Petite Maman: una carta de amor a la inteligencia infantil

Escrito el 30 marzo, 2022 @CesarAndreZzZ
Esta pieza contiene spoilers de Petite Maman.
Petite Maman
Petite Maman. Dir. Céline Sciamma. Neon. 2021.

El estudio de la psicología infantil resulta cautivante porque, de alguna forma, nos permite conocernos mejor a nosotros mismos. La infancia es una etapa clave en la que la percepción y compresión de nuestro entorno es determinante para nuestra estabilidad emocional a corto y largo plazo. Los niños tienen la inteligencia suficiente para formular preguntas y preocupaciones sobre los problemas que les rodean, y el silencio y la indiferencia de los adultos los llevan a buscar sus propias explicaciones. En la niñez, la mente es absorbente como en ninguna otra etapa de la vida.

El tema del duelo es particularmente interesante, pues es un proceso natural que vivimos de formas variadas. Si el duelo es duro para un adulto, resulta más difícil para un niño. Su sensación de seguridad se tambalea. La pérdida repentina genera una impresión de falta de control y seguridad que puede ser abrumadora. La muerte de un ser querido viene con cambios inminentes para la vida de cualquiera, y entre una cantidad tremenda de emociones, destaca la consternación de pensar que no se le volverá a ver.

Para un niño, especialmente aquellos menores de 10 años, es difícil comprender y asumir las ideas espirituales que los adultos usan para mediar con el duelo. Cada niño va a tener su forma de expresión de lo que siente, por lo que es importante mostrarse atentos y ayudarles a que se den cuenta de que, sea cual sea esa expresión, es respetable.

Céline Sciamma y su respeto por la infancia

En el cine, pocas veces se otorga ese merecido respeto a los niños y a los procesos individuales que atraviesan. Muy a menudo son reducidos a una mera gracia burlesca para los espectadores adultos. Las excepciones a la regla son notorias y se agradecen.

En Petite Maman, Céline Sciamma, uno de los mejores talentos que tenemos en el cine, vuelve a trabajar con infantes después de su aclamada Tomboy (2011). En aquella cinta, la directora francesa presentó un estudio sobre la identidad de género siguiendo a Laure (Zoé Héran), una niña de 10 años que adopta la identidad de Mickaël al mudarse a una nueva zona. Lo maravilloso de esta cinta es que muestra lo delicado y espontáneo que es el proceso de identificación de los niños, así como la dignidad necesaria que los adultos deben otorgar a su proceso propio de identificación.

Petite Maman
Petite Maman. Dir. Céline Sciamma. Neon. 2021.

Sciamma demuestra nuevamente en Petite Maman que tiene un control absoluto sobre sus actores y les permite la libertad necesaria para una expresión auténtica que incrementa las emociones de su relato. Aquí, Sciamma roza el relato fantástico para regalar una corta, pero potente fábula sobre el duelo en la niñez y el amor entre madre e hija.

La película inicia con Nelly (Joséphine Sanz), una niña de ocho años que se despide de todas las ancianas que ve en las habitaciones de un hospicio hasta que finalmente llega a su madre Marion (Nina Meurisse), quien la espera en una sala de estar con rostro contemplativo y apagado. Nelly acaba de perder a su abuela materna, y junto a sus padres, viajará a la casa remota de la abuela para venderla.

Su madre está desolada y afrontando la tristeza de su propio duelo. Se siente sobrecargada emocionalmente para seguir en una casa que le trae dolorosos recuerdos, por lo que la labor de limpiar el hogar de la abuela queda en manos de Nelly y su padre (Stéphane Varupenne). Una tarde, Nelly conoce en las cercanías de un bosque a una niña de su misma edad llamada Marion (Gabrielle Sanz), el mismo nombre de su madre.

La amistad de las niñas es el factor determinante sobre el que gira la trama, que más temprano que tarde y con detalles ingeniosos, arroja un giro que se encuentra con la fantasía: Nelly nota que Marion es en realidad su madre de quizá otra vida u otro tiempo. Esta teoría la confirma cuando Nelly identifica a su abuela recién fallecida en una de las habitaciones de la casa de su nueva amiga.

De esta forma, Petite Maman es un grito de dignidad al cuidado emocional de los niños. Desde su punto de partida, la pequeña Nelly, introvertida, callada y repleta de pensamientos por la muerte de su abuela materna, exhibe las inquietudes y preguntas comunes que un niño experimenta con la muerte de un ser querido. La escena inicial con las habitaciones del asilo en el que murió la abuela es clave, pues éstas representan las cargas emocionales de las protagonistas femeninas. Madre e hija viven el duelo a diferentes niveles y formas por su diferencia de edad.

