Los 50 mejores momentos cinematográficos de 2021

Escrito el 12 enero, 2022 @alessandra_kr

Vida o muerte // The Night House (Dir. David Bruckner)

El el clímax final de The Night House, Beth (Rebecca Hall) se despierta en una barca en medio de un lago y se enfrenta a la decisión de suicidarse y reunirse con su difunto marido Owen (Ewan Jonigkeit), poniendo fin a la depresión que la corroe a raíz de la muerte de este. En forma de espectro del más allá, Owen le recuerda que nunca encontrará paz en el mundo de los vivos y que la muerte reclama lo que es suyo. Hay un arma en sus manos y la decisión es suya. En ese momento, se escuchan las voces de Claire (Sarah Goldberg) y Mel (Vondie Cutis-Hall) llamándola, casi como otras dos presencias que la rescatan por parte del mundo de los vivos.

Un solo instante llega para proporcionar un vistazo hacia donde se está redirigiendo la consideración de la muerte y el pesar en el cine de terror actuar, y cómo, gradualmente, el cine y los espectadores hemos interiorizado que no existe el llamado “pasar página”. Beth es salvada del pozo en que su pérdida la había sumido gracias a las amistades que aún le quedan en este mundo, pero cuando por fin sale de la barca, una sombra en medio del lago le recuerda que nunca va a estar “a salvo”. La pérdida siempre nos va a perseguir y The Night House comprende en su final que es necesario rematar con una nota amarga realista. El final es el de una película que entiende que el duelo nos hace replantearnos todo lo que conocemos de nosotros mismos y de los seres a los que queremos, y que abre una grieta tras la cual es imposible ser la misma persona de antes. Necesitamos a Claire y Mel para que nos saquen del pozo, pero al mismo tiempo, convivir con la muerte es aceptar que hay un trozo de nosotros que jamás podremos recuperar y que, para bien o para mal, como maldición o como alivio, siempre nos perseguirá como nuestra propia sombra. – Javier Álvarez Palma

 

La historia de Bronco Henry // The Power of the Dog (Dir. Jane Campion)

En una escena que roza lo psicosexual, Phil (Benedict Cumberbatch) y Peter (Kodi Smith-McPhee) se reúnen en el granero en medio de la noche para que el vaquero pueda terminar la soga que le prometió al joven. Phil, sin saber que el cuero que Peter le ha dado es de un animal que murió de ántrax, muestra su lado más vulnerable al contar la historia de él y Bronco Henry, la figura mítica que influenció a Phil desde su juventud hasta su muerte.

En este momento de tremenda tensión, Campion maneja el balance entre el poder que los personajes presentan en la conversación y las emociones que ambos deciden mostrar o no. Lo que podría ser un momento que, en las manos de artistas menos hábiles, se podría sentir decepcionante como clímax de la película, termina siendo el instante de mayor anticipación en un filme lleno de situaciones donde los personajes se encuentran en una batalla, pues un movimiento en falso significa perder terreno ante la sombra de Phil Burbank. – Carlos Ruiz

 

Final feliz // The Power of the Dog (Dir. Jane Campion)

En una película repleta de momentos inolvidables fue sumamente difícil escoger el favorito. La majestuosidad del final de la película es que la clave para apreciarlo en su totalidad se encuentra en las primeras palabras dichas en la película: “Cuando mi padre murió, mi mayor deseo era ver feliz a mi madre. ¿Qué clase de hombre sería si no ayudaba a mi madre?”, narra Peter Gordon (Kodi Smit-McPhee). Estas palabras son esenciales para apreciar los últimos minutos de la cinta.

Peter enrolla (con guantes puestos) el lazo que el difunto Phil Burbank (Benedict Cumberbatch) le preparó, hecho que significó su muerte. Momentos después ve por la ventana a su mamá Rose (Kirsten Dunst), por fin libre del acoso que Phil significaba, besarse felizmente con su esposo George (Jesse Plemons), preparándose para vivir en paz y armonía. Las palabras del inicio retumban en nuestros oídos mientras Peter se voltea con una sonrisa sigilosa, “¿Qué clase de hombre sería si no ayudaba a mi madre?” – Alessandra Rangel

 

Las ratas vs Starro // The Suicide Squad (Dir. James Gunn)

Hay que ser un artista muy torcido para invitar a la audiencia a sentir empatía por una banda de asesinos y sociópatas como los protagonistas de The Suicide Squad y sus adversarios. James Gunn no pide que perdonemos a estas personas, sino que valoremos su exclusión inicial que catalizó su locura. Starro, el gran kaiju villano de la película, solo era un pedazo de materia viva que nadaba pacíficamente en la inmensidad del espacio hasta que fue abusado por la industria militar, con su serenidad siendo reemplazada por un deseo absurdo de venganza.

