían los habitantes ucranianos, quienes, al inicio, reaccionaban irasciblemente ante su cámara, y finalmente, el silencio que el gobierno ruso buscaba mantener a través de la privación de la electricidad y el internet a ciudades ucranianas.

Los ataques aéreos comienzan y, con ellos, la paranoia y el horror absoluto para los habitantes de Mariupol. Sistemáticamente, 20 Days in Mariupol muestra como la ciudad ucraniana moría en distintas formas. Las secuencias más horrendas tienen lugar en hospitales, mostrando hombres, mujeres y niños desangrándose por heridas causadas por misiles. Un médico le grita a Chernov “¡sigue filmando!” ante la impotencia de ver morir a los pacientes ante sus ojos.

Chernov es elocuente e introspectivo. Cada momento de narración evita las banalidades y obviedades y propone reflexiones angustiosas sobre la guerra, el instinto de supervivencia y las maneras en las que muere una nación. No es casual que hospitales y escuelas fueran los principales blancos de los bombardeos, pues ¿qué es un pueblo sin salud y educación?

Para Chernov es vital documentar cómo la enemistad y la violencia entre los mismos ucranianos son una consecuencia del estado de emergencia en el que se encuentran, al borde de sus capacidades psicológicas. Sin agua, servicios de telefonía, electricidad ni internet, el trauma se cronifica. Los gritos de dolor ante las muertes diarias se vuelven el himno local.

La narrativa es acertadamente entumecida y letárgica. El tono de voz monótono de Chernov cuestiona si volverá a ver a su familia cuando el miedo a la muerte se apodera de él. El gris de edificios en ruinas, carreteras vacías, llamas apagándose y autos destartalados se fusiona con el gélido invierno que azota la ciudad, creando un panorama sombrío, doloroso y evidente de lo inevitable: la desintegración física y simbólica de Mariupol.

Más de 20,000 personas murieron durante los ataques rusos a Ucrania. Cada muerte capturada en cámara tiene un nombre, pues Chernov no quiere que queden como sujetos anónimos. Aunque las imágenes atormentan, no buscan explotar la tragedia ucraniana, sino representar una crónica de supervivencia en la que las imágenes y videos se convierten en un mecanismo de defensa: filmar las tragedias evita olvidarlas, deja evidencia de sus autores y nos materializa como parte de momentos críticos de la historia.

El documental triunfa al despegar su foco de políticos martirizados, queriendo manipular a la audiencia desde un intelectualismo político bipartidista, como es el caso del cuestionable ganador del Óscar Navalny (Daniel Roher, 2022). El núcleo de 20 Days in Mariupol son los habitantes cuyo despertador son las bombas y no encuentran confort ni en los hospitales. Esto no evita que la brillante edición de Michelle Mizner muestre enervantes secuencias de noticieros, incluyendo a Vasily Nebenzya, embajador ruso ante la ONU, respondiendo con cinismo a las acusaciones de los crímenes de guerra perpetrados por Rusia.

Aunque centrada en un momento y lugar específicos, la historia que cuenta Chernov y su equipo de periodistas es universal en los conflictos bélicos. Desde el Congo hasta Bosnia, y desde Alepo hasta Palestina, los crímenes de guerra perpetrados por un país contra otro tienen el mismo esquema: aniquilar el espíritu de las naciones y convertirse en las víctimas, negando la historia y evidencias.

20 Days in Mariupol es una extraordinaria pieza de cine documental político, trágica, perturbadora, revolucionaria y milagrosa. Nunca dejará de ser vigente como un preciso y exacerbante estudio de resiliencia colectiva en medio de la guerra, y de cómo el máximo grito de rebelión contra la tiranía y la violencia es exponer la verdad, cueste lo que cueste.

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