¿Por qué las películas basadas en videojuegos no son buenas?

En lo que va de 2018, han salido dos adaptaciones de videojuegos en cines, Rampage y Tomb Raider. Además, se anunció la producción de dos nuevas adaptaciones: Doom y The Division. Pese a la emoción que estas películas nos pueden causar, lo cierto es que la adaptación de videojuegos a películas tiene malos antecedentes. Incluso las películas que podríamos considerar como las mejores adaptaciones, tales como Final Fantasy (2001), Silent Hill (2006) y TombRaider (2001) carecen de muchos elementos que volvieron clásicos a los juegos; además de que no se puede decir que son excelentes cintas desde el punto de vista cinematográfico, o exitosas desde el punto vista de recaudación en taquilla.

En general creo que el fracaso en la adaptación de videojuegos a películas se debe a tres aspectos:

En primer lugar, no han resultado exitosas las adaptaciones que son extremadamente fieles a la fuente original, ya que apelan solamente a los fans al dar por sentado que el espectador cuenta con el antecedente suficiente para entender las referencias y guiños (easter eggs) que se presentan en las cintas. Como ejemplos tenemos, Final Fantasy: La fuerza interior (2001), película animada que narra el esfuerzo de los científicos Aki Ross y Doctor Sid por derrotar a una raza alienígena conocida como Phantoms. Esta cinta ha sido elogiada por sus avances en la animación y por su fidelidad a la trama. No obstante, no logró convertirse en un éxito comercial. Si bien posteriormente hubo secuelas, ninguna ha logrado alcanzar un desempeño aceptable en los cines occidentales.

Otro ejemplo es Silent Hill (2006), adaptación fiel si hablamos de recrear un videojuego en la gran pantalla. Cristophe Gans logró que la cinta tuviera un ambiente similar al juego (nebuloso y oscuro), incluyendo la ambientación y la sensación de que la peor pesadilla del jugador lo está esperando conforme avanza. No obstante, en taquillas su rendimiento fue pobre y la critica la destrozó, alcanzando apenas un 30% en el sitio de críticas Rotten Tomatoes.

En segundo lugar, otro problema importante es justamente lo opuesto, es decir que las películas no tengan mucha relación con el juego; y para muestra hay dos ejemplos clásicos. Por un lado, Super Mario Bros (1993) se desarrolla en un mundo postapocalíptico regido por un tirano que busca modificar genéticamente a los humanos para hacerlos sus esclavos…es en serio, de eso trata la película.

La cinta es tan mala que sus protagonistas la repudian, y por cierto sus protagonistas son actores reconocidos: Bob Hoskins como Mario, John Leguizamo como Luigi y Dennis Hopper como Bowser Koopa. La cinta es mala por sí misma y en comparación al videojuego; se siente forzada y con escenas que no llevan a ningún lado. En cuanto a los personajes, ¿cómo transformaron a Mario de un plomero italiano a líder de una revolución para derrocar un régimen tiranico? ¿A quién se le ocurrió? Aparentemente, uno de los escritores del guion era Ed Solomon famoso por escribir Bill & Ted’s Excellent Adventure y Men in Black.

Por el otro lado, tenemos a Doom, la puerta del infierno. Fue dirigida por Andrzej Bartkowiak (Romeo debe morir) y estrenada en Estados Unidos en 2005. Esta película destruye la trama del juego original. Doom, el juego, es sobre un marine espacial enviado a Marte a enfrentar a una contingencia relacionada con la apertura de una puerta al infierno. Lo cual sea dicho de paso es una premisa muy básica y, en mi opinión, no alcanza para construir una película. No obstante, en la cinta eliminan los elementos satánicos y meten una justificación científica que buscan explicar una y otra vez sin resultados positivos. Además, cambian la personalidad del marine, de un despreocupado asesino a un alma taciturna que perdió su familia…mega fail.

Finalmente, el último problema es la pobre elección de videojuegos a adaptar. Hay múltiples ejemplos de cintas donde la historia del videojuego es escasa y que aun así se han vuelto películas.

Por ejemplo, Need for Speed de Scott Waugh, en la que participa Aaron Paul (Breaking Bad), es una película que narra la historia de Tobey Marshall y sus problemas con la ley, una versión “chafa”, si es que cabe, de Rápido y Furioso. En los juegos, todo se trata de correr y mejorar tu carro, los diálogos y el desarrollo de la historia se ignora, es más, a veces hasta se evita.

Street Fighter (1994) y Mortal Kombat (1995) son otros ejemplos claros de cómo se han elegido videojuegos sin historias y aun así los convierten en películas. Las tramas de los juegos son básicamente inexistentes o mínimas. Sus fans amaban los juegos por la emoción de las peleas, no por la compleja trama.

No obstante, hay casos donde todo pareciera ir bien, la trama es fiel al videojuego, pero no lo demasiado para hacerla demasiado “especializada”; la elección es sobre un videojuego que ya ha sido adaptado a libros y a cortos animados por lo que ya está probada su calidad y no obstante la película falla. Tal es el caso de Assassin’s Creed (2016) dirigida por Justin Kurzel y con la actuación de Michael Fassbender, Marion Cotillard y Jeremy Irons. En dicha cinta no fue la adaptación el problema, ni la calidad de los actores. Parece ser que el problema fue simplemente el guion y la dirección, volviendo una potencial película de éxito es una cinta odiada por la crítica y el publico.

Resumiendo, si se quiere hacer una buena adaptación de videojuego yo creo que es necesario tomar de referencia el material original sin ser un purista y elegir un videojuego con buena trama (The last of Us, Gears of War, Mass Effect podrían ser buenas propuestas). Esperamos que las películas a estrenarse próximamente no nos decepcionen y ojalá, tanto productores como directores y guionistas, aprendan de los errores del pasado.

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