Quantum of Solace: una carrera en contra del dolor

Escrito el 19 agosto, 2021 @ECinematografo
Como preparación para el estreno de No Time to Die, estaremos visitando películas de 007.
*Esta reseña contiene spoilers de Casino Royale y Quantum of Solace.
Daniel Craig y Olga Kurylenko en Quantum of Solace. Dir. Marc Foster, 2008. MGM y Columbia Pictures.

James Bond (Daniel Craig) y un grupo de asociados viajan en taxi a través de La Paz, Bolivia. Mathis (Giancarlo Giannini), uno de sus compañeros, intenta hablar por teléfono, pero no logra atender la llamada porque el taxista está vociferando sobre las circunstancias actuales de su país. Más adelante, y en extremas circunstancias, estos héroes de acción se enterarán de un malévolo plan que destruirá al pueblo boliviano, una conspiración de la que pudieron enterarse antes de haber escuchado al conductor indignado.

En Quantum of Solace, la segunda película con Daniel Craig interpretando al agente 007, Bond no quiere salvar al mundo o escuchar a un taxista. Quiere dar con la misteriosa organización responsable de la muerte de Vesper Lynd (Eva Green), la mujer que amaba. El título tan extraño de esta pieza fue extraído de un cuento escrito por Ian Fleming, que se traduce como Medida de consuelo. El trabajo mencionado se refiere al grado de amor mínimo que debe existir entre dos amantes para que su relación sobreviva. En la película, el título corresponde al inconcebible dolor de Bond y su camino hacia la reconciliación consigo mismo.

Quantum of Solace intentó hacer justicia a las ambiciones de su verborreico título, pero la historia turbulenta de su producción nublaría el alcance de su estructura narrativa. Cuando la huelga de guionistas de 2007-2008 impidió que se puliera el guion dada la ausencia de los escritores en el set, el director Marc Foster y el actor Daniel Craig se vieron en la tarea de escribir secuencias y diálogos mientras la película era filmada. Más adelante, Craig describiría esta experiencia como abrumadora.

Si bien Foster tenía la intención de hacer una película tan “rápida como una bala”, su película parece ser un acto de improvisación. Aunque el ritmo de Quantum of Solace corresponde a la urgencia de las acciones de Bond, tanta velocidad parece ocultar las falencias de una trama que no sabe si quiere funcionar por su cuenta o ser una secuela directa de Casino Royale (Martin Campbell, 2006), sin explicar a la audiencia los eventos de esta cinta. La secuela abre con una impresionante, pero confusa persecución que termina con Bond sacando a un hombre de la cajuela de un auto. Para el público actualizado, Bond secuestró exitosamente a uno de los responsables de la muerte de Vesper, pero para el resto, este hombre no tiene sentido.

Daniel Craig en Quantum of Solace. Dir. Marc Foster, 2008. MGM y Columbia Pictures

La película salta de continente en continente sin descanso, reflejando el apurado estado psicológico de su protagonista. Siguiendo a Bond desde los eventos de Casino Royale, su fachada de hombre masculino y seguro parece quebrada; ahora es presentado como un agente distante y silencioso, que no admite su duelo, no debe respeto a sus superiores y asesina a cualquiera que implique un callejón sin salida en su camino. Solo hasta después de la frenética primera mitad de la cinta, compartimos el duelo de Bond al compararlo con el de Camille Montes (Olga Kurylenko), una agente que asiste a Bond en su batalla contra una empresa “ambientalista” que busca comprometer las reservas de agua de Bolivia, mientras completa su propio viaje de venganza.

En uno de los puntos más interesantes de Quantum of Solace, Bond y su nueva aliada se enfrentan a una corporación que permite la instauración de dictaduras en países latinoamericanos para robar sus recursos naturales. Las acciones de Quantum, una empresa privada, están basadas en una crisis real: la Guerra del agua en Cochabamba, Bolivia.

En la cinta, el malvado Dominic Greene (Mathieu Amalric), un hombre de apariencia común y sin cuerpo de supervillano, encanta inversionistas para que le entreguen las fuentes de agua del desierto para construir represas y cobrar por este recurso, mientras instituciones de inteligencia, como la CIA, esperan su tajada de beneficios. Bond y Camille son testigos de cómo la gente de la región es condenada a morir de sed. Sus expresiones son silenciosas: no sabemos si están inspirados a ayudar a los bolivianos, o si quieren seguir dando rienda suelta a sus planes personales.

Olga Kurylenko en Quantum of Solace. Dir. Marc Foster, 2008. MGM y Columbia Pictures.

Bond es confrontado por sus acciones impulsivas y erráticas. M (Judi Dench) le muestra no solo las consecuencias de sus actos, sino también las expresiones nocivas de su duelo. Bond resulta indirectamente responsable del fallecimiento de la agente Strawberry Fields (Gemma Arterton), una empleada prometedora encomendada con la tarea de mantenerlo fuera de peligro, con quien tiene un encuentro fugaz. Bond compromete su identidad al seducirla, y no cae en cuenta de sus acciones hasta que ve su cuerpo torturado. Su adicción al sexo también se manifiesta en su relación con Camille. Al despedirse de ella, Bond se lanza a besarla. Ella es prudente y rompe cordialmente después de comentar que “le gustaría liberarlo” de su pena.

Existe cierto aspecto de tristeza inherente en Quantum of Solace en momentos puntuales en los que Bond enfrenta su dolor. Después de traicionar la confianza de Mathis por una decisión irracional, Bond lo acompaña en su lecho de muerte. Este hombre le invita a perdonar a la mujer que le traicionó y a sí mismo. Esto parece impactar a Bond, quien parece abandonar su cruzada de destruir una organización secreta para reconciliarse con la imagen que tenía de Vesper, quién parecía querer protegerlo pese a haberlo traicionado. Este perdón se convierte en su medida de consuelo.

Quantum of Solace es una continuación competente de su predecesora, más no una buena película por su cuenta. La historia considera la ira de su protagonista hasta un punto en que es creíble su capacidad de continuar con su vida a pesar de su duelo. Aún con el apuro que la película demuestra en su primera parte, la siguiente porción se beneficia de la exposición de una crítica sutil a la política exterior contemporánea y la privatización de los recursos naturales, incluso con personajes que salvan al mundo en el curso de una venganza inconsolable.

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