Fleabag, segunda temporada: cuando un corazón roto, la esperanza y el buen sentido del humor colisionan

En dónde la puedes ver: Amazon Prime

Creadora / escritora: Phoebe Waller-Bridge

Elenco: Phoebe Waller-Bridge, Sian Clifford, Olivia Colman, Jenny Rainsford, Bill Paterson, Brett Gelman, Andrew Scott, Hugh Skinner, Hugh Skinner, Kristin Scott Thomas.

País: Reino Unido

Duración: 2 temporadas de 6 capítulos cada una.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt5687612/

Sencillamente, Fleabag marca un antes y un después en la televisión, y nos introduce la genialidad de Phoebe Waller-Bridge, creadora, escritora y protagonista de esta serie basada en un sketch que desarrolló como respuesta al reto de un amigo. No cabe duda de que la buena fortuna de Waller-Bridge no es un pequeño accidente, pues entre sus siguientes logros está la adorada serie de Killing Eve, la cual ha sido toda una sensación en Reino Unido y Estados Unidos. Además, en estos momentos se encuentra arreglando el guion de la próxima película de James Bond. Si quieres una voz femenina y realista en tu proyecto, no hay mejor respuesta que Phoebe Waller-Bridge.

Prácticamente esta reseña es una carta de amor para Fleabag, serie que con su segunda temporada me amarró, cautivó y traumó ligeramente. El diálogo, la química entre los actores y su humor la hacen única y especial; prácticamente algo que nunca había visto. Asimismo, su parte técnica es esencial para que funcione así de bien: ya sea la edición, las canciones recurrentes o el rompimiento constante de la cuarta pared hacen que se cree una complicidad y conexión especial entre la serie y el espectador.

El hecho de que haya una continuidad evidente y bien fundamentada entre los conflictos y las personalidades de los personajes le da realismo y pureza. El mundo de Fleabag es uno fríamente calculado, ubicado en el Londres actual, el cual es tan minuciosamente revisado que pareciera ser caótico y sin control. Todo funciona de manera perfecta para reflejar la realidad de una mujer con muchísimos problemas existenciales extremadamente identificables. Ya saben, una mujer normal del mundo actual que por fin está en pantalla para representar y reflejar nuestras inseguridades, acciones de autocomplot y uno que otro momento de felicidad y estabilidad.

Fleabag sigue a la titular de la serie, una treintañera londinense que lidia con su personalidad emocionalmente distinta y vacía, mientras intenta vivir. La primera temporada es prácticamente una mirada a la vida autodestructiva de Fleabag acompañada de sentimientos de culpa después de la muerte de su mejor amiga. En esta segunda temporada las cosas son un poquito más optimistas. Esto no quiere decir que los sentimientos de dudas, auto-desprecio y simple desesperación no estén presentes, más bien ahora Fleabag está pasando por un momento semi-estable.

La segunda temporada inicia con un BANG y de la peor manera posible para Fleabag: una cena con su familia, a la que por cierto no ve desde hace un año a partir de lo que sucede en el final de temporada. Para poder entender la magia de esta serie, y la complejidad de las relaciones que se exponen, es necesario presentar a su círculo cercano, quienes, por cierto, conforman LA mejor familia disfuncional en televisión. Su disfuncionalidad y agresividad pasiva es de admirarse, así como la química y ritmo de los actores que la traen a la vida.

Por un lado, está Claire (Sian Clifford), hermana de Fleabag y opuesto completo a ella. Ambas comparten una relación destructiva, agotadora e hiriente, aunque al final del día es evidente que sólo se tienen la una a la otra. Tal y como lo dice Claire en algún momento de la serie, Fleabag es la única persona por la que correría frenéticamente en el aeropuerto. Al inicio de la temporada Fleabag nos promete una historia de amor, y bien se podría hacer el argumento de que ésta es la historia de amor más valiosa de la serie.

Claire está casada con Martin (Brett Gelman), un patán alcohólico que se siente amenazado por la personalidad de Fleabag. Por el otro lado, están el papá (Bill Patterson) de las mujeres y la madrina (GANADORA DEL PREMIO ÓSCAR, Olivia Colman), quien por cierto es un ser despreciable que se convierte en la pareja del papá después de la muerte de la madre.

Para conquistar nuestros corazones y el de Fleabag, en esta temporada el interés romántico es el cura, interpretado magistral y adorablemente por Andrew Scott. A pesar de llegar con una base respetable de fans gracias a su papel en Sherlock como Moriarty, Scott conquista un nuevo nivel de appeal en esta serie. Su química intoxicante con Bridge, su apreciación ciega por Fleabag, su personalidad torturada, su miedo irracional por los zorros y su acento irlandés lo hacen irresistible. Gracias Fleabag por hacerme caer rendida con un amor incondicional por un cura de la iglesia católica (¿¡qué está pasando aquí?!).

A través de seis capítulos pasaremos por momentos de expectativa, frustración, esperanza, nostalgia y dolor, mientras vemos a Fleabag intentando esquivar los errores comunes en los que su personalidad sarcástica y llamativa la meten, a la vez que reconstruye su relación con su familia y descubre la inconveniencia de enamorarse de un cura cool. Esta serie simplemente demuestra el caos de la existencia y los altibajos constantes de la vida, todo esto sazonado con un humor sarcástico, irónico y en punto. En un momento estarán riendo sin parar y en el otro estarán al borde de las lágrimas.

El rompimiento de la cuarta pared es una de las peculiaridades de la serie, lo cual únicamente pasa con Fleabag. Ya sea monólogo interno, mecanismo de defensa o involucramiento directo entre la protagonista y los espectadores, esta herramienta tiene un papel más importante del que inicialmente se presenta, y su evolución es brillante y auto-consciente. La pieza que paulatinamente juega en la vida de Fleabag, hasta llegar al último capítulo es una genialidad.

Esto nos lleva al final de la serie, de la cual ya no se espera una tercera temporada, pues según Weller-Bridge no es necesaria. Por mucho que adore esta serie, estoy de acuerdo con la creadora, pues la manera en que la serie concluye y el cierre de los arcos de los protagonistas ofrecen un sentimiento de completitud. Ya sea la relación entre Fleabag y Claire, Fleabag y su padre, o Fleabag y el cura, la serie nos deja una sensación mezclada de un corazón roto y esperanza.

Las palabras que se dicen, la manera en que se dicen y las reacciones entre los personajes provocan complicidad, empatía y auto-reconocimiento por parte de los espectadores. La serie amenaza con traer recuerdos de amores pasados, incluyendo sentimentales y familiares, y los sentimientos entremezclados con ellos. No obstante, no todo es depresión. Al final también deja una pequeña dosis de esperanza, tal y como sucede con la misma Fleabag.

El amor que tengo por Fleabag es inmensurable, razón por la que espero que esta serie sea vista por muchos. El guion y las actuaciones son únicos y especiales que convierten en maestros a aquellos actores encargados de traer la serie a la vida. Mitad tragedia, mitad comedia, pero siempre realista, Fleabag se ha convertido en un clásico instantáneo a la que recurriré constantemente en momentos de crisis, así como en momentos de alegría, pues proporciona esa complejidad emocional que vivimos a diario. Phoebe Woller-Bridge gracias por crear esta serie perfecta (sonrisa irónica viendo a la cámara).

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