Palomita de maíz

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Las películas destacadas de Sundance 2024

Escrito el 8 febrero, 2024 @bmo985

Ha terminado otra edición del Festival de Sundance, acaso la última que se lleve a cabo en el pequeño poblado de Park City, Utah. 83 películas, entre estrenos dentro y fuera de competencia, se proyectaron durante los 10 días de duración del evento. Como los años anteriores, Palomita de maíz asistió de forma virtual, en donde no estuvieron disponibles todos los filmes de la programación, pero sí los suficientes como para dar un diagnóstico.

Tradicionalmente un escaparate para el cine independiente estadounidense, en años recientes Sundance se ha convertido en una plataforma cada vez más orientada hacia el mainstream. Si en años anteriores de allí surgieron cineastas eclécticos como Joel y Ethan Coen, Steven Soderbergh, Richard Linklater y Gregg Araki, articulando recursos narrativos y estilísticos contrarios a las películas de los grandes estudios, ahora es más probable que las películas proyectadas sean independientes solo en nombre y no en espíritu, pues replican lo realizado en aquellas grandes corporaciones. Allí está Radical (Christopher Zalla, 2023), ganadora del Premio de la audiencia del año pasado e indistinguible de un dramón basado en hechos de la vida real o CODA (Sian Heder, 2021), ganadora en el festival y después en los premios Óscar, que destacó por ser bastante convencional (recientemente el crítico Richard Brody expresó sus reservas sobre la domesticación de los filmes presentados en esta edición del festival).

No obstante, Sundance continúa su función de semillero de nuevos talentos con la salvedad de que estos, después de probarse como directores/escritores capaces, son reclutados para dirigir la enésima entrega de una saga de acción, superhéroes o algo similar. Para muestra un botón: la carrera de Ryan Coogler después de ganar en el festival por Fruitvale Station en 2013.

Ambos procesos se inscriben en la década de dominación de Marvel, DC y otros, relegando las comedias románticas, los dramas basados en la vida real y los dramas sociales a las productoras pequeñas e independientes. Ahora que la tendencia da señales de revertirse, con el tropiezo de Marvel y la narrativa hegemónica de los superhéroes, ¿puede el Festival de Sundance regresar a su papel como criadero de la innovación de la industria de cine estadounidense?

Esta edición demostró ambas tendencias con un par de documentales de desafortunada superficialidad, uno hecho ex profeso para una plataforma de streaming y el otro hecho para ser vendido a una de ellas (Frida y Skywalkers: A Love Story). Estos convivieron con documentales de urgencia política (Soundtrack To A Coup d’Etat, Union, Power y Black Box Diaries) y con otros de exploración humanista sobre comunidades, grupos y familias (Gaucho Gaucho, A New Kind of WIlderness, Nocturnes y Agent Of Happiness).

En el ámbito de la ficción, la gran sorpresa provino de una película haitiana (Kidnapping Inc.), que hábilmente entretejió la acción y la comedia negra con la crisis social de la atribulada isla. Algunos largometrajes exploraron la dinámica familiar en contextos distintos: desde la experiencia afroamericana (Exhibiting Forgiveness), desde la migración y la ilegalidad como condición inhumana (In The Land of Brothers), como una estructura inestable y en franca decadencia (In The Summers), como un ancla frente al mundo incierto (Girls Will Be Girls), como una ilusión pasajera (Reinas), como un microcosmos de los retos e injusticia que ofrece el mundo (Good One) o como una relación entablada con perfectos extraños (áma Gloria).

Sujo, la película mexicana dirigida por Astrid Rondero y Fernanda Valadez, planteó a la familia como un conjunto de fuerzas simultáneas que jalan a su personaje central en direcciones opuestas. Acá están sus tías, quienes lo protegen, lo cuidan y lo alimentan; allá su padre, sus tíos y primos que lo empujan hacia el abismo de la violencia. Rondero y Valadez avizoran una salida parcial a la crisis, pues más que la familia, terminan siendo las mujeres de la vida del protagonista quienes representan un atisbo de esperanza entre las ruinas de la sociedad mexicana.

