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Past Lives: el existencialismo millennial y los idealismos de amor

Escrito el 19 marzo, 2024 @CesarAndreZzZ

“La mayoría de las personas cree que el amor está constituido por su objeto, no por su facultad.”

– Erich Fromm, El arte de amar (1956)

Past Lives. Dir. Celine Song. A24. 2023.

Entre tantas historias idealistas sobre el amor que se encuentran el cine, no es de extrañar que los golpes de realidad sobre sus complejos matices destaquen entre la audiencia. Past Lives, de Celine Song, es una refrescante dosis de realidad que evoca una crisis existencial al confrontarnos con las necesidades, caprichos y anhelos neuróticos que surgen inevitablemente en las relaciones humanas.

Song muestra que los conceptos que establecemos sobre el amor son frágiles, ambiguos y transitorios, por lo que resulta interesante comparar su propuesta sobre el amor romántico con la psicología del amor y las relaciones interpersonales. Dos de los más grandes autores sobre el tema son Robert J. Sternberg, psicólogo que dedicó gran parte de su carrera a explorar los significados subjetivos del amor en la experiencia humana, y Erich Fromm, psicólogo social y filósofo que reinterpretó brillantemente la teoría freudiana y criticó fervientemente las dinámicas sociales del capitalismo.

Sternberg planteó que el amor es una de las más intensas y deseables emociones humanas, y representaba para él una dualidad inquietante: por amor se cometen los más atroces crímenes y los más decadentes actos morales. Según él, esto se debía a que el amor es capaz de sacar nuestras peores facetas al apelar a la desesperada necesidad de conexión y, más importante aún, de pertenencia.

Por su parte, Fromm escribió en El arte de amar de 1956 un manifiesto humanista sobre la complejidad del constructo amoroso y los malestares emocionales que ocasiona en los humanos. Una reflexión de Fromm que ha cavado en mi mente es aquella en la que plantea lo absurdo de las expectativas ciegas ante las relaciones y cómo los humanos definimos el constructo del amor en función de un objeto y no en la capacidad de amar en sí.

Song explora el constructo del amor desde múltiples facetas que evocan lo estudiado por Sternberg y Fromm. La dramaturga convertida en directora/guionista navega a través de los conceptos arquetípicos de destino, vidas pasadas y anhelos de reencuentros, reinventando estas nociones idealistas desde la melancolía millennial y la crisis existencial de los adultos jóvenes que no sabemos si estamos tomando las decisiones correctas.

Song empieza su historia en Seúl, Corea del Sur, mostrando a los amigos Na Young (Seung Ah Moon) y Hae-Sung (Seung Min Yim). Al borde de la adolescencia, su vínculo es frágil y encantador. Regresan a casa hablando juntos, compiten con sus calificaciones, se hacen dibujos con marcador en el brazo y juegan en un parque mientras sus madres conversan. Su incipiente romance es interrumpido cuando la familia de Na Young se muda a Canadá, dejando a ambos preguntándose qué sería de su relación en otras circunstancias de vida.

“Cuando dejas algo atrás, ganas algo también,” dice la madre de Na Young a la de Hae Sung. Esta frase emotiva condensa la naturaleza impredecible y fortuita de la vida y el amor. Na Young adopta el nombre de Nora para adaptarse a la vida occidental. En las próximas dos líneas del tiempo, Nora (Greta Lee) y Hae-Sung (Teo Yoo) tienen dos reencuentros: uno a través de videollamadas en la época de Skype y otro de manera presencial cuando Nora vive en Nueva York, trabajando como escritora y casada con el dramaturgo estadounidense Arthur (John Magaro).

En este viaje temporal Song sintetiza las neurosis de sus personajes. La personalidad de cada uno está trazada y el lenguaje cinematográfico de la cinta transmite la melancolía inherente a la fragilidad del amor. De esta manera, Past Lives hace una introspección sobre los sueños irrisorios que establecemos en función de nuestras necesidades afectivas, construyendo así un manifiesto de empatía, rico en contenido psicológico.

