Maid: la verdadera resiliencia

Escrito el 1 diciembre, 2021 @CesarAndreZzZ

La búsqueda de las audiencias por producciones que apelen a su sensibilidad y, en especial, construyan historias inspiradoras, es natural y comprensible. Hay algo intrínseco en el ser humano que le lleva a buscar conciliación en elementos externos; algo que los atraiga y proporcione mensajes positivos de superación.

Maid
Maid. Creadora Stephanie Land. Netflix. 2021.

Resiliencia vs positivismo tóxico

Es aquí donde el complejo concepto de resiliencia se pone sobre la mesa. Este término tiene una larga historia en el campo de la psicología, datando de los años 90 y mencionada por primera vez por el psiquiatra infantil Michael Rutter, quién la definió como una ” un fenómeno manifestado por personas que evolucionan favorablemente, habiendo sido víctimas de estrés que, para la población general, comprendería un riesgo serio con consecuencias graves”. La llegada de la corriente humanista en la psicología haría más específico el término.  De manera simple, se define como la capacidad individual de adaptarse y sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas.

Una distorsión común del concepto ha convertido a la resiliencia en casi un producto; un estilo de vida que debes adoptar. El positivismo tóxico irrespeta las libertades emocionales individuales, buscando vivir bajo ese agotado lema de motivación y optimismo excesivo que promueven corrientes alternas a la psicología. El propósito final y óptimo de esta capacidad humana se debe basar en el respeto a los procesos individuales, a la comprensión de los complejos factores socioculturales que definen nuestra vida y a la aceptación de que está bien sentirnos vulnerables e indefensos, y no en hacernos sentir avergonzados de nuestras propias vulnerabilidades.

Respectivamente, los medios audiovisuales han adoptado esa distorsión del concepto porque es más comercial y accesible. El vender la idea de que de la noche a la mañana podemos superar nuestros traumas y tragedias, y que nuestras metas se conseguirán con facilidad simplemente siendo positivos, promueve un profundo sesgo sobre cómo funciona la mente humana.

La serie Maid (Las cosas por limpiar) es uno de los mejores ejemplos sobre qué es y cómo se expresa la verdadera resiliencia. La serie es un relato humanista sobre el valor de la dignidad, el amor propio, la aceptación del dolor y los traumas y, sobre todo, la lucha interna que todos llevamos por hacer que nuestra voz sea escuchada. Basándose en el exitoso libro Maid: Hard Work, Low Pay, and a Mother’s Will to Survive, la creadora de la serie, Stephanie Land, nos lleva durante 10 capítulos por las vicisitudes que una madre soltera que ha vivido violencia doméstica afronta, con un propósito básico y fundamental: cubrir las necesidades básicas de ella y su hija, y obtener la paz y el confort que tanto añora.

Maid
Maid. Creadora Stephanie Land. Netflix. 2021.

Sinceridad: la mejor aliada de la serie

De manera inteligente, Maid nos introduce a la realidad de su protagonista en su primera escena. Alex (Margaret Qualley) huye durante la noche de la casa-remolque que comparte con su novio Sean (Nick Robinson) y su hija pequeña, Maddy (Rylea Nevaeh Whittet). Alex carga a Maddy, la monta en su auto, y huye, mientras que Sean la persigue insultándola.

Es clave la manera en que la cámara muestra un puñetazo en la pared, notando de inmediato que Alex y su hija viven en un ambiente hostil y violento creado por Sean, quien es un alcohólico abusivo. Éste es el inicio del arduo viaje de Alex y su hija, quienes, en busca de un hogar, se someten a la miserable burocracia de un sistema que parece creado para hacerle la vida más difícil a las víctimas de violencia. Eventualmente, Alex consigue un trabajo como empleada doméstica.

En el camino, la serie demuestra que la sinceridad es la mayor virtud que un producto audiovisual que propone temas humanos puede tener. Hay una resistencia absoluta a la censura de las partes más crudas y delicadas de sus tópicos, y si bien de vez en cuando recurre a elementos típicos de humor para enganchar al espectador, no hay absolutamente nada que Maid no se tome en serio. Desde el complicado ciclo de la violencia doméstica, las vivencias de la salud mental –retratadas desde las engañosas apariencias en una particular relación madre e hija–, el alcoholismo y los ciclos de dependencia y manipulación de los abusadores, hasta un sistema social precario que no se adapta a las necesidades de las madres en situaciones de abuso y/o pobreza.

