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Las horas: pensar, actuar, sobrevivir y pensar de nuevo

Escrito el 29 julio, 2022 @ECinematografo
Este artículo contiene spoilers.
Meryl Streep, Julianne Moore, Nicole Kidman en Las horas. Dir. Stephen Daldry. Paramount Pictures. 2002.
“¡Qué gran enredo son las ideas! Privilegiado es aquel que logra desenmarañar sus pensamientos y producir o defender un argumento. Genial es aquel que logra cautivarnos solo con el curso de sus ideas disparadas al aire, desordenadas, caóticas y, aun así, legibles y transparentes…”

Virginia y la corriente de consciencia

La película Las horas sucede en tres líneas temporales. La primera es aquella que sucede en los años de 1920, cuando la escritora Virginia Woolf (Nicole Kidman), padeciendo de un trastorno bipolar casi incapacitante, empieza a escribir una nueva historia: La señora Dalloway. Su jornada empieza con ella demostrando a su esposo que su mente está lo suficientemente intacta como para empezar a trabajar. Le dice: “Leonard, creo que ya tengo una primera oración.”

La protagonista de Virginia quiere planear una cena pese al desgaste emocional que siente por dedicarse a otros antes que a sí misma y la idea de su propia mortalidad. 30 años después, Laura Brown (Julianne Moore) lee esta novela mientras reacciona a una vida insatisfactoria y contempla el suicidio. 50 años después de Laura, Clarissa Vaughan (Meryl Streep), una “señora Dalloway” contemporánea, inicia su mañana planeando una fiesta para su mejor amigo, con quien mantiene un apego que perjudica sus otras relaciones.

El modo en que Las horas cuenta sus historias parece seguir la “corriente de consciencia”, una herramienta narrativa preferida por Virginia Woolf en sus escritos. Aquí se articulan todos los pensamientos y sensaciones que pasan por la mente del narrador, aun si esto implica saltar entre ideas y sentimientos, y usar una puntuación particular.

La película intenta traducir esto al ámbito cinematográfico desde una inolvidable secuencia de títulos, presentando una historia que avanza a partir de los monólogos internos de sus personajes, con la música del compositor Phillip Glass manteniendo la armonía. Es así como el director Stephen Daldry permite que la intención en los rostros de Kidman, Moore y Streep impulsen el montaje y su visión de una trama interconectada.

Nicole Kidman en Las horas. Dir. Stephen Daldry. Paramount Pictures. 2002.

Las horas abre con tres mujeres en un momento crucial de sus vidas: el momento en el que deciden lo que harán con el resto de su existencia, La historia se da a la tarea de mostrar cómo la vida de un individuo, así como sus aspiraciones, pueden ser examinadas a través de un día. Cada mujer enfrenta la necesidad dramática de no solo cambiar sus circunstancias, sino tomar las riendas de su propio albedrío.

Virginia, en particular, se descubre como coaccionada por la disciplina médica, y se plantea crear a una protagonista incapaz de entender su destino a pesar de su propia determinación. A través de los talentos de Nicole Kidman es notable cómo los pensamientos de Virginia emergen pese a su dificultad para concentrarse y se sitúan en su pluma para expresar ideas que ganan significado, y se convierten en impulsos creativos.

Esta versión ficticia de Virginia Woolf se realiza ante nuestros ojos a través de su soledad, su reacción ante el aburrimiento de su retiro rural y la relación con su marido Leonard (Stephen Dillane) y su hermana Vanessa (Miranda Richardson). Mientras, la señora Dalloway que está naciendo en papel se constituye como un punto de comparación con las mujeres cuyas vivencias se yuxtaponen con el día de la autora.

 

Laura y el final de una vida

Julianne Moore en Las horas. Dir. Stephen Daldry. Paramount Pictures. 2002.

Laura Brown despierta una mañana en la década de los 50 con la intención de leer La señora Dalloway y amortiguar el aburrimiento que siente en su matrimonio. Sin necesidad de hacer explícita su frustración de forma verbal, se entiende que Laura desposó a su marido porque la sociedad le exigió retribuir el esfuerzo de los veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, se muestra que, si bien Laura no es violenta con su hijo, es hostil con él al encontrarlo intrusivo, pues fueron las expectativas de otros las que forzaron la maternidad en ella. Laura no está llevando la vida que quiere, solo es partícipe de las decisiones que desearon los demás.

