Macbeth y su paso por el cine

Escrito el 25 enero, 2022 @bmo985

La tragedia de Macbeth, escrita por William Shakespeare alrededor de 1606 y publicada en 1623, ha fascinado a las audiencias y se ha convertido en una de las obras más leídas del autor inglés. En el ámbito teatral goza de una extraordinaria popularidad, aunque se considere una “obra maldita” y que los actores y directores se nieguen a referirse a ella por nombre, en cambio llamándola “la obra escocesa.” En el ámbito cinematográfico, la obra del Bardo de Avon disfruta de una saludable popularidad desde inicios del siglo XX, cuando su primera adaptación fue filmada en 1908 (ahora cinta perdida) por J. Stuart Blackton, fundador del estudio Vitagraph.

A raíz del estreno de la muy esperada La tragedia de Macbeth (2021) en la plataforma de Apple TV, primera película en solitario de Joel Coen (uno de los hermanos Coen), haremos un repaso por algunas de las adaptaciones cinematográficas más memorables de la obra escocesa.

 

Macbeth (1948)

Dir. Orson Welles

Después de provocar la ira del magnate de los medios William Randolph Hearst por Citizen Kane (1940), y de medio Hollywood por el inaudito contrato en RKO que le prometía el corte final, el enfant terrible Orson Welles decidió filmar una adaptación de Macbeth tras el fracaso crítico de su cinta anterior, The Lady from Shanghai (1947). Un digno cierre de su primera época en Hollywood, Macbeth fue grabada con el presupuesto de una cinta de serie B, con una cláusula en el contrato que estipulaba que, en caso de pasarse de presupuesto, Welles pagaría de su bolsillo lo restante. Por ello prescinde de muchos elementos, ocurriendo en un puñado de escenarios, aunque este ánimo minimalista también puede atribuirse a la concepción vanguardista de su autor.

Más parecida a una obra de teatro que a una adaptación para el cine, Macbeth de Welles contiene algunos de sus toques autorales instantáneamente reconocibles: los planos secuencia, la profundidad de campo y una cuidadosa colocación de los personajes frente a la cámara. Es una mirada psicológica a sus personajes, pues muchos de los diálogos aparecen como voz en off mientras la cámara los sigue en movimientos laterales. Encerrados en el escenario de pesadilla que recuerda más a cuevas y rocas afiladas que a castillos medievales, este filme de 1948 por momentos parece situarse en la época de las cavernas (noción a la que nos inclinan los vestuarios de los asesinos de Banquo).

A pesar de ser incomprendida a su estreno y severamente limitada por el estrecho presupuesto, se trató de una audaz propuesta de parte de Welles, pues su adaptación se atrevió a lo que entonces se antojaba impensable: la modificación de los diálogos de Shakespeare. Asimismo, Welles aprovechó su diminuto presupuesto para dar cuenta de la creciente paranoia y corrupción moral de su protagonista, un beodo furibundo cuyo interminable apetito por el alcohol refleja su alienación con la realidad.

No obstante sus méritos, es imposible sentir que este es uno de esos casos en que el ritmo de la cinta colapsa bajo el peso del texto original, uno de los retos al adaptar esta obra. De cualquier forma, esta versión merece ser vista por lo radical de su puesta en escena, a mitad entre el noir, el expresionismo alemán, el teatro de vanguardia y el radical lenguaje visual de Welles.

Veredicto: vanguardia + terribles vestuarios + muñeco vudú de Macbeth = una pesadilla troglodítica, embriagante, desigual e incomparable.

Nivel de locura: Lady Macbeth (Jeannette Nolan) salta a su muerte. Sin decapitaciones.

Mención honorífica: al terrible vello facial de Orson Welles, recordando el maquillaje de John Wayne como Genghis Khan en The Conqueror (Dick Powell, 1956).

 

Trono de sangre [Kumonosu-jo] (1957)

Dir. Akira Kurosawa

Años después de atraer las miradas de Occidente con Rashomon (1950), Akira Kurosawa emprendió una libre adaptación de Macbeth, trasladando el texto al Japón medieval, época en que los señores de guerra gobernaban la isla fragmentada. Aquí Macbeth es Washizu (Toshiro Mifune), un general recompensado tras la victoria sobre los enemigos de su señor. Su esposa (Isuzu Yamada), más que fungir como la voz de la ambición desmedida como en la obra, es presentada como una sabia estratega que aconseja a su marido para que tome las acciones lógicas que aseguren su estatus. Por ejemplo, el asesinato de su señor Tsuzuki es planteado en términos perversamente racionales: si no lo hace, este buscará su muerte.

Gracias a las actuaciones de Mifune y de Yamada, el primero imprimiendo su consabido talento para representar a hombres ásperos que se mueven como bestias heridas y la segunda personificando la fría lógica que sustituye la prudencia por la paranoia de asumir siempre los peores escenarios, la cinta de Kurosawa es la única de esta lista que se encuentra en una categoría propia.

