Palomita de maíz

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La tierra de hábitos constantes

Escrito el 21 septiembre, 2018 @alessandra_kr

Disponible en:

Directora: Nicole Holofcener

Elenco: Ben Mendelsohn, Eddie Falco, Connie Briton, Charlie Tahan, Thomas Mann, Elizabeth Marvel, Bill Camp, Michael Gaston.

País: Estados Unidos

Duración: 98 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt6485928/

Nicole Holofcener ha cimentado su carrera como directora a través de sus proyectos maduros, inteligentes y con finales inciertos, además de que ha presentado personajes femeninos realistas e imperfectos, haciéndolos más interesantes y distinguibles en el mundo real. Así que decir que estaba esperando con ansias su nueva película es una subestimación. Por fin, después de cinco años lejos de la pantalla grande, Holofcener volvió con La tierra de hábitos constantes, en la cual incluye su sello característico, ahora enfocándose en un personaje masculino, pero con resultados mixtos. A pesar de que presenta una evidente imagen de depresión y auto-boicoteo, la película resulta lenta, larga y cero empática, por lo que es difícil mantener el interés en la película y en los personajes.  De hecho, esta cinta la vi después de Amor de vinilo, lo cual resultó ser una feliz coincidencia, pues ambas retratan la crisis existencial de la edad madura, pero con un tono completamente diferente y, por lo mismo, con resultados distintos. Mientras que en la otra cinta se ve un crecimiento emocional positivo con un final optimista, aquí se ve un lado desesperanzador, pues somos testigos de la auto-destrucción que trae consigo una crisis emocional, después de años de rutina. Lo que resulta peor es que para el personaje principal las soluciones que idea no son las adecuadas, pues una vez que esta fuera de la vida que odiaba, resulta que en verdad eso es lo que quería, pero ahora ya es tarde para recuperarlo. No hay nada mejor que una crisis para darte cuenta en el futuro que el pasado era lo que en verdad querías.

La tierra de hábitos constantes se centra en Anders (Ben Mendelsohn), quien ha decidido iniciar de cero a sus cuarenta y tantos años. Pronto aprendemos que renunció a su trabajo en finanzas, dejó a su esposa (Eddie Falco) y encontró una nueva casa en el vecindario. Sin embargo, esta nueva libertad no es tan excitante como él se lo imaginaba, pues tiene encuentros casuales sin resultados positivos, siente celos por la nueva (y rápida) relación sentimental que su ex esposa entabló con un viejo amigo (Bill Camp), y de plano no puede conectarse con su hijo Preston (Thomas Mann). En conclusión, parece que está arrepentido de sus decisiones drásticas y extraña su vieja vida.

En uno de sus momentos de crisis y estupidez, Anders establece un lazo de amistad con el hijo adolescente de la mejor amiga de su ex esposa, Charlie (Charlie Tahan). Sin embargo, el niño tiene sus propios problemas de drogadicción y de falta de entendimiento con sus padres. De esta forma, la vida de estas dos familias se relacionará de forma irremediable y duradera, pero frustrante y tediosa para los espectadores, pues la manera en que se unen ambas historias es forzada y sin sentido, únicamente para que las escenas dramáticas y emocionales se presenten.  

Es de conocimiento general que Ben Mendelsohn es un extraordinario actor. Después de haber disfrutado de su perfil bajo pero definitorio en cualquier, ahora se ha vuelto el villano por excelencia. Por esto, es realmente refrescante verlo en un papel de un hombre normal y corriente (en crisis). De hecho, Holofcener se encarga de despojarlo de todo sentido de decencia y amabilidad, y lo hace egoísta y perdido. Aunque su crisis existencial es entendible, el problema recae en la forma en que lidia con ésta. Esta película defiende el caso de que el sueño americano ya está caduco y vacío.

De igual forma, Holofcener demuestra con esta película que en realidad, nadie sabe qué onda con la vida. En la película hay múltiples personajes de edad madura que en realidad andan medio perdidos por la vida, lidiando con engaños, falta de conexión, auto-destrucción y soledad. Aquí es donde entra mi problema con la cinta, pues todos en la película son desagradables. Los adultos, quienes se suponen que deberían ser los más cuerdos y racionales, al final del día son las personas más perdidas y vacías; sorpresivamente son los jóvenes quienes manejan los arcos más empáticos; y de hecho, se entiende la razón detrás de sus problemas emocionales (al ver a sus padres y la falta de conexión que mantienen entre ellos).     La tierra de hábitos constantes cuenta con un final apagado, pero realista. A lo mejor ese es mi conflicto principal: la cinta es muy apegada a la pasividad de la vida real como para poder disfrutarla. De igual forma, crea la preocupación adicional de regarla con las decisiones de vida. ¿Qué pasa si comienzas de cero por estar cansado con tu vida para que te des cuenta que en verdad sí querías eso? Es muchísima angustia la que ocasiona, ¿no creen?

Esta película presenta un tema complejo e interrogantes interesantes; sin embargo, la falta de empatía y bondad en los personajes demuestra que la felicidad es mucho más difícil de obtener de lo que pareciera, incluso si se tienes en papel todo lo que se supone que te haría feliz y aún así sigues siendo miserable. Al igual que en sus películas pasadas, Holofcener nos presenta las herramientas para que nosotros lleguemos a las conclusiones. 

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