Celine Song y Robert J. Sternberg: poetas existencialistas y melancólicos

Song nació y vivió durante 12 años en Corea del Sur hasta que sus padres se mudaron a Ontario, Canadá. Estudió psicología antes de graduarse en escritura teatral en la Universidad de Columbia en 2014. En una entrevista con NPR explicó que parte de la historia de Past Lives se relaciona con su propia vida, explicando que ve a Nora como una versión ficticia de ella misma. Su experiencia como migrante coreana en Canadá y luego en Estados Unidos le permite reflexionar sobre la crisis existencial de Nora, no solo a nivel romántico sino personal y profesional.

Hay dos elementos particulares que elevan a Past Lives por encima de otros dramas románticos. El primero es la autoconsciencia de los arquetipos románticos, evidenciada a partir de un simpático juego de metaficción. El segundo es una reflexión sobre las distintas formas en las que se puede expresar el amor: todas son imperfectas y están alimentadas por las inseguridades de los protagonistas, pero cada una es admirable y hermosa de contemplar.

De la misma manera en que Song escribe sobre las distintas maneras en las que las personas expresamos e interpretamos el amor, el psicólogo estadounidense Robert Sternberg comenzó a desarrollar en 1986 las bases de lo que sería su más grande aporte a la psicología: la teoría triangular del amor. No sería hasta 1989 en su libro El triángulo del amor: intimidad, amor, compromiso en el que Sternberg explicaría a profundidad la complejidad de la experiencia del amor entre humanos y cómo las definiciones de amor que establecemos en nuestra vida se arman en función de componentes específicos.

En su teoría, propuso tres elementos básicos que componen las relaciones amorosas: la intimidad, la pasión y el compromiso, que, siguiendo una metáfora geométrica, ocupan los vértices de un triángulo. El triángulo bajo el enfoque de Sternberg simboliza las formas de amar y de expresar las ideas de amor, mismas que se construyen desde la infancia. Con tres personajes perfectamente definidos navegando en tres periodos de tiempo, Past Lives es un triángulo de perspectivas, cada personaje siendo una cara oculta del otro.

La teoría de Sternberg no es perfecta. Como la de muchos otros psicólogos de su época, resulta reduccionista. Sin embargo, uno de los aspectos valiosos que podemos sacar de ella, es que, al igual que Past Lives, muestra que cada persona ama y expresa amor en función de sus propias experiencias y capacidades emocionales. Sternberg también escribió sobre la naturaleza imperfecta, cambiante y conflictiva del amor. En una escena de Past Lives, Nora compara la convivencia en pareja con “plantar dos árboles en una maceta”, cada uno necesita forjar sus propias raíces antes de pensar en coexistir juntos en un mismo plano.

Resulta curioso ver cómo los tres personajes de Past Lives encajan en los tres puntos del triángulo de Sternberg. Nora, Hae-Sung y Arthur expresan intimidad, pasión y/o compromiso a su propia manera, esperando del otro una respuesta concreta que valide ese sentimiento. Sin embargo, descubren que amar es una experiencia desgarradora de incertidumbre y expectativas maleables. Al observar Past Lives desde el enfoque triangular de Sternberg, los personajes adquieren una nueva perspectiva respecto al por qué y para qué de sus acciones y omisiones.

 

Nora: intimidad y melancolía

“Aquí es donde me encontré a mí misma. Significa que mi lugar está aquí.”

Past Lives. Dir. Celine Song. A24. 2023.

Desde niña, Nora exudaba seguridad. En Corea del Sur, su madre le preguntó si le gustaba alguien en la escuela, ella respondió sin titubear que Hae-Sung y que probablemente se casaría con él cuando fueran grandes porque sabía que el sentimiento era recíproco. Esta es la primera, pero no la última vez, en la que Past Lives hace referencia a la falsa noción de confianza que Nora expresa ante los demás, engañándose a sí misma, y pretendiendo que tiene control y seguridad plena sobre su vida.

Cuando emigra a Canadá, Nora está solitaria en el recreo, viendo con melancolía al resto de los niños jugar y conversar. La amistad, casi enamoramiento que había construido, más el desarraigo nacional y las crisis inherentes a la migración, la convierten en una niña introvertida. 12 años pasan y ahora Nora está viviendo sola en un pequeño departamento neoyorquino persiguiendo el sueño de ser escritora. Después de que conversa con su madre por teléfono y juntas recuerdan a ese niño de su infancia del que estaba enamorada, Hae-Sung y Nora se reencuentran en Facebook. Eventualmente tienen largas conversaciones por Skype en las que la química fluye y la tensión amorosa crece.