Violencia de género

La violencia de género es el tema principal de Maid. La serie recurre a un análisis inteligente y paciente del tema a partir del desarrollo del personaje de Alex en todas las fases correspondientes a los abusos psicológicos de Sean. Es un triunfo que se haga énfasis en que no es abuso físico el que vive Alex, sino psicológico. En reiteradas ocasiones, la misma protagonista entra en conflicto respecto a que éste no es un “abuso real” y, por lo tanto, no tiene sentido acudir a un centro de violencia doméstica que brinda cobijo a mujeres sin hogar y con pocas oportunidades económicas. El viaje inicial de Alex será comprender que las experiencias de abuso que vivió con Sean son reales y válidas, creadoras de traumas e inseguridades.

Maid
Maid. Creadora Stephanie Land. Netflix. 2021.

Maid disecciona estas secuelas. Las consecuencias del abuso psicológico son variadas, poniendo a la persona en una posición de indefensión, baja autoestima, autocrítica constante y miedo profundo a cometer errores por la sensación constante de estar siendo criticada y juzgada por otros. El discurso es necesario por la concepción social general que hay sobre el abuso, intuyendo que solo es válido y reconocido aquel que deja heridas físicas. No hace falta que Sean agreda físicamente a Alex para comprender el abuso. No se limita a insultos, desvalorizaciones persistentes o cuestionamientos sobre su capacidad de ser madre, también llega a hacerla dependiente de él económicamente y prohibirle trabajar, lo cual es una forma más de violencia, además de un clásico método que emplean los abusadores para hacer que sus víctimas se mantengan con ellos.

La serie se toma el espacio oportuno de explicar con sutileza la normalización de las agresiones y microagresiones que ocurren en las relaciones de pareja, que son resaltadas como algo “común que ocurren en cualquier relación”. Los gritos, insultos y amenazas son una forma de abuso de igual gravedad que cualquier otra, y Alex tarda un tiempo en entender esto. Una vez que entendemos la dinámica que compartía con Sean, las fases del ciclo de violencia se hacen evidentes.

La primera, denominada “acumulación de tensión”, ocurre a partir de acciones que pueden ser percibidas como mínimas: comentarios pasivo-agresivos, indiferencia y carencia total de apoyo emocional en situaciones difíciles. La fase de “explosión” llega con arrebatos de agresividad verbales o físicos. Eventualmente, la fase de “luna de miel” se presenta en forma de una reconciliación en la que el agresor busca “recuperar” a su pareja, prometiendo un cambio que nunca llegará. Todo eso, Maid lo enfoca con suma prudencia y sinceridad, sin dejar nada en la superficie, y construyendo a Alex y Sean de manera brillante.

Asimismo, la serie confronta los prejuicios propios que enviamos a las víctimas y sobrevivientes de violencia, juzgando las dinámicas de dependencia que tienen con el agresor. Muchos las consideran “merecedoras” de la violencia porque regresan continuamente con su pareja. La serie nos priva de ese juicio y su brutal empatía es la prueba de esto. Las circunstancias de vulnerabilidad que llevan a Alex a regresar con Sean y a repetir este ciclo son personales, relacionadas con su propio pasado y las situaciones de crisis que experimenta en el presente.

Por lo general, nunca sabemos lo que está pasando en la vida de alguien para cuestionar sus acciones individuales, y la razón por la que a muchas mujeres les toma varios “intentos” romper esos vínculos abusivos. La historia añade capas de profundidad cuando conocemos más sobre el pasado de Alex y el historial de abuso que vio cuando era niña. Es así como la empatía nos permite entender situaciones complejas, en las que no hay necesariamente “malos y buenos”, “héroes y villanos”, sino seres humanos profundos y con defectos.

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Maid. Creadora Stephanie Land. Netflix. 2021.

Salud mental

La salud mental es el segundo tema recurrente en la serie, presentado con el mismo ingenio y profundidad que la violencia de género. Aquí, es Paula (Andie MacDowell), la madre de Alex, quién es un personaje fundamental. Presentada inicialmente como un “espíritu libre” que decidió irse a vivir en una casa rodante con su nuevo novio australiano, Paula tiene momentos hilarantes y ocurrentes, evidenciando un comportamiento que podemos percibir como errático, volátil y con pocos filtros.

La realidad es que Paula sufre de un trastorno bipolar. La serie hace más tenso y crudo este tema con cada episodio que pasa, mientras vivimos el mismo impacto que Alex tiene al darse cuenta de que la salud de su madre se está deteriorando. Dejando la medicación que necesita, tomando terribles decisiones financieras que le traen consecuencias severas, y siendo incapaz de solicitar ayuda, Paula tiene una propia historia cautivadora. Mientras comprendemos esta dinámica peculiar madre-hija, Alex es quien busca el control, la lógica y la serenidad, en lugar de Paula.

