¿Qué impacto podríamos esperar en Hollywood de las nuevas medidas de inclusión de la Academia?

Escrito el 26 junio, 2020 @la_loulu

En medio del estallido social en Estados Unidos y el mundo entero por el movimiento Black Lives Matter, las protestas se han dirigido también hacia Hollywood por una larga historia de discriminación y fomento de estereotipos raciales en la televisión y el cine.

Específicamente, muchos reclamos han ido hacia a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS, por sus siglas en inglés), organización detrás de la entrega de los Premios Óscar, debido a una constante subrepresentación de las minorías en las categorías premiadas anualmente, así como por la falta de diversidad en la comunidad votante.

No obstante, estos malestares no son nuevos. Más bien, se pusieron en evidencia de forma viral en redes sociales en 2015 gracias al hashtag #OscarsSoWhite. La situación llegó a un punto de indignación difícil de ignorar el año siguiente, cuando por dos años seguidos solo actores caucásicos fueron nominados en las cuatro categorías correspondientes.

De hecho, la situación no ha cambiado drásticamente. En el artículo de The New York Times – The Hashtag that Changed the Oscars: An Oral History publicado en febrero de este año, varias personas fueron entrevistadas sobre el hashtag que cambió los Oscars”, y la forma en que se involucraron en el cambio. Entre las personas que participaron destacan Cheryl Boone Isaacs, ex presidenta de la Academia; April Reign, la creadora del hashtag; y directores como Spike Lee, Ava Duvernay y Barry Jenkins, entre otros.

Este artículo incluyó un breve recuento de los hechos respecto a las nominaciones a los Premios Óscar de 2015 y 2016 (año en que se presentaron las primeras medidas de inclusión mediante la iniciativa A2020), además de abordar los eventos de las ceremonias de 2017 y 2018, y las nominaciones de 2019. Ahora este artículo es interesante de revisar a la luz de los recientes eventos que han llamado la atención del mundo y de los que Hollywood no ha podido ser ajeno.

Recientemente, David Oyelowo reveló en una entrevista que, en 2014, cuando el elenco y la directora Ava Duvernay aparecieron en la premier de la película Selma usando camisetas con la frase “I can’t breathe” en referencia al asesinato de Eric Garner, miembros de la Academia llamaron al estudio y a los productores de la película para decirles que no votarían por esta “porque no les correspondía a los actores hacer eso (protestar)”.

Duvernay confirmó la historia vía Twitter, algo que ya había mencionado brevemente en el artículo del NYT, demostrando que las historias están ahí, el problema recae en la falta de interés por elevar las denuncias.

Ante la confirmación de DuVernay en redes, y la indignación de sus seguidores, la misma Academia dio una respuesta condescendiente que bordeó en la actitud superficial de una empresa telefónica cuando un usuario se queja por un mal servicio.

Lo cierto es que durante las más recientes protestas sociales, la Academia se unió a una variedad de instituciones y empresas para expresar solidaridad al movimiento Black Lives Matter. Una de sus respuestas principales fue el anuncio de más acciones en el marco de su iniciativa de igualdad y equidad.

Estas nuevas medidas, que siguen la línea de aquellas impulsadas por Cheryl Boone Isaacs en 2016, se dieron a conocer hace unos días. Por un lado, algunas van dirigidas a la Academia como institución, por ejemplo, al definir un curso obligatorio de parcialidad inconsciente para el cuerpo de Gobernadores. Asimismo, la Academia seguirá fomentando el incremento de diversidad en los nuevos miembros invitados y acortará los plazos de mandato de los gobernadores.

Además, hay una variedad de medidas enfocadas en el público en general y en los artistas que forman parte de grupos subrepresentados, incluyendo charlas y conversatorios, programas educativos, becas y el compromiso por parte del Museo de la Academia – a inaugurarse en 2021 – a crear espacios “que resaltarán y priorizarán la experiencia de las personas tradicionalmente subrepresentadas o marginadas”.

Sin embargo, lo que llamó más la atención fueron las medidas que apuntan directamente a la temporada de premios. La primera – y la más visible – se refiere a que el número de cintas nominadas en la categoría de Mejor Película quedará fijo en 10, cambio aplicable a partir de la ceremonia número 94 a realizarse en 2022. La segunda fue la implementación de la Sala de proyección de la Academia y un proceso de visualización trimestral para facilitar la exhibición de las películas estrenadas en el año.

Estas medidas han sido recibidas con cierto entusiasmo. Contrastantemente, la acción enfocada en “fomentar prácticas de contratación equitativas y representación dentro y fuera de la pantalla para reflejar mejor la diversidad de la comunidad cinematográfica” ha sido interpretada por algunos como una suerte de “censura” y limitación a la industria del cine.