En el triángulo de Sternberg, Nora se encuentra en el extremo de la intimidad. Para ella, la cercanía, unión y afecto hacia el otro son las claves para mantener una relación. Las personas que apremian la intimidad en las relaciones exigen que el otro demuestre un esfuerzo activo por cosechar con paciencia todo lo que implica un vínculo romántico.

En cierto punto, el reencuentro digital se interrumpe por su voluntad. Nora ha perdido lentamente esa intimidad. Tal y como posteriormente se menciona en la escena del bar, Nora es de las “personas que se van”: busca prosperar, avanzar y fluir en la vida, exigiendo que quién esté a su lado haga lo mismo por y junto a ella.

Nora hace algo que muchos acostumbramos a hacer en los vínculos románticos: pretender que el otro nos lea la mente y esperar que haga cambios que suponemos debería sobreentender. Las relaciones a distancia no son fáciles, mucho menos para alguien que apremia la intimidad en el amor. Estas personas necesitan la proximidad física y emocional con su amado para sentirse satisfechos. Cuando Nora entiende que Hae-Sung no considera como prioridad visitarla en Nueva York, entonces decide que deben “tomarse un tiempo”. No quiere sentirse atada a un vínculo que la lastima por la distancia y porque ella tiene la sensación de que él no haría todo lo posible por estar con ella.

Sternberg explicó que aquellos que dan prioridad a la intimidad en el romance tienen una noción de independencia marcada, pero, al mismo tiempo, son vulnerables en función de los vínculos que establecen con las personas. Un romance puede moverle el piso fácilmente a estas personas porque adaptan su vida al otro como una muestra de amor y lealtad. Por esto, cuando Nora conoce a Arthur, un hombre agradable, receptivo, con responsabilidad afectiva y perdidamente enamorado de ella desde la primera mirada, su vida toma un nuevo rumbo.

Otros 12 años después, Nora vive con Arthur en Nueva York, ambos son escritores y se miran con ternura al cruzar la calle. Es indudable que se aman mutuamente, pero, de vez en cuando la notamos perdida en sus pensamientos. Past Lives muestra cómo, aun en el amor sincero, puede haber dudas.

Para Nora, estos cuestionamientos se relacionan tanto con el reencuentro presencial con Hae-Sung, a quien no ha visto en 24 años, como con las dudas respecto a si esta es la vida que en realidad soñó. Nora se pregunta “qué hubiese sido” si Hae-Sung la hubiera visitado 12 años atrás, si nunca se hubiera mudado de Corea del Sur o si no hubiera coincidido con Arthur en aquel retiro de escritores. ¿Sería su vida mejor o peor? ¿O no sería diferente? Esas preguntas, a las que no les podrá dar respuesta, la atormentan.

Sin embargo, estos cuestionamientos no la definen, ya que para ella el amor se trata de crecer, tanto individualmente como en pareja, de estar en una zona de confort, y de conectar con alguien que la haga sentir amada y que esté dispuesto a hacer los sacrificios que implica el amor sin que ella se los pida. Esa persona no es Hae-Sung, sino Arthur. Pensar que el desenlace de Nora tuviera que ser el típico de las comedias románticas, persiguiendo a su enamorado de la infancia para que no se vaya, es no comprender a su personaje.

Ella regresa destrozada cuando se despide de Hae-Sung, no solo porque sabe que muy posiblemente no lo volverá a ver, sino porque acepta la noción de que, en el juego del amor, el amar no es suficiente para mantener un vínculo. De Nora aprendemos que, a veces, la mejor decisión es la más lógica, racional y aburrida. Aquella que proviene de la idea de amor imperfecto que hemos construido y que nos mantiene los pies sobre la tierra, aunque eso implique desapegarnos de las ideas risueñas y ambiciosas que habíamos armado en nuestra cabeza. No es resignación, más bien es la aceptación de que lo que se tiene es lo que corresponde vivir en el ahora con la satisfacción y el dolor que eso implica.

 

Hae-Sung: pasión y arrepentimiento

“No sabía que la amabilidad de tu esposo podría lastimarme tanto.”

Past Lives. Dir. Celine Song. A24. 2023.