La comedia Stress Positions destacó por su carácter propositivo, si bien el resultado no fue muy afortunado, pero es el tipo de experimentación de bajo presupuesto que se extrañaba en el festival que acaba de cumplir 40 años en su formato actual. Igualmente experimental, el documental The Mother of All Lies hurgó en la memoria de los sobrevivientes de la represión estatal a través de las figuras miniaturas y las maquetas del vecindario donde ocurrieron los hechos. Por su parte, Ponyboi, película sobre crimen, reveló otra tendencia del festival: siempre debe haber un final feliz.

Sin más, aquí están en orden alfabético mis películas favoritas del Festival de Sundance 2024 (con la debida anotación de que aquellas que hicieron más ruido, como Presence de Steven Soderbergh y Love Lies Bleeding de Rose Glass, no estuvieron disponibles para la cobertura remota).

 

áma Gloria (Dir. Marie Amachoukeli)

Sección: Spotlight.

En esta película que abrió la Semana de la Crítica en el pasado Festival de Cannes, Gloria, una niñera caboverdiana (Ilça Moreno Zego), pasa un último verano junto a Cléo (Louise Mauroy-Panzani), la niña de 6 años que ha cuidado casi desde su nacimiento. La cercanía de un niño con una persona que no pertenece a la familia ya había sido abordadA en clave épica en Roma (Alfonso Cuarón, 2018), pero en áma Gloria el asunto es de menor calado, con primeros planos, cámara al hombro y diálogos naturalistas que exploran la relación entre niña y niñera, pero también la contradicción de una mujer que tuvo que abandonar a sus hijos para cuidar a los hijos de alguien más.

“¿Quiénes aparecen en esas fotos?”, inquiere la pequeña Cléo, quIeN ha viajado a Cabo Verde para pasar un último verano con su cuidadora. “Es mi familia, todas estas fotografías son mis recuerdos”, le responde Gloria, a lo que Cléo reacciona con un “Todos mis recuerdos son contigo”. Es un momento especial en el que el mundo de la niña parece romperse. Gloria no es su madre, es una mujer que tiene una vida sin ella, con hijos propios, uno de los cuales ni siquiera la reconoce como su madre, con un proyecto de vida que ya no la incluye. Es un eufemismo decir que se rompe el corazón de Cléo en este momento.

Marie Amachoukeli captura su dolor con cercanía, obteniendo una actuación impresionante, similar al desconsuelo infantil capturado en The Kid (Charles Chaplin, 1921). áma Gloria no es un trago amargo, sino un retrato del amor entre una mujer y una niña que ilustra la compleja relación de un migrante con el país que lo recibe, al cual no entrega solo su trabajo, sino también su corazón.

 

Black Box Diaries (Dir. Shiori Ito)

Sección: World Cinema Documentary Competition.

Shiori Ito, una joven periodista, persigue tenazmente su propia denuncia de violación ante la inacción de las autoridades tokiotas, descubriendo a través de los años el entramado de corrupción que hace casi imposible el arresto de su violador, un veterano periodista ligado al ex primer ministro Shinzo Abe. Ito funge como la directora y, por la mayor parte, la camarógrafa en esta crónica de casi ocho años durante los cuales confrontó al sistema judicial japonés para obtener justicia.

Este, constreñido por un código judicial que data de más de 100 años, subraya el conservadurismo de la aparente disciplinada y amable sociedad nipona, en la que hacer una acusación pública de esta índole es una autocondena al ostracismo. Ito comienza esta lucha en la soledad, recurriendo a sus amigos y colaboradores para apoyo, recogiendo fieles aliados entre testigos, detectives y extraños, y convirtiéndose eventualmente en el rostro del #MeToo japonés.

El documental, grabado con cámaras de teléfono, presenta grabaciones clandestinas, llamadas telefónicas recogidas por Ito para conformar una carpeta de evidencias en caso de que su atacante y sus aliados en las altas esferas políticas decidieran atentar contra su vida. Black Box Diaries es un testimonio en primera persona de insuperable valentía, resiliencia y voluntad de parte de su directora y protagonista, cuya fortaleza llega a quebrantarse a cuadro, pero nunca ceja en alcanzar su objetivo. Es a partes iguales un thriller paranoico en busca de la verdad, una confrontación del poder político y el cuestionamiento de una sociedad misógina que nos deja con el retrato de una mujer decidida a todo.