El tema de la salud mental también está presente cuando se habla del alcoholismo de Sean, un factor que agrava su comportamiento ya de por sí hostil, impulsivo y violento. Las historias individuales nos permiten comprender cómo los traumas nunca abordados gestan en la mente humana para impactarlos en su vida adulta. Aquellos momentos en los que Alex recuerda su infancia y observa patrones que está repitiendo con Sean en común con sus padres, resultan dolorosos porque contrastan una parte casi inevitable de nuestra psicología, la tendencia inconsciente a actuar con base en nuestros traumas no superados.

El viaje a la resiliencia de cada personaje

Para Alex, sus metas son darle el bienestar necesario a su hija, probarse a sí misma su calidad como madre y lograr su sueño de ir a la universidad para convertirse en escritora. Sin embargo, no podrá conseguir nada de esto sin adentrarse en acontecimientos turbulentos, altos y bajos, que pondrán a prueba su resistencia y estabilidad mental, incluyendo un trabajo arduo y sofocante, un sistema social negligente que pone todo en su contra, una madre complicada que demanda su atención, y su propio historial de violencia y traumas que debe cargar encima como una mochila.

La resiliencia en Maid inicia con la protagonista mostrando sus puntos de extrema vulnerabilidad y desesperanza de forma directa e incómoda. Son todas esas situaciones dolorosas las que crearán fortaleza en Alex y le permitirán reconocer su valor.

Maid
Maid. Creadora Stephanie Land. Netflix. 2021.

Maid se propone a crear el camino a la resiliencia de sus personajes femeninos con total humanidad, explicando la necesidad de prestar atención a las diferencias individuales. Todas merecen el respeto de vivir las dificultades que les pone la vida a su tiempo y manera, sin juicios de parte del espectador.

Desde Regina (Anika Noni Rose), una clienta de Alex, que supera el estereotipo de millonaria déspota y miserable. Conocer su historia personal será simbólico y se presta para hablar del miedo a la soledad y la forma en la que muchas mujeres ven la maternidad como una forma de encontrar y sentirse útiles, dado a la percepción social que se tiene de las madres como proveedoras. Hasta Paula, que en su actuar caótico y disfuncional, entendemos cómo una enfermedad mental puede generar consecuencias tanto en el individuo como la familia, y el camino hacia la sanación es sumamente complicado y frustrante para los seres queridos.

La búsqueda de la dignidad

La humanidad es persistente en estos personajes. El trabajo actoral beneficia a la complejidad de los personajes, especialmente en Margaret Qualley. Alex tiene la capacidad de ser alguien con quién es fácil identificarse. Su actitud risueña que la cruel realidad parece destinada a desmoronar es puesta a prueba en diferentes ocasiones. Alex debe hacer planes realistas, y cada episodio se siente como una sucesión de pasos que la protagonista ha construido para llevar a cabo con el objetivo final de conseguir lo que tanto desea. Sin embargo, Maid muestra que nada de eso es posible de conseguir si no hay dignidad. Desde el momento en el que Alex comienza a ganar dinero, siendo independiente a nivel financiero por primera vez en su vida, da el primer paso hacia eso. Estos pasos apuntarán hacia una autoestima positiva con confianza en sus fortalezas y habilidades.

En la vida real, nada de esto es sencillo de lograr. Cada individuo lo consigue con el apoyo y ayuda necesaria a su tiempo y forma. Alex lo obtiene cuando se conoce a sí misma, se da cuenta de las capacidades que tiene, se reconoce como alguien vulnerable, e identifica que fue víctima de abuso y aceptar ir al centro de violencia. Las escenas en la terapia grupal funcionan para darle continuidad a su proceso de sanación emocional.

Éste llegará con el tiempo, después de haber afrontado experiencias de todo tipo, viviendo y aceptando todas como parte de la vida, las cuales se pueden cambiar si hay disposición para hacerlo. Con esa reflexión cierra Maid. La serie nos permite conocernos mejor a nosotros mismos, sabiendo que la única forma de ser nuestra mejor versión es aceptando lo que nos han hecho creer que son debilidades. Esa la verdadera resiliencia: el respeto a nuestros procesos psicológicos y emociones, reconociendo que no hay nada de qué avergonzarse por ser vulnerables.

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