Desde niño, Hae-Sung batalla con expresar lo que piensa y siente. Cuando la niña de la que está enamorado se va del país, él solo guarda silencio. Toma caminos separados con Nora diciéndole un simple “adiós”. De esta manera, comprendemos que, para entender a Hae-Sung, debemos prestar atención a lo no dicho, ya que la batalla con sus propias palabras y la no expresión de sus emociones es una constante en su vida.

12 años pasaron y Hae-Sung está estudiando ingeniería y pasa las tardes en bares escuchando a sus amigos despechados. Por algún motivo, se siente estancado, vacío e insatisfecho con su vida. Un día decide publicar un anuncio en Facebook intentando reconectar con esa niña llamada Na Young de quien estaba enamorado. Su acto pasional da resultado, pero, como le dice Nora en la escena del bar, esa niña ya no es más que un recuerdo. Ahora, Hae-Sung y Nora tienen preocupaciones y estilos de vida diferentes. Nora le habla sobre su vida en Estados Unidos y le pregunta cómo es su vida en Corea. Ella le recomienda ver Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004). Él la ve de inmediato.

Esta referencia a uno de los clásicos románticos y deprimentes por excelencia es también un reflejo de los actos de amor pasional hacia Nora que Hae-Sung expresa en su introversión. Ver una película, escuchar una canción o leer un libro recomendado por la persona que te atrae es un detalle amoroso. Esta es una de las tantas cosas que demuestran que Hae-Sung se encuentra en el extremo de la pasión en el triángulo de Sternberg.

La pasión según Sternberg no se define exclusivamente por el deseo sexual, sino por la necesidad de conectar con el otro a través de los actos, detalles y lenguajes del amor en sí. La pasión no es necesariamente fugaz: Hae-Sung siente pasión por Nora durante décadas y con seguridad lo seguirá sintiendo una vez que regrese a Corea del Sur. Sin embargo, la pasión es efímera en el sentido de que no es suficiente para hacer que las relaciones funcionen y perduren en el tiempo.

Mientras Nora está en un retiro de escritores conociendo a Arthur, explicándole el significado del in-yun (la idea de vidas pasadas y la conexión etérea entre individuos destinados a encontrarse una y otra vez), Hae-Sung conoce a una chica que será su novia por un corto tiempo. Él inicia una nueva relación, pero a diferencia de Nora, no puede mantenerla porque no basta para sostener un vínculo amoroso complejo.

No por nada Sternberg explicó cómo las personas que priorizan la pasión en sus relaciones sexoafectivas tienen dificultades para mantener noviazgos o matrimonios a largo plazo. La pasión tiende a disminuir cuando hay cambios en la relación, por ejemplo, cuando hay una separación física de la persona amada o cuando esa persona amada exige cambios (cambiar de trabajo, mudarse juntos a otro lugar, etc.). Aquellos que priorizan la pasión pueden amar al otro, mostrar actos de amor de manera desinteresada, pero tienen dificultades para comprometer su vida en función del otro y hacer los cambios y sacrificios que a veces nos exige el amor.

El tema de la pasión en Hae-Sung no es exclusivo del vínculo atemporal e internacional que tiene con Nora, también se muestra en su vida personal. La película nunca da la noción de que él se sienta demasiado interesado en su carrera, ni en sus amigos. Esto no quiere decir que no disfrute de estas cosas, pero ninguna es suficiente para llenar su vida.

“Mi trabajo es ordinario, mis ingresos son ordinarios. Todo en mi es ordinario. Ella debería buscarse a alguien más interesante que yo,” le dice Hae-Sung a Nora, explicando por qué terminó con su novia en Corea. Este momento, en el que se ve el puente de Brooklyn de fondo, se muestra a Hae-Sung como un melancólico empedernido que tiene dificultad para trazar los sueños que a Nora le resultan fáciles. Los únicos momentos de la película en los que su rostro está iluminado de genuina felicidad suceden cuando está con Nora, en la infancia, a través de una pantalla o presencialmente mientras recorren Nueva York. Sin embargo, ni siquiera este supuesto “amor de su vida” es suficiente para que la pasión de Hae-Sung se transforme en compromiso. Sus silencios incómodos, gestos y miradas nerviosas cuando se reencuentran muestran que es una persona que tiende a reprimir sus emociones y pensamientos, eso hasta que la escena del bar llega y la pasión se materializa a través de los diálogos.