Las angustias infantiles y la responsabilidad adulta

Petite Maman
Petite Maman. Dir. Céline Sciamma. Neon. 2021.

Sin establecer ningún juicio hacia la madre de Nelly, puesto que se hace un trabajo excepcional en comprender sus motivaciones para no estar en la casa de la abuela, entendemos que Nelly queda a merced de sus propios pensamientos angustiosos que no tienen respuestas definidas. Estas dudas sobre la muerte no son resueltas de manera apropiada por el propio dolor de la madre de Nelly, el cual busca evadir.

Con escasos personajes, la película cuenta una historia universal: la del dolor que todos sentimos ante la pérdida de alguien que amamos y las explicaciones que pedimos cuando esto ocurre. En la tan vulnerable infancia, cargada ya de por sí de una intensa imaginación, el duelo se vive a través de fases que debemos guiar, orientar y, sobre todo, respetar.

Los adultos no deberían tener miedo a compartir la tristeza, la rabia y la impotencia delante de los niños, ya que, el mostrarse como seres vulnerables, facilita el acercamiento emocional de los niños hacia ellos. De alguna manera, los pone a su mismo nivel y enseña que la expresión de estas emociones es normal.

Nelly pasa por las etapas del duelo, desde la negación hasta la tristeza y la rabia, junto a Marion. Específicamente, Nelly se enfoca en el dolor de que no pudo darle un último adiós a su abuela, algo que es necesario para los niños, pero que lamentablemente no siempre se tiene la oportunidad.

La despedida de un ser querido es particularmente simbólica para los niños, ya que ayuda a construir la idea de que no es una simple desaparición temporal de esa persona, facilitando así la explicación del complejo concepto de la muerte. Las experiencias y expresiones de Nelly son un recuerdo enternecedor y melancólico de la inocencia de la niñez, así como de su creciente inteligencia. Petite Maman nunca subestima a su protagonista, y aquella escena en la que le comenta a su amiga Marion como los adultos parecen demasiado preocupados en resolver sus propias preguntas como para responder las de ella, es devastadora. Para los niños es fácil sentirse olvidados, desplazados e ignorados. Su percepción aguda de las emociones de los padres es determinante de qué tan abiertos y retraídos serán con sus propias emociones.

La esperanza de sanar y abrazar nuestras emociones

Petite Maman
Petite Maman. Dir. Céline Sciamma. Neon. 2021.

En detalles tiernos, Petite Maman nos habla a todos, independientemente de la edad, regalando una reflexión sobre aceptar y vivir el dolor que el duelo tiene para nosotros. Las trágicas pérdidas que marcan nuestra vida a temprana edad quedan grabadas en nosotros de una forma particular y nos acompañan en la adultez.

Céline Sciamma envía un mensaje de orgullo a nuestro propio dolor y nostalgia, permitiendo aceptar la propia humanidad vulnerable sin juicios para ningún personaje. En el centro está el amor entre madre e hija. La mamá de Nelly, de manera comprensible, está absorta en su propio dolor y se le dificulta estar ahí para su hija. Sin embargo, eso no cambia el hecho de que su vínculo irrompible es lo que da vitalidad a ambos personajes. Nelly y Marion mamá viven su viacrucis emocional de manera individual y colectiva, y sus lazos afectivos hacen de esta tragedia una experiencia llevadera.

Petite Maman también se enfoca en el valor de los recuerdos. Cuando un ser querido fallece, hay cosas que nos harán recordar el impacto que tuvo en nuestras vidas, sean crucigramas o un platillo especial. Es imposible no sentirse conmovido con el recuerdo de nuestra propia humanidad, narrado con una delicadeza que es devastadora y trasciende cualquier tipo de fronteras.

Si hay algo particular que nos deja la película de Sciamma, es el hecho de que no hay sentimientos pequeños. En nuestra vida, todos serán válidos y dignos de vivirse. Merecemos a alguien a nuestro lado que nos escuche y oriente en esos momentos donde parece que la oscuridad nos va a consumir. Cuando aceptamos esa faceta cruda y devastadora de la vida, desbloqueamos la parte más compleja de nuestra humanidad: es que nos demanda seguir adelante, aun sintiendo dolor.

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