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Las 25 mejores películas de 2023

Escrito el 29 enero, 2024 @bmo985

2023 fue otro año de altibajos para Hollywood. Después de las huelgas simultáneas de guionistas y actores, y de una primera mitad del año repleta de decepciones críticas y de taquilla, nos encontramos de nuevo en la temporada de premios, que, ante todo, es una oportunidad para que Hollywood se festeje a sí mismo. Atrás quedaron los diferendos entre ejecutivos, guionistas e intérpretes en este festín posmoderno de estatuillas de oro, discursos ensayados y anfitriones sin gracia.

¿Qué nos deja entonces 2023? En pocas palabras, el regreso del cine. Aunque sugerido por el tremendo éxito de Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, 2022) y Avatar: The Way of Water (James Cameron, 2022), ambos éxitos críticos y de taquilla de 2022, el cine dirigido a adultos hizo su regreso definitivo en 2023 de la mano de Christopher Nolan, Greta Gerwig y Martin Scorsese. Disney, el gran perdedor del año, no vio a ninguna de sus películas cruzar la meta de los mil millones de dólares, perdió al villano principal de su enésima fase de Marvel, cuyo inicio, por cierto, generó oleadas de decepción que han revelado la fragilidad de su castillo de naipes, llevando a muchos a especular si la racha de 10 años de dominación de los superhéroes en la taquilla finalmente llegará a su fin.

El universo de DC, muerto en vida desde la desastrosa Justice League (Zack Snyder y Joss Whedon, 2018), finalmente encontró la paz del descanso (temporal, al menos), no sin antes hacer un ridículo doble con una película terrible (Shazam! La furia de los dioses [David F. Sandberg , 2023]) y uno de los mayores fracasos de memoria reciente, The Flash (Andy Muschietti, 2023), filme que nos habían prometido que era tan bueno que justificaría la seguidilla de crímenes cometidos por su estrella titular, pero que en realidad solo sirvió para hacerle perder cerca de 200 millones de dólares a su casa productora.

Con la aparente caída de Marvel, Pixar y Disney, la errática Warner Bros sorprendió a propios y extraños, colocándose a la cabeza de las tendencias al anunciar un trato con Tom Cruise para producir y estelarizar películas, pero eso no nos puede hacer olvidar su espeluznante año. Además del fracaso arriba mencionado, la cancelación (después revocada) del estreno de Coyote vs. Acme (Dave Green) y el desastroso manejo de su plataforma de streaming Max (que en América Latina se sigue llamando HBO Max), de donde desaparecieron series y otros títulos, Warner Brothers y su CEO David Zaslav se colocaron en más de una ocasión como los villanos del cuento. Warner y Disney cumplieron su centésimo aniversario un tanto hundidos en el lodo.

Parece que este 2023 de la crisis ha revelado la fragilidad de los estudios hollywoodenses, los cuales acaban de descubrir que los modelos pregonados durante la última década tal vez necesitan ser replanteados: tanto el cine de superhéroes como el modelo de negocios del streaming se encuentran en crisis, pues resulta que uno parece que dejará de ser rentable pronto y el otro parece que nunca lo ha sido. Este tema ineludible era el que se encontraba detrás de las huelgas simultáneas que hicieron desiertas las alfombras rojas de los estrenos veraniegos, pues tanto los sindicatos de guionistas como de actores pelearon en contra del statu quo que los estudios implantaron emulando el modelo Netflix, en el cual se revolucionaron los acuerdos de pagos residuales, tajadas presupuestarias y la configuración del writer’s room de las series. Estas ahora son más baratas, más cortas, con menos episodios y, debido a que ya no se transmiten por televisión, generan menos dividendos para sus participantes y creadores. Lo inverso es cierto para las películas, las cuales son más largas, más caras, pasan menos tiempo en el cine, tienen peores efectos y, en general, tienen una huella cultural más efímera.