En la escena del bar Hae-Sung y Nora conversan en coreano, mientras Arthur hace un mal tercio, callado e incómodo al lado de su esposa. En gran medida, Hae-Sung lleva el rumbo de la conversación, confrontando su pasado, presente y posible futuro, implicando directamente cuestionamientos de “qué hubiese sido” entre él y Nora si ella nunca se hubiese ido de Corea o si él hubiese abandonado todo lo que tenía 12 años antes para seguirla a Nueva York.

Sin embargo, esta pasión no es lo que busca Nora y no es lo que necesita Hae-Sung. Él dice cosas que le moverían el suelo a cualquiera, pero es demasiado tarde para palabras apasionadas. La niña que conoció y de la que se enamoró ya es una mujer cambiada, con una vida armada, que no dejará a su esposo y carrera de manera dramática por una aventura con su crush de la infancia.

Hae-Sung pudo haber amado a Nora, o, mejor dicho, pudo haber amado a la idea que se hizo de Nora. Como diría Erich Fromm, definió su noción del amor en función de un objeto (Nora) en lugar de la facultad de amar en sí. La última vez que lo vemos es cuando se despide de Nora antes de montarse en el taxi que lo llevará al aeropuerto.

Él sabe que esa despedida es simbólica. Se despide tanto de Nora en el presente como en el pasado. Al igual que aquella escena que los mostraba tomando caminos bifurcados cuando eran niños, deben separarse de nuevo. Es un cierre de su historia con la persona con la que construyó una idea imperfecta de lo que es el amor. Aunque no veamos sus lágrimas, esta despedida le duele a Hae-Sung tanto o más que a Nora, ya que, a diferencia de ella, él regresará a la soledad, confrontando la angustiante noción de que su pasión no fue suficiente para mantener el amor.

 

Arthur: compromiso y devoción

“Sueñas en un idioma que no puedo entender. Es como si existiera todo un mundo dentro de ti al que no puedo ir.”

Past Lives. Dir. Celine Song. A24. 2023.

Arthur aparece después de 40 minutos de película. Su personaje sale por menos de 20 minutos, sin embargo, es la pieza que complementa este triángulo romántico de ansiedad e imperfecciones y es la muestra perfecta de que amar implica entregarnos con temor al otro y de que está bien dudar en el camino. Sabemos poco o nada de Arthur más allá de su relación con Nora, pero esto no lo hace un anexo de la protagonista. Es un escritor judío con un libro llamado “Boner”, viajó a Canadá a conocer a los padres de Nora, y aunque han pasado años, la sigue viendo con la misma pasión y enamoramiento de aquella noche en que se conocieron.

Cuando Hae-Sung llega a Nueva York a ver a Nora, Arthur se siente visiblemente incómodo y ansioso. Un montón de inseguridades pasan por su cabeza, pero hace lo posible por no mostrárselas a Nora. Quiere apoyarla en lo que sea esta situación peculiar de reencuentro de enamorados de la infancia, pero, al mismo tiempo, siente que su vida se paralizaría si a Nora se le ocurriese dejarlo.

Arthur tiene un poco de cada uno de los componentes del triángulo de Sternberg. Tiene la intimidad porque disfruta de la vinculación con Nora y está dispuesto a abrirse con sus sentimientos sin invalidar los de ella. Tiene la pasión porque ama a Nora con intensidad (tan solo hay que ver la manera en la que la abraza cuando están acostados), pero, sobre todo, tiene el compromiso necesario para ser una persona que “se queda” junto a Nora pese a las inseguridades que pueda tener.

Amar es una decisión, lo dijo Sternberg cuando desarrolló su teoría, en la que explicó cómo el compromiso en las relaciones requiere de hacer un balance entre las expectativas irrisorias del amor y la realidad. El compromiso es lo que mantiene los pies sobre la tierra y hace cuestionar qué es lo más conveniente para nosotros a corto, mediano y largo plazo.

En Past Lives, Arthur representa esta noción de amor a través de diálogos de metaficción que Celine Song dispone como muestra de autoconsciencia de los arquetipos del género romántico. Arthur le dice a Nora en una conversación nocturna que un espectador podría ver su historia desde afuera y verlo a él como el tipo blanco que se interpone en el reencuentro de dos amantes de la infancia.