Reconocida casi universalmente como un clásico del séptimo arte, Trono de sangre destaca por su abandono del texto original, siendo su director capaz de enmendarle la plana a Shakespeare, cambiando el entorno, el idioma y enfocándose casi exclusivamente en sus personajes centrales.

Veredicto: titánica agresividad de Mifune + despiada racionalidad de Yamada + el bosque de las telarañas y sus espíritus videntes = clásico indiscutible.

Nivel de locura: sin decapitaciones, pero contiene una alucinante lluvia de flechas. Tal vez debería permitirse de nuevo que se disparen flechas de verdad a los actores.

Mención honorífica: a la escena del banquete en que el recién asesinado Banquo aparece como fantasma. Tal vez la mejor representación de todas las adaptaciones.

 

Macbeth (1971)

Dir. Roman Polanski

Después del asesinato de su esposa Sharon Tate en 1969, pero antes de ser hallado culpable de estupro en 1977, Roman Polanski grabó Macbeth en Inglaterra bajo los auspicios de la revista Playboy. De un tono más natural que las demás adaptaciones en idioma inglés hasta y desde entonces, resulta la más hábil en conjugar la poesía del Bardo de Avon con una narrativa dinámica. A pesar de ser la más larga de esta lista (140 min.), esto no se traduce en una experiencia farragosa y es, al contrario, la más entretenida después de Trono de sangre y la más sangrienta.

John Finch y Francesca Annis estelarizan como el matrimonio que se propone hacer cumplir las palabras proféticas de las brujas. Ambos jóvenes actores tuvieron su debut como protagonistas con un desempeño magnífico. Finch es grave, solemne, burlón, arrogante o pensativo cuando la escena lo amerita. Annis es una Lady Macbeth cuya belleza denota sus grados de locura: sensual y portentosa al inicio y reducida a una triste desnudez para el momento de su sonámbulo soliloquio.

Repleta de movimiento y grabada en locaciones reales en las islas británicas, Macbeth de Polanski logra mantener a su audiencia interesada, colocando los diálogos poéticos en escenas dinámicas, rara vez encontrando a sus personajes en la soledad. Asimismo, su énfasis en lo sanguinario de sus ejecuciones sugiere una puesta en escena más interesada en los cuerpos que en los diálogos, además de señalar una mayor preocupación por el naturalismo en su vertiente grotesca.

Veredicto: protagonistas hermosos por fuera + protagonistas horribles por dentro + litros de sangre = una adaptación vigorosa que ha soportado el paso del tiempo.

Nivel de locura: suficientes decapitaciones (incluyendo la del personaje titular) para satisfacer a nuestro Robespierre interior.

Mención honorífica: sin duda alguna contiene los peores peinados de estas adaptaciones (tipo príncipe valiente, pero chueco).

 

Scotland, PA (2001)

Dir. Billy Morrissette

La única adaptación cómica de Macbeth, ambientada en 1975 en Pensilvania, Estados Unidos, cuenta la historia de Macbeth o “Mac” (James LeGros), un humilde trabajador en un restaurante de comida rápida a quien le es negado el ascenso a gerente. Empujado por su novia (Maura Tierney), y por las visiones de tres jipis mariguanos que le aseguran que será gerente, asesina al dueño del local para quedarse con este, transformándolo en un éxito gracias a su innovación del drive-thru (el Automac, pues).

Por si esas líneas no lo sugieren, la cinta es profundamente idiota en el mejor de los sentidos, pues cada uno de los personajes carece de la sagacidad necesaria para operar una intriga de cualquier tipo, con la excepción de Macduff (Christopher Walken), el detective de la policía que comienza a sospechar de Mac y su novia.

Concebida como un juego de palabras entre Macbeth y MacDonald’s – al menos eso imagino –, la cinta de Morrissette (la única que escribió y dirigió) es otra instancia en que el texto de la obra es abandonado, optando por seguir su trama en general, con resultados generalmente favorables. Muy en la línea de comedias clásicas de la época como Office Space (Mike Judge, 1999), toma una premisa muy sencilla (Macbeth si conquistara una franquicia de hamburguesas en vez de un reino) y la desarrolla hábilmente, encontrando los temas de ambición, avaricia, la maldición de conocer el propio destino y la cobardía que se convierte en paranoia en un entorno casi actual.

Veredicto: Maura Tierney + Christopher Walken + muscle cars = ¿quién diría que la traición puede ser divertida?

Nivel de locura: lamentablemente sin decapitaciones, pero hay al menos un empalamiento sobre el cofre de un Mustang 1975 y una automutilación.

Mención honorífica: Mac y su novia son veinteañeros calenturientos y el cadáver de su jefe en la misma habitación no los detiene.

