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Viviendo con el enemigo: un drama romántico insípido e intrascendente

Escrito el 16 mayo, 2019 @alessandra_kr

Disponible en:

Director: James Kent

Elenco: Keira Knightley, Jason Clarke, Alexander Skarsgård, Martin Compston, Kate Phillips, Jannik Schümann, Fionn O’Shea, Flora Thiemann.

País: Reino Unido, Alemania, Estados Unidos

Duración: 89 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt5977276/

No es secreto que mi género favorito es el drama. Mientras más amor y sufrimiento tenga la pareja principal, y los personajes sufran de la imposibilidad de estar juntos más seguro que la cinta me guste. Por esto no debería ser sorpresa la emoción que sentía por ver Viviendo con el enemigo, pues la promesa era innegable: la reina de los dramas románticos, Keira Knightley protagoniza, un triángulo amoroso entre tres personas altamente atractivas y buenos actores, y una guerra mundial como trasfondo. ¿Qué más se podría esperar?

Desafortunadamente, y con el dolor de mi corazón, tengo que confirmar que esta película es toda una decepción. Desperdicia a su respetable elenco y termina siendo una cinta olvidable con demasiado drama insoportable como para ser memorable. De hecho, si no la vuelvo a ver de nuevo en mi vida no tengo problema alguno.

Viviendo con el enemigo se desarrolla en Hamburgo después del final de la Segunda Guerra Mundial. Rachel (Knightley) va llegando a la ciudad para reunirse con su esposo militar, Lewis (Jason Clarke). Como parte del control inglés en la ciudad, son asignados a una de las casas más bonitas de la zona, la cual pertenece a Stefan (Alexander Skarsgård), un alemán que ha perdido todo, pero que aparentemente es de buenas intenciones.

Las cosas se complican cuando Lewis permite que Stefan y su hija se queden en la casa, y así evitar que sean enviados a un campamento. A partir de entonces, la tensión racial entre Rachel y Stefan se convertirá en un amorío pasional que desenterrará algunos resentimientos y hará tambalear la relación entre Rachel y Lewis (naturalmente).

Jason Clarke es lo mejor de la película, sin duda alguna. Su interpretación le agrega una capa de humanidad y sensibilidad a lo que bien pudo ser un personaje más de esposo workaholic que abandona su vida familiar. Sin embargo, momento tras momento Clarke demuestra que su Lewis es una persona razonable, responsable y sensible. Está consciente del costo de la guerra, tanto en Reino Unido como Alemania, y actúa con tacto y objetividad.

Conforme la película avanza, se desenmascaran algunos secretos entre Lewis y Rachel que le dan una capa de complejidad a su abandonada y complicada relación. Ambos actores lo manejan de manera sensible y conmovedora, aunque en particular no me convence la actuación de Knightley, quien es la actriz central de toda la cinta.

Con múltiples dramas de época, pareciera que Knightley ha sido encasillada en este tipo de películas. Honestamente no tengo ningún problema con su constante aparición en este género, y más con películas como Pride and Prejudice (2005), Atonement (2007), Anna Karenina (2012) o The Duchess (2008). Sin embargo, en esta ocasión su actuación se siente forzada y sobreactuada, y no me logra involucrar en su arco emocional, el cual, por cierto, es denso y complejo. Su personaje es antipático, prejuicioso y egoísta.

De hecho, se reconoce que el personaje de Rachel es complicado. Pasa de ser antipático, prejuicioso y egoísta, a dramático y hartante, aunque continúa siendo egoísta. El peso emocional debería caer en sus hombros, pero eso nunca sucede. Más bien Jason Clarke se lleva toda la solidaridad y empatía.

Por su parte, Skarsgård está tan apagado, tanto en apariencia como en actuación, que su Stephan cae un poco en la ridiculez y no logra crear ese amor incondicional por su personaje vital para hacer que la audiencia se involucre con el amor imposible entre los personajes. No se puede negar su atractivo físico, y resulta ser una fuente de emoción a la vida aburrida y frustrada de Rachel, pero su bondad exagerada es demasiada como para volverlo irresistible. Además de que la forma en que inicia el romance es muy boba y forzada.

Asimismo, la manera en que se presentan a los alemanes puede ser problemática. Por un lado, o los presentan extremadamente dóciles y buenos, con Stephan como ejemplo; o por el otro, los ponen como villanos unidimensionales caricaturescos. El trasfondo de Alemania post-Segunda Guerra Mundial proporcionaba una buena oportunidad; sin embargo, la manera en que se maneja este contexto pudo ser más sensible.

Además de Clarke, lo más valioso de la cinta es el vestuario. Cada vestido, abrigo y zapato que le ponen a Keira Knightley es maravilloso. Esta película parece ser un desfile de modas de los 40s. El vestuario se vuelve lo más interesante e inolvidable de la película. De hecho, un atuendo bien podría tener “un quien vive” con el ahora legendario vestido de Atonement.

Viviendo con el enemigo parece tener todo en papel para ser una película decente de su género; sin embargo, en ejecución termina siendo insípida. Los personajes son antipáticos, irracionales y francamente olvidables. Al final, esperamos que una tragedia se presente para que le dé vida y emoción a este drama apagado y aburrido. Si me preguntan, e independientemente de cómo termine, Jason Clarke merece salir corriendo con el vestuario maravilloso de Knightley y olvidar por completo su involucramiento en esta película.

2 thoughts on “Viviendo con el enemigo: un drama romántico insípido e intrascendente

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