Al igual que Hae-Sung, Arthur tiende a menospreciarse. Dice que la historia de amor entre él y Nora es demasiado “simple” en comparación con la que ella tiene con Hae-Sung. Estos pequeños momentos hacen que la actuación de Magaro resulte acertada, mostrando el nerviosismo y las inseguridades típicas del amor.

Para Arthur, el compromiso es escuchar pacientemente a Nora cuando expresa todo lo que Hae-Sung evoca en ella y también es sentarse como un mal tercio mientras los enamorados de la infancia conversan. Esto no lo hace por resignación u obligación, lo hace por amor, porque amar también es comprender y tolerar incomodidades, siempre y cuando no pongan en peligro la integridad, confianza y respeto de la relación.

Sabemos que Nora ama y confía en Arthur porque es sincera con él a pesar de sus propias dudas. Le dice a Arthur “tenías razón” respecto a que Hae-Sung viajó a Nueva York exclusivamente para verla a ella. También se sincera con decir que Hae-Sung le trae recuerdos sobre el desarraigo de su identidad coreana y le da a entender que ningún estadounidense podrá entender la especificidad de la experiencia migrante.

Al final del día, esta confianza es lo que los mantiene juntos y es lo que le permite a Arthur recibir a Nora con los brazos abiertos cuando se despide de las ideas del amor que tuvo en algún momento hacia Hae-Sung. Arthur vive bajo la noción del amor mencionada por Fromm. Él ama por la facultad de amar y no por el objeto en sí. A diferencia de Hae-Sung, él permite que el amor lo moldee y lo cambie para mejorar, todo sea por estar donde hay amor recíproco.

Al final del día, Arthur demuestra que amar y dejarnos amar es un juego riesgoso que puede valer la pena. Es un personaje, que, con pocas palabras, demuestra todo que implica amar a alguien, aun bajo la certeza de que nunca conoceremos del todo su “idioma”.

***

Hay algo en común en la primera y última escena de Past Lives: el movimiento. Al inicio, una cámara se acerca lentamente a Nora, Hae-Sung y Arthur en la escena del bar mientras voces de extraños en el fondo intentan adivinar “¿qué relación tendrán esos tres?”, hasta que Nora rompe la cuarta pared y mira directamente a la cámara. Al final, la cámara actúa como un auto en movimiento mientras vemos pasar a Hae-Sung en un taxi hacia el aeropuerto.

Así como el descubrimiento romántico, la primera escena se mueve con lentitud. Con paciencia desvelamos detalles que nos hacen enamorarnos y conectar con el otro. La escena final representa la sensación de que el paso del tiempo se lleva nuestros recuerdos y que experimentamos el desarraigo de alguien que amamos. Amar también es dejar ir, es una decisión y es aceptar que los anhelos románticos y las expectativas que armamos en el otro pueden desvanecerse frente a nuestros ojos.

Este punto en común al inicio y al final de Past Live ofrece una reflexión clara: lo único seguro en la vida es el movimiento y el cambio, tanto en las relaciones como en nuestros anhelos de vida. La noción de impermanencia es lo que define el estar vivos y el acto de amar. Esto no quiere decir que todas las relaciones estén condenadas al fracaso, solo que están obligadas a cambiar con el tiempo.

Podemos soñar todo lo que queramos con in-yun, con la ilusión de que en otras vidas nos encontraremos con ese supuesto “amor de nuestra vida”. Sin embargo, la realidad exige aterrizar los pies sobre la tierra. Como Nora, solo queda volver desconsolados a los brazos de otra persona que nos ama (o a la fría soledad de una cama) mientras el “qué hubiese sido” nos atormenta. En algún momento, también olvidaremos esa amarga sensación. Solo tenemos el ahora y la noción de que el amor es un ente frágil, imperfecto, cambiante y aterrador.

 

Referencias bibliográficas:

  • Almeida, A. (2013). Las ideas del amor de R.J. Sternberg: la teoría triangular y la teoría narrativa del amor. Universidad Pontificia de Salamanca, España. Revista Familia 46. 57-86.
  • León, J., & Rodríguez, T. (2016). Análisis exploratorio de la escala de amor de Sternberg en estudiantes universitarios peruanos. Scielo, vol.6 no.2.
  • Serrano, G., & Carreño, M. (1993). La Teoría de Sternberg sobre el amor. Análisis Empírico. Universidad de Santiago de Compostela, 5, Suplemento, pp. 151-167.

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