Los inocentes, de Jack Clayton: terror en Cinemascope

Escrito el 24 enero, 2022 @ECinematografo
Los inocentes
Deborrah Kerr y Martin Stephens en Los inocentes. Dir. Jack Clayton. 20th Century Studios.

El terror es un género que adoro, sobre todo cuando los cineastas no se interesan en traumatizar a la audiencia con tripas o sangre, sino en hundirla en la ansiedad de sus protagonistas. Este inicio de año me topé con Los inocentes de Jack Clayton, una película espeluznante que me fascinó por un lenguaje visual modesto y contundente que jamás recurre al sensacionalismo, y un diálogo tan sutil como lleno de significado.

Los inocentes (1961) inicia negando la fanfarria épica de la hoy difunta 20th Century Fox. Antes de ver los títulos, una pantalla completamente negra se llena con la voz de una niña cantando sobre un amante perdido y una pena imposible de sobrellevar. Solo con unos segundos de rodaje, la incertidumbre abunda: ¿por qué una niña lamentaría tales cosas? Entonces, los logos aparecen y se van, y una mujer angustiada y rodeada de oscuridad explica que los niños necesitan amor y un hogar al cual pertenecer. Esta primera escena es el final de la historia y precede una cinta que cuenta cómo esta protagonista llegó a sentir tanto dolor.

De vuelta al principio de la trama, conocemos a la señorita Giddens (Deborah Kerr), una mujer que es contratada por un hombre displicente para que sea la institutriz de sus sobrinos. Giddens es carismática y refiere tener un gran talento para educar; sin embargo, parece olvidar que estos niños llevan años abandonados y sin una figura familiar que los cuide. Ella acepta el trato sabiendo que este sujeto la dejará sin empleo el día en que no pueda resolver cualquier problema por su cuenta. Así pues, en el contexto de la Inglaterra victoriana, Giddens viaja a una mansión inmensa, convirtiéndose en la responsable absoluta de Miles (Martin Stephens) y Flora (Pamela Franklin).

Al principio, Giddens queda fascinada con ambos niños, pero por más tiernos, cultos y graciosos que sean, percibe algo terrible detrás de su apariencia. William Archibald, Truman Capote y John Mortimer, los guionistas de la cinta, dirigen la atención hacia su extraño lenguaje. Se expresan como adultos y existe cierta malicia en los mensajes crípticos con los que abruman a Giddens. Flora canta sobre un amor perdido ante un lago tétrico y Miles cita un monólogo en el que anhela el regreso de un amo desde la tumba.

Los inocentes
Martin Stephens en Los inocentes. Dir. Jack Clayton. 20th Century Studios.

Clayton multiplica el suspenso con la ayuda del director de fotografía Freddie Francis, un pintor en blanco y negro talentoso y mágico. Aunque esta mansión ya es espeluznante, Clayton y Francis utilizan lentes anchos para crear una imagen plana y distorsionada, con un enfoque que detalla cada objeto con precisión. Esta perspectiva invita a la audiencia a mirar de izquierda a derecha buscando amenazas y objetos a ser lanzados hacia los lentes. Esto nunca pasa. Clayton y Francis no atacan a su audiencia, solo sostienen su atención.

El uso de Cinemascope por parte de este equipo hace que se aproveche todo el espacio disponible y, cuando no lo hace, se distorsiona la visibilidad en la esquina de los lentes de manera que se encierra a los personajes en el espacio. Estas herramientas son mejor utilizadas en la señorita Giddens, quien inicia como el personaje mejor iluminado de la película. Incluso en la oscuridad de la casa, la determinada Giddens absorbe la luz hasta que le es difícil mantener esta característica, especialmente cuando siente ira hacia las conspiraciones de Miles, Flora y dos presencias extrañas que la hacen sentir desamparada en su trabajo.

La institutriz empieza a ver fantasmas en el hogar. Sombras que no llegan como sorpresa y que notamos cuando nuestros ojos se ajustan a la oscuridad de la mansión. Giddens intenta aprender sobre estas criaturas y cae en cuenta de la crueldad que puede conocer un niño cuando es abandonado, independientemente del privilegio económico. Tanto Miles y Flora hablan con la voz de Quint (Peter Wyngard), un empleado de la casa, que los lastimó con palabras de rencor escondidas bajo una fachada de afecto; un demonio ya fallecido todavía causa estragos.

Justo cuando decidimos estar de lado de la institutriz, los guionistas deciden no ver a Giddens como una virtuosa que enfrenta un ejército de demonios y niños raritos. Ella no solo se enfrenta a los espectros de la casa, sino también a la cultura en la que creció. En una secuencia que brilla por su uso conjunto de oscuridad y susurros intimidantes, Giddens escucha las acciones descuidadas de Quint y su amante, voces del pasado que se materializan en su cabeza. La institutriz entonces justifica su percepción como la prueba fehaciente de que los niños fueron abusados por personas crueles e imprudentes que se dejaron llevar por sus deseos carnales, aún si sabemos que ella es el único personaje que parece ver y escuchar estas voces ambiguas que referencian el conflicto que tiene con su propia sexualidad.

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Deborrah Kerr y Peter Wyngard en Los inocentes. Dir. Jack Clayton. 20th Century Studios.

Ya teníamos pistas de la represión de Giddens en otras secuencias, como cuando evita alertar al tío de los niños porque teme que piense que ella quiere ser notada por él, o cuando Miles tiene el extraño detalle de darle un beso en los labios, con ella quedando horrorizada antes que considerar la inocencia del niño. Es así como Clayton y sus guionistas llevan la ambigüedad hasta el límite. Entendemos la cruzada de Giddens para salvar el alma de estos niños, pero el hecho de que no podamos confiar en ella como testigo de eventos perturbadores causa tensión. La institutriz cree que puede exorcizar a estos niños por su cuenta, sin ninguna religión o política involucrándose, solo armada con su intención de preguntar, esperando que Miles y Flora admitan la existencia de su trauma y el nombre de aquellos que los lastimaron.

Es en la última confrontación entre Giddens y Miles donde la película se convierte en una bestia terrible e inolvidable. Kerr interpreta una sorpresa absoluta ante la amenaza de un niño convirtiéndose, de repente, en una máquina de maldiciones y ofensas. No obstante, estas palabras no solo pueden acreditarse al diabólico Quint, también pueden ser la legítima defensa de un niño ante las acusaciones de una mujer paranoica. El resultado de esta pelea es simple desasosiego. El rostro de Giddens ya no absorbe luz, solo sus manos en posición de súplica.

Los inocentes destaca por su elegancia y simplicidad. Su terror depende más de la percepción distorsionada de una cámara que de un sensacionalismo sangriento y despiadado. Clayton nos coloca en el filo de nuestro asiento haciéndonos partícipes del valiente esfuerzo de una mujer con buenas intenciones, muy segura de sí misma como para cuestionarse sobre la veracidad de sus visiones. Mientras los límites de la señorita Giddens son rotos por el deseo de una victoria moral ante los fantasmas que atacan a unos niños, la película nos deja con una invitación cruel: dudar de nuestra percepción e instinto.

 

Los inocentes está disponible en YouTube.

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