NYFF58: Te llevo conmigo – una delicada reflexión sobre la migración y el sueño americano

Escrito el 2 octubre, 2020 @alessandra_kr

Directora: Heidi Ewing

Países: Estados Unidos, México.

Elenco: Armando Espitia, Christian Vázquez, Michelle Rodríguez, Ángeles Cruz, Raúl Briones, Arcelia Ramírez, Pascacio López, Michelle González, Luis Alberti.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11388990/

En Te llevo conmigo, Heidi Ewing presenta una historia íntima, pero reconocible, sobre los millones de migrantes que salen de sus hogares en busca de mejores oportunidades. No obstante, esta película no es solo sobre migración, pues al centro se encuentra una apasionada historia de amor que está destinada a pasar a los libros de historia como una de las más poderosas y románticas del cine.

Te llevo conmigo se desarrolla a lo largo de 26 años. Nuestro protagonista es Iván (Armando Espitia), a quien conocemos primero en el presente en los pasillos del metro de la ciudad de Nueva York, reflexionando sobre su vida y lo que ha sacrificado para estar en donde está.

La historia nos lleva a su pasado para encontrarnos en la ciudad de Puebla de 1994, en donde Iván es un joven aspirante a chef que trabaja como lavaplatos en una cocina local, acompañado por su mejor amiga Sandra (Michelle Rodríguez) – relación luminosa que recuerda a la que vimos en Luciérnagasy de su hijo pequeño cuando su expareja se lo permite. Su mundo cambia cuando conoce a Gerardo (Christian Vázquez), un profesor asistente de la Universidad de Puebla.

Mientras su relación se fortalece, aprendemos sobre sus historias personales marcadas por el rechazo de la sociedad debido a sus preferencias sexuales. Por un lado, Gerardo fue atormentado de chiquito por su papá, reflejando fielmente la terrible epidemia de machismo en México. Por su parte, Iván es juzgado por su madre y expareja una vez que abren los ojos y se dan cuenta de que tiene una relación sentimental con Gerardo. Ya sea cuando eran niños o como adultos jóvenes, ambos hombres son juzgados severamente.

Por su parte, Iván comienza a comprar la idea del sueño americano y lo mucho que podría mejorar su vida si cruzara la frontera. Durante esta parte de la película, México vibra a través de las discretas tomas que se presentan de la comida, las calles de Puebla, los mercados locales y las canciones que nos transportan al pasado (música de Moenia, Amanda Miguel, Eddy Gormé y los Panchos, y Natalia Lafourcade hacen apariciones destacables a lo largo de la cinta), mientras que el amor entre Gerardo e Iván se va fortaleciendo a través de traumas pasados, momentos de dicha y un entendimiento que se aleja del drama (a pesar de que sus vidas sean efectivamente dramáticas).

Al respecto, destaca la mirada sensible de Heidi Ewing, quien nunca ofrece escenas explotadoras o gratuitas. Además, la fotografía a cargo de Juan Pablo Ramírez retrata momentos íntimos con close-ups idóneos, colores pasteles y tomas que permiten apreciar lo bello de la cotidianidad de la ciudad de México y de Puebla. Esto es clave una vez que nuestro protagonista se encuentra en Nueva York y sus recuerdos lo traen de vuelta a tierras mexicanas.

Si la primera mitad de la película brilla por la anticipación del nuevo amor, la segunda se caracteriza por el sufrimiento de la otredad. Una vez que Iván logra cruzar la frontera – algo en lo que afortunadamente la película no se enfoca mucho – inicia su proceso de adaptación en un país que lo rechaza constante y cruelmente. Su plan original de irse un año se vuelve cada vez más ambicioso, haciendo que los lazos que comparte con su hijo y con Gerardo se debiliten. Además, sus planes de triunfar rápidamente se enfrentan con una realidad cruda que lo relega a ser lavacoches y repartidor de comida.

Así como la película presenta el complejo proceso de adaptación a tierras desconocidas – caracterizadas por tener un idioma completamente diferente al propio y un ambiente que te invita a querer renunciar a tus planes y regresar inmediatamente a casa – también presenta una compasiva mirada a los dolores emocionales de la lejanía. Te llevo conmigo, de manera acertada, no juzga a aquellos que deciden quedarse, ni a aquellos que optan por regresar; más bien comprende lo mucho que se pierde – y que se gana – al dejar el hogar atrás y empezar de cero en un lugar nuevo.

Al respecto, la película también refleja lo agobiante que es la migración de los mexicanos – y otros latinos – a un país como Estados Unidos. Como lo comenta un personaje en algún momento “Allá están todos y aquí, tú y yo, y ya”. Si de por sí el proceso de adaptación es complicado, las cosas se ponen peor cuando se considera que – en el caso de Iván, por ejemplo – es constantemente discriminado y no puede estar con la tranquilidad que traería la documentación legal necesaria que él no posee. ¿De verdad vale la pena el sueño americano o acaso es una estafa? Es una pregunta que Iván y Gerardo exploran a lo largo de la película.

Las actuaciones de Armando Espitia y Christian Vázquez son la fuente principal de calidez en la película. Sin barreras o inseguridades, ambos actores se sumergen en sus papeles, creando una relación romántica e incondicional. Una vez que la historia avanza hasta la actualidad, los hombres reales que inspiraron la historia sustituyen a los actores, ofreciendo una capa adicional de emotividad a la de por sí historia conmovedora.

También destaca el guion a cargo de la misma Heidi Ewing, quien llena de humor mexicano las interacciones entre los protagonistas, mientras que refleja de manera sencilla las interrogantes complejas y los dolores en las almas de nuestros protagonistas. De hecho, esta película presenta más preguntas que respuestas sobre la valentía de la migración y el peso de vivir entre lo que se deja y lo que se crea en un nuevo país. En el caso especial de Iván, el peso de haber dejado a su hijo nunca lo deja ser completamente feliz, pero la película hace bien en no ofrecer soluciones definitivas a estos dilemas existenciales que simplemente no tienen solución idónea.

Puede que la historia de amor entre Iván y Gerardo esté condicionada por la migración y el dolor de dejar atrás el hogar y la familia, pero su lazo es tan fuerte que, hasta estos grandes desafíos son conquistados poco a poco. La historia de superación y amor deja un sabor agridulce, pues Iván y Gerardo siempre están acompañados por los recuerdos de seres y lugares amados que dejaron atrás y que poco a poco se convierten en sueños.

Te llevo conmigo presenta una historia de amor y soledad, de triunfos y derrotas, del idealismo del sueño americano y de la cruda realidad de aquellos que se van para perseguirlo. Por esto, la película te roba el corazón y después lo rompe, pero paulatinamente lo repara cuidadosamente.

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