Palm Springs y La familia Mitchell vs. las máquinas: hallando la individualidad en comunidad

Escrito el 7 julio, 2021 @BadLuckCharls

Si algo he aprendido en esta pandemia – además de los horrores al que el ser humano llega con tal de obtener algún bien físico y temporal – es que los momentos de catarsis llegan cuando menos los esperas. Pueden suceder en un viaje al extranjero, momentos conscientes de reflexión, aislamientos forzados pandémicos, actos de extrema importancia o, en el caso de los protagonistas de Palm Springs (2020) y La familia Mitchell vs. las máquinas (2021), en medio de una paradoja temporal y un apocalipsis robótico, respectivamente.

En estos escenarios exagerados la realidad se estrecha cual chicle y los protagonistas se encuentran al final con un mejor yo del que eran al principio de sus historias.

En Palm Springs tenemos a Nyles (Andy Samberg) atrapado en un bucle temporal en la boda de la amiga de su novia. Tras varios intentos de escapar, entra en una rutina nihilista que se ve interrumpida cuando Sarah (Christin Millioti), la hermana de la novia, entra en escena. Sarah, cínica, bebedora y la oveja negra de su familia, tiene que acoplarse a las reglas de esta realidad, despertando todos los días en la cama del prometido de su hermana, y recordando sus errores una y otra vez.

Es así como ambos personajes se enfrentan a un cambio en sus vidas. Mientras Nyles tiene que adecuarse a convivir con otra persona, Sarah tiene que afrontar su despreocupación e inseguridad que tanto le afectan en su vida diaria.

En La familia Mitchell vs. las máquinas, este clan tiene problemas más grandes que la revolución tecnológica. Su vínculo es desastroso, ejemplificado en la dificultad que tienen para tomar una foto familiar. Katie (Abbi Jacobson), la hija mayor, tiene una relación rocosa con su padre Rick (Danny McBride). Linda (Maya Rudoplh), la madre, sufre de una crisis al ver el estado de su familia en comparación con la de sus vecinos. Aaron (Mike Rianda), el hijo menor, ve la inminente partida de su hermana a la universidad como un problema para su futuro. Uno pensaría que cuando te encuentras en la puerta del apocalipsis, estos problemas se achicarían, pero en el caso de los Mitchell, se vuelven más graves.

A lo largo de ambas películas los personajes aprenden a convivir entre sí a pesar de sus diferencias, dificultades y argumentos. Nyles y Sarah, cuya relación empieza con ella aventándole latas de cerveza, crean el lazo más fuerte que alguno de los dos haya tenido en sus vidas. Los Mitchell, quienes apenas se aguantan, se unen bajo la premisa de salvar al mundo.

En ambas cintas, durante el tercer acto sucede lo inevitable y los personajes se separan. Nyles y Sarah se distancian cuando se enfrentan con el verdadero peso de su realidad. A pesar de toda la diversión que han tenido y lo cercanos que se han vuelto, sus circunstancias no les permite formar un lazo emocional con alguien fuera de su reducido círculo social. Cualquier acción que realicen tiene un peso en las otras personas y en sí mismos, a pesar de que todo rastro desaparece al día siguiente. Los Mitchell son separados cuando sus inseguridades son explotadas por PAL (Olivia Colman), la líder del ejército de robots.

Esto es esencial. La prueba final para demostrarse a sí mismos, y a la audiencia, lo mucho que cambiaron. En estas rupturas, los personajes se muestran más vulnerables que en algún otro momento. Pero, así como son separados y llevados a su punto más bajo, una vez que confrontan sus problemas internos llegan a su punto más alto. Los protagonistas no vuelven a verse hasta sus respectivos clímax, después de encontrar la mejor versión de sí mismos.

En Palm Springs, Sarah se halla a sí misma después de días de disfrutar del nihilismo de Nyles. Después de un episodio en el que se hace más daño del que puede soportar, toma las riendas de su vida y se educa en fórmulas cuánticas para resolver el dilema temporal en que se encuentra. Nyles, al perder contacto con Sarah, se pierde en su propia soledad. Ella conquista su superación mientras que él empeora su situación. Antes disfrutaba de su soledad, pero sin ella todo perdió sentido. No se encuentra a sí mismo tal y cómo Sarah lo hizo.

No es sino hasta que Nyles confronta sus sentimientos por ella, mostrando por primera vez vulnerabilidad emocional, que él también es honesto consigo mismo. Es en ese momento cuando ambos, tan diferentes del nihilista y la oveja negra que vimos al inicio del filme, se aceptan y regresan a la realidad donde el tiempo no se repite.

En La familia Mitchell vs. las máquinas, logran encontrarse cuando se aceptan entre sí. La magia sucede cuando Katie acepta lo parecida que es a su padre, cuando Rick comprende lo mucho que las pasiones de Katie se parecen a las suyas, cuando Linda aprende a querer a su familia tal y cómo es, y cuándo Aaron comprende que las separaciones no son permanentes. Su unión sobresale al destruir oleadas de robots que les atacan, mostrando a los personajes en una armonía caótica. De esta manera, la familia termina unificada formando el arcoíris Mitchell: amarillo para Rick, rojo para Katie, azul para Aaron, y morado para Linda.

Nyles y Sarah, y los integrantes de la familia Mitchell son personajes que encontraron una manera de mejorar como personas y fortalecer sus círculos más cercanos en las situaciones más complicadas.

En Palm Springs, los protagonistas atrapados en ese bucle temporal encontraron una solución para su conformismo y cinismo a través de su relación. Los Mitchell, atrapados en el apocalipsis robótico y una crisis familiar, aprenden a aceptarse cuando descubren que su poder, aunque funciona de manera individual, no es tan fuerte como cuando están unidos. Estos personajes comprenden la importancia de valerse por sí mismos, pero también que solos no pueden llegar lejos.

Estas películas, como muchas otras comedias, nos hacen reír a carcajadas, pero los golpes emocionales que dejan en el espectador son la cereza del pastel y lo que las distingue de otros filmes. Parte de esto tiene que ver con los temas de unidad que tocan, resonantes en un momento en el que estamos tan separados el uno del otro que, sin importar donde estemos, nos sentimos solos.

Palm Springs y La familia Mitchell vs. las máquinas dejan una enseñanza sobre la comunidad, aquel escenario en donde podemos ser nosotros mismos sin necesidad de cerrarnos a alguien más. No estamos solos ni perdidos para siempre porque, en algún momento, encontraremos a alguien y ese alguien nos encontrará.

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