 

Brief History of A Family (Dir. Jianjie Lin)

Sección: World Cinema Dramatic Competition.

Yan Shuo (Sun Xilun), un muchacho de clase baja, encaja a la perfección en la familia de su compañero de clase, Wei Tu (Lin Muram), desatando una tormenta de emociones en su pequeña familia de clase media. Brief History Of A Family presenta una lucha de voluntades en el contexto de la desigualdad económica de la sociedad china. Parte de la política de hijo único (apenas derogada en 2016) para dibujar una sociedad solitaria, una vida familiar atomizada que Lin coloca bajo el microscopio para analizarla a través de la inclusión de un cuerpo extraño, descubriendo más sobre los primeros que sobre el segundo, quien parece flotar a lo largo de la trama.

La puesta en escena es precisa, guiada por una mano ligera que privilegia los silencios al interior de las cuatro paredes del moderno departamento de los Wei. Es una película parca en diálogos, la cual no estamos seguros del tipo de resolución que persigue (una sensación fenomenal si me preguntan), por lo que es mejor no mencionar nada más, solo acotar que abre preguntas sobre la naturaleza de cada uno de los involucrados y funciona en varios niveles, transitando del drama a la alegoría. A través de una fotografía oscurantista y técnicamente dotada (recordando a The Killer de David Fincher, 2023), A Brief History Of A Family descubre los tonos grises de la prosperidad china, sugiriendo un cierto malestar en su interior.

 

Exhibiting Forgiveness (Dir. Titus Kaphar)

Sección: U.S. Dramatic Competition

Tarrell, un exitoso pintor afroestadounidense (André Holland) reabre viejas heridas tras la súbita aparición de su anciano padre (John Earl Jelkes), un violento drogadicto que se ha rehabilitado y quiere reconectar con su hijo. Obligado a rememorar los momentos traumáticos pasados junto a él, Tarrell vuelca en sus lienzos todo lo que no puede expresar con las palabras. El director debutante Titus Kaphar (autor de las pinturas realizadas por el personaje de Holland) realiza una oda al arte como catarsis emocional, planteando que no es la belleza lo que el emprendimiento artístico persigue, sino el exorcismo propio. Esos preciosos lienzos de colores pasteles, composiciones plácidas y líneas rectas que representan casas y adolescentes afroestadounidenses no son una idealización nostálgica del pasado de Tarrell, sino las claves de su dolor.

Todo esto podría convertirse en otras manos en un culebrón o al menos una tormenta emotiva, pero bajo la dirección de Kaphar, Exhibiting Forgivess es un drama afinado donde el perdón y la ira conviven lado a lado. Holland hace un buen papel, ocultando sus sentimientos a menos que esté de frente a un lienzo, y el elenco (Andra Day y Aunjanue Ellis-Taylor) le otorga una calidez humana a este relato arrebatador.

 

Gaucho Gaucho (Dir. Michael Dweck y Gregory Kershaw)

Sección: U.S. Documentary Competition.

La vida bucólica de los domadores de caballos del norte de Argentina, los vistosos gauchos, es el tema central de este documental que los encuentra en excelente estado de salud, retratando sus costumbres a través de un puñado de personajes: una joven domadora, un par de niños que duermen bajo las estrellas, un anciano que reparte sabiduría, un ganadero que comparte con quien se deje sobre su continua guerra contra los cóndores y un padre que transmite sus saberes a su pequeño hijo. Todo esto realizado en blanco y negro con lentes anchos, lo que le da a todo el documental un aspecto de exposición fotográfica en movimiento. Hay planos para repartir y regalar, pues casi instante de este filme podría enmarcarse no solo por su exquisita composición, sino también por los personajes que descubre y retrata.

