El vicepresidente, más allá del poder: el retrato atroz de un ser despreciable

Escrito el 30 enero, 2019 @alessandra_kr

Disponible en:

Director: Adam McKay

Elenco: Christian Bale, Amy Adams, Sam Rockwell, Steve Carrell, Alison Pill, Eddie Marsan, LisaGay Hamilton, Jesse Plemons, Bill Camp, Lily Rabe, Shea Whigham, Tyler Perry.

País: Estados Unidos

Duración: 132 min.

Palomómetro

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt6266538/

El mundo de la política es despiadado y ruin, y a pesar de que parece que ahorita estamos en el fondo de un hoyo gigante, y más para nuestros vecinos del norte – hola, Trump – Vice nos demuestra que no es del todo cierto. La verdad es que así hemos estado por mucho tiempo, simplemente la sociedad ha decidido ver con nostalgia el pasado ante la crisis de hoy.

En verdad que Adam McKay es un maestro narrativo, pues contar la historia de Dick Cheney, uno de los personajes más sigilosos y malvados de la política estadounidense, y mantener el interés del espectador por más de dos horas, no es tarea sencilla. Sin embargo, McKay escribió un guion lo suficientemente interesante y descarado para mantener la atención. Durante toda la película estuve en un estado de indignación y admiración por este hombre, pues es alarmante la manera en que supo esperar su momento, manipular a todos a su alrededor y volverse el hombre más poderoso de Estados Unidos.

Vice retrata el ascenso de Cheney en el mundo de la política estadounidense. Cheney fue Secretario de Estado, empresario y, principalmente, vicepresidente durante el periodo presidencial de George W. Bush. La película presenta que fue la mente detrás de la invasión a Iraq y las múltiples violaciones a las leyes internacionales en materia de tortura y conflictos armados (de especial interés para esta escritora) después de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Aquí se retrata su historia de “éxito”, empezando como un alumno privilegiado de Yale que termina expulsado, hasta su lucha por superar la mediocridad (la cual nunca deja de estar ahí), para convertirse en LA figura política que sigue cambiando la vida de millones de personas. En cualquier otra película, y con unos resultados menos escabrosos, esta historia sería digna de celebración; no obstante, sus logros profesionales nos dejan un mal sabor de boca al representar un fracaso para la humanidad.

El tono de la película es similar al manejado en la anterior cinta de McKay, La gran apuesta, sobre la crisis económica mundial de 2009. A través de momentos irónicos, narraciones, interrupciones satíricas y uno que otro momento surreal y autoconsciente (McKay sabe que la película es un tanto…liberal), la cinta nos presenta una mirada a las acciones de Cheney y su hambre de dominancia, es alguien que se acopla extremadamente bien a los usos y costumbres del Washington conservador y corrupto. McKay no celebra las acciones de Cheney, de hecho, lo exhibe y denuncia. No obstante, en los ojos equivocados bien se podría pensar que la película es una exaltación del hombre. Así que ¡cuidado! Favor de no tomar a este personaje como ejemplo de vida, pues por muchos argumentos que justifiquen sus acciones como las necesarias para proteger al pueblo americano, pierden la vista de qué tan lejos llegó por tales “ideales y responsabilidades”.

La cinta está nominada a seis premios de la Academia, incluida mejor película y algunas categorías de actuaciones; sin embargo, por muy bien hecha que esté, que sí lo está, hay algo que simplemente incomoda de celebrar un proyecto con tan malvado protagonista. Más que ser celebrada, esta cinta debe funcionar como una constante advertencia del abuso de poder y de la increíble responsabilidad que tienen los representantes democráticos. Es incómodo ver el nivel de impunidad, invencibilidad y separación que Cheney y su familia tienen de las decisiones que éste toma que terminan afectando el destino de miles de personas inocentes, incluidos los mismos estadounidenses, quienes son manipulados y engañados constantemente.

Sobra decir que las actuaciones, en general, son de primer nivel. Christian Bale se transformó (de nuevo) para habitar este personaje. Sus manerismos, la voz, el físico y esa ambigüedad / misterio que Cheney exude, Bale lo maneja a la perfección. De igual forma, Amy Adams como su esposa está como siempre, excelente. Lynne Cheney es una mujer blanca, republicana, privilegiada y separada de la realidad (amo a Adams, pero que por favor no se gane el Óscar por esta interpretación). Steve Carrell también se luce en su papel desagradable de mentor de Cheney, Donald Rumsfeld. Por último, vale la pena mencionar a Sam Rockwell como George W. Bush, quien más que dar una actuación digna de Óscar (está nominado a mejor actor de reparto), su interpretación pasa a ser más una parodia en la cual no tiene mucho que hacer. Pobre Bush, una y otra vez sale – justamente – quemado ante los ojos de Hollywood y la historia.

Esta película, por muy entretenida e indignante que sea, también está densa. Se mencionan nombres y sucesos de la historia estadounidense que pueden resultar confusos o demasiados para los despistados o con memoria corta. No obstante, la película es identificable porque seguimos viviendo las consecuencias, además de que las caracterizaciones están bien logradas (Tyler Perry como Colin Powell está perfecto). De igual forma, también ayuda que en muchas ocasiones se presentan vistazos de los hechos reales, por lo que la documentación histórica es envidiable.

Con todas las cosas que este hombre hizo, uno esperaría sentir alivio de que ya no esté en el poder. Sin embargo, preocupantemente, y como consecuencia de las crisis políticas de la actualidad (hola otra vez Trump), la sociedad está manejando una mirada nostálgica al pasado (¿cuántos americanos no sienten cierta añoranza por Bush?), lo que demuestra el valor esencial de la historia, y de películas como ésta. No cabe duda de que, en temas de política, siempre se puede llegar a un punto más bajo.

Con Vice van a reír, enfurecerse y salir asqueados de aquellos que tienen el poder en sus manos, pero más allá de eso, los hará reflexionar sobre los sucesos del mundo, el valor de la historia y la necesidad de exigir que nuestros líderes respondan ante sus actos. ¡¿Por qué no pueden simplemente usar su poder para bien?!

3 thoughts on “El vicepresidente, más allá del poder: el retrato atroz de un ser despreciable

    1. Es una sátira del personaje. Dados los tiempos políticos que corren era necesario hacerlo así y uno una oda a Chenney. Seguramente es un tipo listo y trabajador, pero eso no evita sus muchos defectos.

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