Acechando también en el fondo del panorama se encontraba el asunto espinoso de la Inteligencia Artificial (IA), desarrollo que, de acuerdo con Wall Street y Silicon Valley, es el siguiente paso en la creatividad, la cual, al perder el componente humano (después de haber absorbido una parte de la creación humana), se nos promete como barata, accesible y democratizadora. Parece aún lejano que la IA juegue un papel fundamental en el séptimo arte, pero la clonación de voz, el deepfake y otros recursos la convierten en una amenaza inmediata para los intérpretes y otros trabajadores de la industria.

Afortunadamente, este fue un gran año de películas. Por lo que el equipo de Palomita de maíz se ha reunido, como es su tradición anual, para elegir las 25 mejores películas de 2023. Como es costumbre, el resultado revela los gustos variados del staff y la diversidad cultural del panorama cinéfilo contemporáneo.

 

25. Showing Up

Dir. Kelly Reichardt

La historia de Lizzy (Michelle Williams) está llena de tristezas cotidianas, ambiciones truncas, frustraciones profesionales y decepción familiar. Sin embargo, la mirada del lente de Kelly Reichardt no juzga a su protagonista y tampoco pretende que la audiencia lo haga. Eso es lo que destaca principalmente a Showing Up como película y como una historia sobre la adultez, la creatividad, el compañerismo y el compromiso familiar. Al ser colaboradoras habituales, se puede sentir la complicidad entre Williams y Reichardt en el desarrollo de la historia. Ambas buscan que Lizzy encuentre un espacio en el que su arte sea valorado, pero también que ella sea valorada como persona.

En medio de un año con muchas películas de grandes presupuestos y ambiciones de rendimiento en taquilla, es bueno recordar que, en el centro, el cine es una expresión artística que da la oportunidad de encontrarnos a nosotros mismos o a otros cuando vemos una pantalla. Nos da la oportunidad de entender a los demás y de descubrir algo que no sabíamos de nosotros mismos cuando alguien más lo descifra en su obra. De eso se trata Showing Up, de la experiencia artística y del proceso de aceptar quiénes somos, qué hemos conseguido, qué hemos perdido y qué tenemos que dejar ir. – Lourdes Yactayo

 

24. Scream VI

Dirs. Matt Bettinelli y Tyler Gillett

Después de cinco películas sería fácil entender que una audiencia esté fatigada de una saga o franquicia. No obstante, la autoconsciencia es una de las características centrales de la saga Scream y esto le ha servido para mantenerse fresca después de tantas secuelas, refritos, recuelas o, en el caso de Scream VI, secuelas de las recuelas. Scream VI está consciente del lugar que ocupa dentro de la saga frente a otras franquicias que han optado por una ruta similar. Para lograrlo, por primera vez la saga se trasladó del infame pueblo de Woodsboro a la ciudad de Nueva York, donde las hermanas Sam (Melissa Barrera) y Tara Carpenter (Jenna Ortega) esperan dejar atrás todo rastro de Ghostface.

Con secuencias de persecución más elaboradas, largas, tensas y sangrientas, los directores Matt Bettinelli y Tyler Gillett demuestran que en la sexta entrega de la franquicia nadie está a salvo. La película aprovecha la química entre Barrera y Ortega para contar una historia sobre la disyuntiva entre evitar la oscuridad interna o aceptarla (y hasta qué punto) y de permitir que las personas que amamos tomen decisiones propias. Todo sin sacrificar los giros en la trama tan característicos de la franquicia que hasta el último momento nos mantienen alertas sin olvidar el discurso metatextual sobre las fandoms tóxicas. – Andrea Marín Serrano

 

23. As Bestas

Dir. Rodrigo Sorogoyen

En su estudio titulado Thrillers (1999), el teórico de cine Martin Rubin caracteriza a dicho género desde su relación con la modernidad y la urbanización, concluyendo que este significó la llegada de la aventura cinematográfica a la ciudad. Esta descripción también se ha empleado para distinguirlo del western, limitado a lo rural, pero reconociendo en ambos el elemento común de que el conflicto surge desde la presencia de una otredad como amenaza. Estas divisiones, que parecen inevitables, son desafiadas por Sorogoyen con As Bestas, quien lleva el thriller al campo con un giro maestro en el que cuestiona quién es el otro bajo el concepto del desarrollo capitalista.