Esta no es una región en peligro de desaparecer, ni una cultura moribunda ni nada de eso. Las tradiciones están vivas, puede que un poco idealizadas a través de la cámara de Dweck y Kershaw, pero las vemos manifestadas en la determinación de la fotogénica jovencita que decide entrenarse como domadora de caballos y participar en el rodeo local, o en el par de niños que exploran, remueven y cabalgan por las praderas, convirtiendo un montón de huesos vacunos en un divertido juego, en el padre que enseña a su hijo a afilar un cuchillo y a trenzar un lazo.

Será el sereno, pero lo que me ha dejado Gaucho Gaucho es una impresión del espíritu de este grupo de gente orgullosa que no necesita mantener vivas sus tradiciones porque las viven día con día.

 

Good One (Dir. India Donaldson)

Sección: U.S. Dramatic Competition.

Sam (Lily Collias) sale a acampar con su padre (James Le Gros) y el amigo de este, Matt (Danny McCarthy), aguantando todo lo que este par de señores brutos hacen y dejan de hacer. La película debut de India Donaldson como directora es un recorrido a través de lo que ahora sabemos que son las microagresiones como las vive una mujer en su día a día, pero no por ello hay que descontar Good One como otra película de tintes ideológicos ni un drama desgarrador. Al contrario, un humor seco recorre cada escena del filme con los intercambios entre el padre experto campista y su amigo ignorante de las mejores prácticas, todo ello reflejado en el cada vez más hastiado rostro de Sam.

Good One, con su entorno boscoso y su banda sonora campirana, captura la callada frustración de su joven protagonista ante la ignorancia, el silencio, la complicidad y el fingimiento de dos hombres que no se dan cuenta de que hacen menos o ponen en peligro al personaje interpretado por Lily Collias, cuyos ojos compensan su diminuto tamaño con suficiente expresividad para comprenderla sin que tenga que decir una sola palabra. Esta fue una de las películas más refrescantes del festival porque en su hechura representó algo del cine independiente y austero (un puñado de escenarios, unos cuantos personajes y una trama impulsada por los diálogos), que, a pesar de la humildad de su trama, puede hacer observaciones incisivas sin perder de vista la historia. No es una película importante (como tienen que serlo casi todas las películas que desfilan por Sundance), pero es una que siempre agradeceré en medio del ajetreo de un festival cuando los días requieren el visionado de cinco o seis películas: es un respiro, se disfruta verla y también te hace pensar.

 

In The Summers (Dir. Alessandra Lacorazza Samudio)

Sección: U.S. Dramatic Competition

La ganadora del Premio del jurado en la competencia estadounidense fue este retrato de un padre divorciado (René Pérez Joglar, también conocido como Residente) quien recibe cada verano a sus dos hijas en Las Cruces, Nuevo México. A través de una estructura episódica, marcada por cuadros alegóricos que sintetizan los eventos de cada capítulo, la directora primeriza Alessandra Lacorazza Samudio aborda el alcoholismo de un padre y sus repercusiones en sus hijas, examinando a este trío a lo largo de los años, él hundiéndose y ellas incapaces de resistirse a su atracción gravitacional, como si se tratara de un agujero negro.

La complejidad de lidiar con una adicción en la familia está bien representada en In The Summers, pues se planta con una visión naturalista en la que las confrontaciones son prácticamente imposibles. Más valiosos son los silencios para Lacorazza, quien sigue a las niñas conforme se transforman en adultas que, a pesar de que su padre es un desastre andante, son incapaces de rechazarlo.

¿Es posible la redención, el reconocimiento del daño hecho, la introspección para admitir que nos parecemos más a nuestros padres de lo que nos gustaría? No lo sé, pero, por lo mientras, In The Summers articula algo interesante a través de una mirada que no juzga, solo busca comprender. Para ello, echa mano de una gran actuación a cargo de Pérez Joglar, quien encarna con trazos amplios la dualidad de un padre alcohólico que lastima muy a su pesar, acompañado de Lío Mehiel (quien estelarizó una de mis propuestas favoritas del año pasado, Mutt) y de Sasha Calle, quienes interpretan a sus hijas adultas.

 

Kidnapping Inc. (Dir. Bruno Mourral)

Sección: Midnight.