En el clímax de la historia, un montón de ratas heroicas terminan enfrentando a Starro guiadas por Cleo (Daniela Melchior), una joven que respeta a las criaturas que usará para su beneficio. El instante más precioso sucede cuando ella recuerda las palabras de su padre: “Las ratas se incluyen dentro de los animales más solitarios y desgraciados, si ellas tienen propósito, entonces todos lo tenemos”. – Carlos Yaya

 

“Strange Fruit” // The United States vs. Billie Holiday (Dir. Lee Daniels)

Uno de los temas musicales más icónicos en la carrera de Billie Holiday fue Strange Fruit, retrato lírico de un linchamiento que rápidamente se convirtió en un himno de la lucha antirracista en Estados Unidos, y por el cual Holiday fue perseguida por el FBI, tal y cómo se narra en The United States vs. Billie Holiday.

En la película dirigida por Lee Daniels, la actriz debutante Andra Day interpreta valientemente a Holiday. Se pueden criticar muchas cosas en el trabajo de Daniels, pero no se puede negar su habilidad para contar con indignación palpable historias de injusticia y aflicción y las actuaciones que extrae de sus actores. Cuando Day sube al escenario en un traje blanco de Prada para interpretar Strange Fruit (sin duda el mejor momento de la película), esa indignación traspasa la pantalla, y la trillada frase “una estrella ha nacido” se hace inevitable. – Kenny Díaz

 

Recuerdo del choque // The Woman in the Window (Dir. Joe Wright)

Es posible que The Woman in the Window haya sido la película más ridiculizada y la que menos lo merecía de las estrenadas por Netflix en este malhadado año. Este thriller, dirigido por Joe Wright (Anna Karenina) y protagonizado por Amy Adams (Amy Adams, por amor de Dios), fue uno de los fracasos más sonados del año, por la manera en que fue recibida por los críticos y audiencias, quienes vieron en ella la confirmación de que la otrora aclamada pelirroja se encuentra en su era del flop (del bodrio, pues). Nada más contrario a la realidad, pues Wright y Adams conformaron una dupla cautivadora, aquél con sus vistosos planos en claro homenaje a Alfred Hitchcock y Brian De Palma, explotando al máximo los confines de una siniestra casa neoyorquina, y aquella interpretando a una mujer solitaria, enfermiza y siempre al borde de un ataque de ansiedad, que cree ver asesinatos donde no los hay (hasta que los hay).

El momento climático de la cinta ocurre cuando sus vecinos, Gary Oldman y su esposa no-muerta, Jennifer Jason Leigh, en conjunto con la policía, confrontan a Anna (Adams), obligándola a recordar la realidad: que su esposo y su hija murieron en un accidente automovilístico que ella provocó meses atrás. Es entonces que Wright presenta a cuadro, con la maestría que demostró en la secuencia de Dunquerque en su bellísima Atonement (2007), el accidente mismo en la sala de estar de Anna. La nieve invade el espacio y un automóvil rojo se coloca entre los muebles del hogar al momento en que la perturbada mente de Anna cae en cuenta de que su realidad, la que había habitado hasta hace un momento, no era más que un espejismo. Se trata del tipo de revelación difícil por lo abusada en la actualidad, pero en las manos de un cineasta hábil es un truco digno de magia que nos abre los ojos y nos acerca a los protagonistas, pues nos damos cuenta de que fuimos sus cómplices en la ilusión. – J. Alejandro Becerra

 

Sunday // tick tick…BOOM! (Dir. Lin-Manuel Miranda)

Sin duda 2021 se marca como un buen año para el género musical en el cine, y más porque Broadway tuvo sus puertas cerradas debido a la pandemia, generando aún mayor enfoque en el cine. Las producciones fueron variadas y varias de calidad, y de estas destaca tick, tick…BOOM!, la ópera prima de Lin-Manuel Miranda.  Su película ofrece un homenaje a Jonathan Larson y lo enfoca en el momento de su vida donde no tiene estabilidad económica y está pasando por un estancamiento creativo.