¿Pero, qué tan legítimas son las dudas dirigidas a esta medida en particular?

Una de las acciones de la Academia será la creación de un grupo de trabajo para desarrollar e implementar nuevos estándares de representación e inclusión para la elegibilidad de los Premios Óscar. No obstante, esta aplicará a partir de la siguiente temporada de premios. Consecuentemente, podemos inferir que por ahora éste es solamente un paso declarativo a falta de conocer las decisiones concretas de dicho grupo de trabajo.

Antes de que se denuncie la “corrección política” de esta medida, estaría a bien recordar que el British Film Institute ya tiene desde 2019 una guía de Criterios de diversidad. De hecho, las películas que compitieron en los BAFTA (en las categorías de Mejor película británica y Mejor debut por un guionista británico) y BIFA de este año tuvieron que seguirlos para poder ser seleccionables.

La condición es que las películas presentadas cumplan al menos dos de cuatro criterios de diversidad de dicha guía.[1] Una revisión rápida de la iniciativa británica nos puede dar una idea sobre a dónde podría apuntar la Academia.

Algo que se suele malinterpretar acerca de las oportunidades para grupos subrepresentados (los cuales consideran además de la raza, la religión, orientación sexual, discapacidad e incluso la edad y maternidad, entre otros) es que únicamente se deben traducir en historias en la pantalla. Sin embargo – y como señalan los criterios establecidos en la guía del BFI – las oportunidades deben ir más allá de eso, enfocándose también en el trabajo creativo y detrás de cámaras; programas de entrenamiento remunerados; y en el desarrollo de audiencia, enfocado, por ejemplo, en festivales y firmas productoras.

Sería ingenuo pensar que los cambios que pretende establecer la Academia serán una cura mágica a un problema sistémico que va más allá de la industria del cine. Aun así, no se puede negar la colaboración de Hollywood como industria en la creación y fomento de estereotipos, así como en la idealización de comportamientos, patrones de conducta, e incluso periodos históricos. Por lo mismo, ninguna de sus acciones para ayudar a un cambio positivo se podría considerar fútil.

Ahora bien, ¿hasta qué punto estará dispuesta la Academia y la industria a admitir responsabilidades pasadas, pero sobre todo a cambiar las cosas de cara al futuro?

Lo que está claro es que se necesitan cambios, los cuales, históricamente hablando, siempre se han resistido. Por ejemplo, en el artículo del NYT ya mencionado pueden leerse algunas reacciones negativas a la iniciativa de 2016 de incrementar la diversidad en los nuevos votantes de la Academia, tachando los esfuerzos de “una capitulación a la corrección política”.

Lo más probable es que cualquier medida genere reacciones negativas – en especial por parte de aquellos grupos que se han beneficiado por años del estatus quo –, confusión y desconcierto, pero eso no significa que se deba dejar el camino correcto para retroceder a dar palmadas en el hombro a gente para la que el mundo está bien como está ahora.

Hay probabilidades de que los cambios a instaurarse no sean radicales. Hay aún más probabilidades de que sus efectos no sean inmediatos y tengan muchos matices a explorar.

Recordemos que, por ejemplo, la Iniciativa A2020 ha tenido resultados mixtos. En la ceremonia de 2019, tras tres años de su existencia, hubo un récord de ganadores afroamericanos, siete en total, a la vez que Green Book fue la ganadora a Mejor película.

Ahora, y en su momento de estreno, esta cinta fue criticada precisamente por seguir la larga tradición de Hollywood de tratar el tema del racismo desde la perspectiva del “salvador blanco”. Precisamente, la existencia de voces diversas en la industria podría evitar este tipo de errores representativos. Por esto, los esfuerzos se deben fortalecer.

No se trata de normalizar un ciclo de publicaciones resentidas y las disculpas correspondientes en redes sociales, ni de “ceder” lugares en la mesa, sino de actuar a favor del cambio y mejorar las condiciones de representación y respeto en la industria del entretenimiento.

No podemos ignorar que esta industria está presente en todas partes. Millones de personas contribuyen a su hegemonía tanto de manera casual, al ir al cine o ver una película, o conscientemente, a través del desarrollo de películas, críticas, historias o reflexiones. Ya no es vigente que el cine sea consumido por muchos, representando a pocos y siendo explotado por unos cuantos.

 

[1] Criterios de Diversidad BFI: 1. Representación en la pantalla, temas y narrativas. 2. Liderazgo creativo y equipos de proyecto. 3. Acceso y oportunidades en la industria y 4. Desarrollo de audiencia.

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