Una desquiciada comedia negra que sigue la tarde de perros de dos secuestradores, Zoe (Rolaphton Mercure) y Doc (Jasmael Andri), quienes deben transportar a su más reciente víctima (el hijo de un senador y candidato a la presidencia) al resguardo para obtener su rescate, pero terminan causando un caos mayúsculo en las calles de Puerto Príncipe cuando lo pierden. Esta película haitiana dirigida por Bruno Mourral fue una de las sorpresas de esta edición porque no acostumbramos a ver mucha acción (¡vaya que sabe filmarla este director debutante!) y eso es lo que ofrece Kidnapping Inc., la cual, a lo largo de más de 100 minutos, no se detiene en su frenesí a través de la capital haitiana.

Su magnífico dúo protagónico, una mezcla a partes iguales entre criminalidad violenta, ineptitud e instinto de supervivencia, no permitirá que nada se interponga en lo que insisten es su último trabajo y Mourral los captura como algo más que brutos criminales. Un poco en la vena del Guy Ritchie que hizo la crónica de los bajos mundos londinenses a finales de la década de 1990, Kidnapping Inc. conjuga altas dosis de acción con comedia negra, introduciendo personajes cada vez más desquiciados, desde la mujer embarazada que necesita subir al avión para no dar a luz en Haití sino en Miami, hasta el corrupto senador que se preocupa más por sus finanzas que por el bienestar de su hijo secuestrado. A pesar de su galopante ritmo y humor negro, el filme es capaz de articular una perspectiva satírica sobre la situación social que ha llevado a Haití a su actual crisis de secuestro y va aún más allá, alcanzando en sus minutos finales una visión desoladora sobre una vida dedicada al crimen. Kidnapping Inc. lo tiene todo.

 

Nocturnes (Dir. Anirban Dutta y Anipama Srinivasan)

Sección: World Cinema Documentary Competition.

En el bosque que crece sobre las faldas de la cordillera del Himalaya indio, una joven científica (Mansi Mungee) realiza una investigación sobre las palomillas halcón que viven allí, en la que intentará determinar la relación entre la altitud, el clima y el tamaño de estas. Esto puede sonar poco emocionante y hasta más propio de un documental, pero lo que los directores Anirban Dutta y Anipama Srinivasan hacen trasciende los límites de esta investigación. Nocturnes es una experiencia inmersiva de contacto con el bosque y con la inmensa variedad de insectos lepidópteros que habitan en él.

La película desecha cualquier enfoque didáctico y centra su atención desde el principio en el mecanismo mediante el cual las palomillas son atraídas para que sean estudiadas: Mungee y sus asistentes instalan una pantalla sobre soportes y encima colocan potentes luces en las noches de luna nueva. Así, los insectos son fotografiados para ser medidos en el laboratorio.

Este espectáculo es poesía pura, no solo por la inmensa variedad de palomillas que llegan a descansar sobre las pantallas (cada una de color y tamaño diferente), sino también por el diseño de sonido que captura cada aleteo de estas caprichosas criaturas. El cine también se escucha y ¡vaya que Nocturnes se hace escuchar! El bosque deja de ser un espacio cuantificable para, a través de la cámara de Dutta y Srinivasan, convertirse en un rincón misterioso, imposible de aprehender con la mirada, territorio vedado para el humano y gobernado por los elefantes y los insectos voladores.

Nocturnes no captura, sino inventa una sensación de magia pura en la que la audiencia se olvida por completo de que está viendo una película (mucho menos un documental), a través de planos de larga duración, una voz en off escasamente usada y el sonido envolvente. Es una sensación similar a la que experimenté con Memoria (Apichatpong Weerasethakul, 2021), especialmente durante la secuencia en el río, durante la cual uno parece abandonar este plano terrenal para habitar la diégesis, sin importar que parezca que no sucede nada a cuadro. Si esta fue mi impresión viendo desde casa, no puedo imaginar cómo debe ser en una sala de cine.

 

Power (Dir. Yance Ford)

Sección: Premieres.

La fuerza policiaca en Estados Unidos, sus límites y sus acciones han sido temas recurrentes en su discusión política. Ya se han cumplido más de 10 años desde el primer movimiento de #BlackLivesMatter y más de 60 desde que los activistas de los derechos civiles denunciaran los hábitos violentos de los departamentos de policía en todo Estados Unidos. Power, de Yance Ford, señala que si nada ha cambiado es porque la policía estadounidense es un grupo de interés que ha manipulado la opinión pública y a sus representantes políticos para mantener y aumentar sus privilegios para oprimir y reprimir a la sociedad civil.