Sin absolver a los responsables del crimen que inspiró la película, el director da prioridad al conflicto humano sobre el morbo y pone en tela de juicio la asociación del campesinado con la barbarie en el marco conceptual del progreso. Con un elenco que dinamiza una narrativa extensa, estudia posturas encontradas sobre el desarrollo de lo rural que evidencian lo bucólico como una mirada privilegiada del campo en la que se ignoran las desigualdades provocadas por la modernidad en este espacio. Con una puesta en escena que apuesta por largas secuencias que aumentan la tensión, Sorogoyen construye con paciencia una película envolvente, sofocante y memorable que, sin importar su locación, provoca una incomodidad propia de los mejores thrillers. – Juan Andrés Rodríguez

 

22. La memoria infinita

Dir. Maite Alberdi

Maite Alberdi es una de las cineastas latinoamericanas y documentalistas más importantes del cine contemporáneo, cuyo estilo se distingue por la sensibilidad con la que aborda las historias de adultos mayores. En sus películas hay curiosidad por el desparpajo y energía con la que afrontan los retos del diario vivir, formando lazos de intimidad con sus protagonistas para retratar una vitalidad y fortaleza que ofrecen nuevas perspectivas sobre lo que es esta etapa de la vida.

Esa sensibilidad propia de su cine es lo que convierte a La memoria infinita en el homenaje a un romance que resiste al olvido. Transformando la pandemia en oportunidad para que sus protagonistas manejen la cámara, la cineasta contrasta los momentos más difíciles de la relación de Augusto y Paulina con sus inicios en el material de archivo, y los cimientos que se abren camino en medio del caos que provoca el Alzheimer en la mente de Augusto y lo traen de vuelta a su esposa, quien con una dedicación admirable cuida de él y su memoria, aquella que fue testigo de los momentos más cruciales de la nación. De cara a la pérdida de la identidad y la muerte, Alberdi encuentra un destello de luz en estas imágenes que presentan el amor en una de sus facetas más complejas y duras, pero hermosas y puras. – Juan Andrés Rodríguez

 

21. Priscilla

Dir. Sofia Coppola

Encontrar al amor de tu vida y que sea una de las personas más famosas del mundo debe parecer un cuento de hadas, pero en el caso de la relación entre Priscilla (Cailee Spaeny) y Elvis Presley (Jacob Elordi), resulta todo lo contrario. Priscilla, el nuevo filme de Sofia Coppola, explora la problemática relación entre el personaje titular y el cantante estadounidense, observada desde una distancia temporal y centrándose en la dinámica de abusos entre el rey del rock y su familia sobre la joven protagonista.

Coppola abre la película dejando algo en claro: lo que se presentará no es una relación romántica, sino una abusiva. En un principio esto se debe a la diferencia de edad y después a los diferentes métodos por los que la chica fue robada de una adolescencia, una personalidad y otras expresiones propias de su edad para ser relegada como “la esposa de.” Coppola convierte lo que podría verse como una vida de fantasía en un escenario atemorizante.

La película cae en los hombros de Spaeny, quien presenta a Priscilla en diferentes etapas de su vida, trayendo profundidad a un personaje que, por la naturaleza controlada de su ambiente, carece de vida propia. Ella no es la princesa rescatada por su príncipe, al contrario, Elordi presenta a un Elvis grotesco y abusivo, más parecido al dragón que a un príncipe. Con Priscilla, Sofia Coppola rompe con el romance de fantasía, la luna de miel de una joven enamorada de un hombre mayor. Es un filme que muestra lo intrusivo y normativo que una relación abusiva puede ser. Podemos ver a la directora estadounidense en su máximo esplendor, recordando por qué es una de las mejores de su generación. – Charlie Ruiz

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