En el número musicial Sunday, Miranda reúne a una amplia variedad de artistas legendarios de Broadway, incluyendo Bernadette Peters, Chita Rivera, Joel Grey, André De Shields y Phylicia Rashad, en un homenaje a todo lo que Larson escribió y compuso. Además, la escena es una gozada para todo aquel fanático del género y para quienes han presenciado obras musicales en Nueva York. Este momento no solo destaca por las estrellas en pantalla, sino por lo emotivo y lo bien montado del número. – Israel Acosta

 

Future Islands // Titane (Dir. Julia Ducournau)

Existe mucho que subrayar en torno a la controvertida obra de Julia Ducournau, pero a expensas de toda su visceralidad gore, hay una secuencia que concentra el ánima de la película. Adrian (Agathe Rousselle) y Vincent (Vincent Lindon) se reencuentran más allá de las máscaras que llevan encima en forma de roles asociados al género, al ritmo de Lighthouse de Future Islands en una coreografiada secuencia que bien podría ser un videoclip de The Blaze.

Un momento sencillo, catártico y donde la idea sembrada a lo largo del filme se vuelve física: la importancia del hogar, la familia encontrada, la reconceptualización y comprensión de un “hogar”, no como un lugar físico, sino como un espacio seguro, voluble y efímero, y por lo tanto valioso debido a su inestabilidad. Pocas veces en el cine reciente la masculinidad se ha rodado bajo una lente tan positiva, desprovista de toxicidad y primitivismo brutal, pero porque Ducounrnau no habla de la masculinidad en esta escena, tampoco de la feminidad; más bien habla del afecto, de esa laguna intermedia, ese espacio límbico que nos conecta y que solo se puede verbalizar como el acto de amar, en los rincones en los que nos sentimos lo suficientemente cómodos para ser, puramente y sin restricciones, nosotrxs mismxs. – Javier Álvarez Palma

 

Momento de hacer lo que quiero // Violet (Dir. Justine Bateman)

Violet ha experimentado toda su vida adulta con ansiedad. Hay una voz (Justin Theroux) dentro de ella que se encarga de cuestionar todo lo que hace y traerla a menos. Sin embargo, un día simplemente tiene suficiente. Violet comienza a preguntarse si la vida que realmente quiere se encuentra al alcance de sus manos. Pronto se arma de valor y deja de permitir que esta voz domine su vida: se enfrenta a su jefe abusivo y renuncia a su trabajo, corta lazos con su familia tóxica que la hacen sentir culpable. Poco a poco toma control de su vida y, por fin, empieza a hacer lo que en verdad quiere.

Mientras que todas estas acciones son sumamente gratificantes – y admirables para esta audiencia de uno que también vive con ansiedad – quizá la escena más emocionante es cuando Violet decide actuar sobre sus sentimientos de amor por su amigo / compañero de casa, Red (Luke Bracey). Cual película romántica, Violet lo ve desde el otro lado de la habitación durante una fiesta. Camina hacia él, lo toma de la mano y con una sola mirada le da a entender todo lo que siente. Todos a su alrededor desaparecen mientras caminan tomados de la mano hacia un corredor solitario, con el ritmo de Uncomfortable de Mélanie Laurent y Damien Rice como fondo perfecto para esta historia de amor que apenas comienza. Todo porque ella se permitió sentir algo. – Alessandra Rangel

 

@stefani // Zola (Dir. Janicza Bravo)

Janizca Bravo se enfrentó a un desafío gigantesco a la hora de adaptar Zola, una disparatada historia de strippers y tráfico sexual basada en un hilo de Twitter: el relato y sus personajes existen en el imaginario colectivo como una hipérbole, y el personaje de Stefani (Riley Keough) solo es percibida a través de los ojos (y tuits) de Zola (Taylour Paige). Justo antes del acto final, un @stefani aparece en pantalla y Bravo narra el encuentro de ambas a través de la distorsionada visión de los eventos de Stefani, proveniente de un post de Reddit.

Rodada con pasteles y un tono onírico e infantilizado, Bravo consigue que veamos la realidad, aunque sea repugnante, a través de los ojos de Stefani, y resulta tan hilarante como aterrador porque le ponemos dimensionalidad y voz a una mujer que, sin esta secuencia, podría ser condenada a una caricatura. Un detalle metatextual aparentemente nimio, pero imaginativamente brillante, da la profundidad que necesitábamos del personaje de Keogh: durante esta escena, Stefani está leyendo un teleprónter, y durante los cortes entre tomas, respira agotada. Un toque sutil, pero que cuenta quién es ella más allá de la parodia que podríamos inferir del hilo de Twitter original: manipuladora, mentirosa y deslenguada, también es una persona en una situación horrible, obligada a actuar para todo el mundo para mantenerse con vida. – Javier Álvarez Palma

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