 

Macbeth (2015)

Dir. Justin Kurzel

Michael Fassbender y Marion Cotillard protagonizan esta cinta del director australiano Justin Kurzel, cuya adusta puesta en escena toma prestada la severidad de las cintas de Zack Snyder. Un fracaso de taquilla, esta enésima adaptación destaca (y debe verse) tan solo por la inspirada actuación de Cotillard como la más desalmada de cuantas Ladies Macbeth se han visto y la de los lamentos los más dolorosos (“The thane of Fife had a wife, where is she now?”). Kurzel imprime una solemnidad de colores saturados que a menudo vira hacia la abstracción, siendo su rigidez su mayor atributo y su mayor carga.

La película abre con una batalla sangrienta que nos remite de inmediato a la hiperrealidad de 300 (Zack Snyder, 2006) como al freeze-frame pugilístico de Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009). Kurzel hace un esfuerzo por contextualizar el mundo sangriento y gris que habita su protagonista, contrastando los diseños de Fassbender como un Macbeth que tiende a lo mugriento y a lo dramático, como si un hooligan escuchara a My Chemical Romance y una Cotillard angélica, vestida en ropajes blancos y exquisitamente maquillada.

A pesar de su maestría para construir suspenso y de su indiscutible creación de atmósferas mediante el uso dramático del color digital, Kurzel se aproxima con demasiado respeto al texto de Shakespeare, sufriendo la segunda mitad del filme por su ritmo lento. Su lánguida música no contribuye a mejorar la situación y su clímax es uno de gravedad intolerable o de ritualidad majestuosa, dependiendo del ánimo del público.

Veredicto: Fassbender cuando todavía sabía escoger proyectos + Cotillard en la cúspide de sus poderes + un exceso de solemnidad = tiene sus momentos, pero hay un alto riesgo de quedarse dormido en cualquier momento de la segunda parte.

Nivel de locura: sin decapitaciones, pero con suficientes escenas de belleza digital para extasiar a las cuentas de #FilmTwitter que publican pantallazos.

Mención honorífica: por presentar la única instancia de sexo entre la pareja titular.

 

The Tragedy of Macbeth (2021)

Dir. Joel Coen

La primera cinta de Joel Coen en solitario llevó a algunos a señalar que “Ethan era el gracioso.” Sin embargo, el montaje minimalista de Joel no peca por su solemnidad, sino que deslumbra por su economía. Con tan solo 105 minutos, es la más breve de las cintas en esta lista, al menos entre las que adaptan los diálogos originales de la obra. Aunque su sobrio diseño de interiores a cargo de Stephan Dechant ha tenido algunas comparaciones infortunadas, sorprende por su modernismo de paredes blancas, geometrías cortantes y sobriedad generalizada.

Los largos pasillos y sombras nos remiten a cintas como El cabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1919), pero su onirismo artificioso no nos remite a una pesadilla, sino a una audaz puesta en escena teatral. Si Welles, en su afán vanguardista, había tomado prestado los elementos de pesadilla del expresionismo alemán para una representación áspera y confrontativa, Coen, al contrario, retoma aspectos de aquel (el más importante, el blanco y negro) para hacer una cinta tersa en casi todo sentido: desde la textura digital de los planos, el bajo contraste y saturación de sus imágenes, las superficies del escenario, la composición geométrica de sus encuadres y la integración discreta de imágenes generadas por computadora (todo esto obra del director de fotografía, Bruno Delbonnel). La cercanía de esta con la versión de Welles es clara por tratarse de un guiño hacia la puesta en escena teatral.

Si acaso es cierto que Ethan era el Coen gracioso, la adaptación de su hermano no cae en el rigor de Kurzel, demostrando en un par de escenas el clásico humor ácido que caracteriza al par: la inflexión de Washington al ofender al mensajero que informa de los diez mil soldados que llegan – “What soldiers, patch?” –, así como el breve papel de Stephen Root como el portero vulgar.

Esta es también la puesta en escena menos preocupada por las convenciones: los actores estadounidenses (un titánico Denzel Washington y Frances McDormand) hablan como estadounidenses, los ingleses (Harry Melling y Alex Hassell) hablan como ingleses. Además de su diversidad racial (Macbeth y Macduff son de ascendencia africana), el resultado es uno explícitamente radical, en el sentido de que todo esfuerzo por adaptar el texto con precisión histórica es dejado de lado. Asimismo, la cuestión de los acentos se convierte en un elemento más que separa a la pareja titular del resto de los personajes.

Si esta versión se convierte en un clásico es cuestión que queda fuera del alcance de este artículo, pero al menos queda la sensación de radicalidad, de recuperación del texto, de una eficaz economía narrativa y del abandono de convenciones.

Veredicto: Denzel esquivando golpes de espada y cegando a sus enemigos con su propia herida sangrante + Frances como la Lady Macbeth que más sufre interiormente + cada plano una pintura = una de las mejores adaptaciones de Macbeth, o al menos la más posmoderna.

Nivel de locura: en una muerte característicamente Coeniana (merecida, casi por propia mano, morbosa), vemos volar la cabeza de Macbeth por los aires. El castillo toma tintes de una pintura de M.C. Escher para comunicar la locura de Lady Macbeth.

Mención honorífica: por tener a los primeros Macbeths de la tercera edad.

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