A través de entrevistas con distintos especialistas y pietaje de archivo con activistas históricos como Stokely Carmicheal, Power delinea una historia del poder bruto blandido por la policía estadounidense, señalando tres orígenes: la vigilancia, la represión y la protección del statu quo. Ford concibe a la actividad policiaca como una manifestación del poder imperial estadounidense (y rastrea sus orígenes hasta la contrainsurgencia estadounidense en las Filipinas, ocupadas por tropas estadounidenses entre 1898 y 1935), convertido ahora en un arma en contra de sus propios ciudadanos, echando combustible a la vieja discusión sobre la imposibilidad de ser simultáneamente una república y un imperio mundial.

Si bien el documental no ahonda en los puntos más interesantes que presenta – a final de cuentas es una introducción al tema –, lo cierto es que estos son puntos de partida para concebir la fuerza policial en términos distintos a “proteger y servir”. Una de sus conclusiones, que funciona de forma espléndida en este año electoral, es que la democracia misma está bajo peligro si un grupo armado hasta los dientes que se niega a ser controlado, vigilado o limitado de alguna forma, continúa fortificando su condición de intocable. Probablemente no cambie nada en Estados Unidos (la tierra donde las reformas son imposibles), pero ojalá que sirva como advertencia y motivo de reflexión en países como México que han hecho del ejército un cuerpo igual de inamovible.

 

Soundtrack To A Coup d’Etat (Dir. Johan Grimonprez)

Sección: World Cinema Documentary Competition.

Una conspiración de Occidente para permitir que un proyecto colonial continúe su explotación simultánea de personas y recursos es la trama de Soundtrack To A Coup d’Etat de Johan Grimonprez, el cual revisa los meses anteriores al asesinato del primer ministro congolés Patrice Lumumba, intercalando su narración con testimonios literarios de primera mano, pietaje de archivo y la música soul y jazz del momento. Esta adición musical puede parecer extraña, pero lo que Grimprez y su editor Rik Chaubet hacen es delinear el poder suave y el poder duro que Estados Unidos utilizó para resolver la crisis del Congo en 1960 a su favor, llevando a Louis Armstrong a tocar frente a cientos de miles de congoleses mientras la CIA, el gobierno belga y representantes de las Naciones Unidas acordaban los detalles para hacer que la recién declarada independencia del Congo fuera letra muerta.

El documental presenta interpretaciones de Nina Simone, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie y Duke Ellington (todos ellos parte del programa ideado por el Departamento de Estado para promover la cultura estadounidense durante la Guerra Fría), marcando el ritmo de la edición y subrayando el papel de Estados Unidos en el mundo de la posguerra: la hegemonía cultural y militar iban de la mano porque uno no es posible sin el otro.

Viéndolo desde 2024, lo que más salta es que la complicidad revelada entre las grandes potencias occidentales para aplastar el progreso social y material del “Tercer Mundo” es una de las mayores tragedias surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, además de que la defensa del proyecto colonial y genocida que entonces lideraba el gobierno belga encuentra su símil en la situación que sucede ahora mismo en Palestina, en la que los integrantes del G-7 han prácticamente cerrado filas tras proyecto colonial genocida.

En fin, de vuelta al documental: Grimonprez enriquece este ensayo sobre un episodio de la historia del colonialismo con los números musicales y, sobre todo, siguiendo de cerca las discusiones al respecto en la Asamblea General de Naciones Unidas, en la que, durante esos años, el bloque asiático-africano llegó a imponer su mayoría. Las apariciones de Malcolm X, Fidel Castro, Nikita Jrushov, Gamal Abdel Nasser, Jawaharlal Nehru y otros líderes (y agentes de inteligencia) hacen de este documental un testimonio fascinante de finales de la década de 1950 e inicios de la de 1960 en los que el mundo transitó hacia la descolonización, pero se vio impedido por Occidente.

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