Las horas conecta a las tres mujeres con analogías que impulsan elipsis inmediatas. El montaje, nominado al Óscar cortesía de Peter Boyle, permite que la audiencia viaje en el tiempo y tema por el destino de Laura, dando la impresión de que la pluma de Woolf está manufacturando sus destinos. En una escena, Virginia siente que ya ha superado la motivación de su vida, y al notar un pequeño pájaro en aras de la muerte, decide recostarse a verlo agonizar y ¡CORTE!…vemos a Julianne Moore como Laura recostada en la cama y contemplando el suicidio como la única salida de un matrimonio que implica morir en vida.

La “corriente de consciencia”, explícita en la porción de la película perteneciente a Laura, es desarrollada a través de múltiples motivos visuales que ganan sentido de forma emocional solo hasta que se presentan en la historia de las otras mujeres. Por ejemplo, Laura presiona un beso que no es correspondido y después las otras mujeres pasan por la misma situación. De esta manera, queda claro que están desesperadas por una señal que les permita estar a gusto con sus circunstancias.

Al considerar tanto su muerte, Laura representa gran parte de la tensión en Las horas al reflejar una premisa presente en La señora Dalloway: “alguien tiene que morir para que los demás aprendan a vivir”. Virginia, la autora, quiere asesinar a la señora Dalloway (y a Laura por extensión), pero comprende que su creación está formando dentro de sí una individualidad y un motor para vivir más grande de lo que imagina. Sin embargo, parece difícil que Clarissa demuestre tal valentía.

 

Clarissa y el individualismo

Nicole Kidman en Las horas. Dir. Stephen Daldry. Paramount Pictures. 2002.

Mientras que las experiencias de Virginia y Laura parecen dirigirse hacia un destino trágico, el futuro de Clarissa Vaughan parece también incierto. Ella es una señora Dalloway que ama genuinamente a su novia e hija, pero subestima la importancia de estas relaciones cuando las compara con la aventura que tuvo con Richard (Ed Harris) durante su juventud. Entregada al cuidado de este poeta, quien convalece ante el SIDA, Clarissa parece encerrada aun si recibe visitas que la invitan a abandonar a su amigo y sentirse libre.

Aunque le es posible entender que su devoción a Richard es tóxica para ambos, quiere convencerse de que cuidarlo les permitirá a ambos regresar a días felices. Mientras Virginia y Laura consideran terminar sus vidas, una para encontrar paz y la otra para escapar de su infelicidad, Clarissa se mantiene implacable: cuidará a su amigo hasta que esto la consuma.

Richard, quien también es crucial en el arco narrativo de Laura Brown, parece casi un parásito. No obstante, pese a que jamás logra ser amado como desea, entiende que Clarissa debe alejarse de él para apreciar lo que tiene al frente. Tanto Clarissa como las otras mujeres pueden fallecer en vida si no enaltecen su individualidad y sus pasiones ante todo lo demás.

Clarissa parece un personaje que se rehúsa a dejarse llevar por el caos de sus sentimientos. Solo hasta las escenas finales del filme se presenta una nueva “corriente de consciencia” con ella cuando se permite dar un beso sincero a su compañera de vida y apreciar su hogar lleno de recuerdos. Pese a la distancia temporal con Virginia y Laura, parece como si la experiencia de las mujeres en el pasado hubiese permitido que Clarissa finalizara su día con paz y enfocada en el mañana.

***

La dirección de Stephen Daldry, el montaje de Peter Boyle, la música de Phillip Glass y las inolvidables interpretaciones de Nicole Kidman, Julianne Moore y Meryl Streep son los instrumentos de una película caracterizada por la corriente de consciencia en protagonistas interesadas por hacer que su vida no sea un desgaste físico y emocional, sino un acto de valentía e individualidad. Si bien enfrentan ideas contradictorias, Daldry y su equipo organizan estos sentimientos de tal manera que existe sentido a través de la introspección. De esta manera, Las horas sostiene una discusión sobre lo que nos motiva, la finalidad de las relaciones humanas y lo que consideramos una vida bien vivida.

 

Las horas está disponible para rentar en Apple TV.

 

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