La piel en primavera (FICCI 63): reencontrarse con el cuerpo propio
Sección: Colombia.
Dirección: Yennifer Uribe Alzate.
Guión: Yennifer Uribe Alzate.
Elenco: Alba Liliana Agudelo, Luis Eduardo Arango, Julián López & Laura Zapata.
Países: Colombia, Chile.
Palomómetro:![]()
Más información de la película:https://www.imdb.com/title/tt30958042/

En una de las primeras secuencias de La piel en primavera, ópera prima de Yennifer Uribe Alzate, Sandra (Alba Liliana Agudelo) observa su reflejo en la tapa de una olla y decide cambiar de camisa en medio del ajetreo matutino de preparar el desayuno para ella y su hijo y antes de salir a trabajar como guardia en un centro comercial. Es un fragmento breve que revela el carácter de este personaje al inicio de una odisea interna, delicada y conmovedora para reencontrarse con su cuerpo por medio del deseo. Yennifer Uribe debuta con seguridad con una película enfocada en fragmentos de la cotidianidad y sensibilidad en la construcción de la mirada femenina.
Entre los momentos rutinarios se devela a Sandra como una protagonista segura de sí misma, competente en su trabajo y que no se deja afectar por los comportamientos groseros de su hijo adolescente, quien ya construye una vida ajena a ella. En su cotidianidad no parece haber espacio para preocuparse mucho por el maquillaje, la ropa y muchos menos las relaciones. No obstante, los cumplidos del conductor del bus que toma para ir a trabajar, los comentarios halagadores de una vendedora de ropa y las conversaciones libres con sus amigas sobre el sexo como un asunto de autocuidado la motivan a observar cada vez con más detalle su cuerpo y preguntarse, “¿Qué es lo que quiero?”.
Así, inicia un viaje en el que Sandra explora el deseo desde diferentes espacios y momentos, cuyo flujo sufre por cortes abruptos en la edición, elaborados por Uribe con paciencia y detalle en la posición de la cámara. Al inicio, las tomas son largas, simétricas, en planos fijos y dollys que van al ritmo de Sandra, encuadradas desde los marcos de las puertas, como si no se quisiera romper la intimidad que se está descubriendo. Progresivamente se acercan y dejan a la cámara moverse libremente para seguir a Sandra en el goce de su vida, el rumbo de su mirada sobre el cuerpo de otros, pero, especialmente, sobre su propio cuerpo.
Abundan los reflejos, en espejos y vitrinas, que inicialmente le son indiferentes a Sandra, pero de a poco se convierten en un mapa para explorar la curiosidad que provoca sentirse como objeto de atracción mezclada con el placer. Este asunto trasciende la vanidad porque es una forma de autocuidado en el que Sandra no busca copiar imágenes idealizadas sobre lo femenino, sino encontrar ese aspecto en sus propios términos y a su ritmo, iniciando con la compra de camisas, lencería y perfumes, objetos que se vuelven catalizadores de su deseo sexual.
Se celebra el trabajo conjunto de Uribe y Alba Liliana Agudelo, quienes hacen de Sandra una protagonista memorable. La belleza de Agudelo, con su cabello largo, piel morena y sonrisa amable, son retratadas de forma hipnotizante, desafiando los estándares de la estética sobre el cuerpo que promueve el capitalismo. Aun así, lo más hermoso de Sandra es la seguridad en sí misma, alguien que no se deja definir por sus relaciones, que no está dispuesta a aceptar el irrespeto en su trabajo o la inmadurez de sus parejas, de las cuales no depende en su bienestar. Su firmeza no le resta que sea generosa, cuidadora y amigable. Su vida no tiene que estar marcada por la violencia o el melodrama para tener sus matices.
En general, los personajes femeninos de La piel en primavera muestran una complejidad que los saca de los estereotipos. Hay una intención clara de desmitificar las rutinas y los espacios entre mujeres, la camaradería que en ellos ocurre y la seguridad que ofrecen para ser libres. Por su parte, la sexualidad no es filmada como objeto de placer para el espectador, pues no hay intensidad en las tomas, edición o sonido; más bien, es retratada como otro ámbito de la vida en el que toca probar y hacer cambios para encontrar la comodidad.
Entre retazos de momentos cotidianos que no siempre compaginan en sus cortes y orden, Yennifer Uribe construye con su ópera prima un tapiz valioso sobre la experiencia de ser mujer. Su curiosidad por abordar las relaciones entre cuerpo y deseo resultan en una película conmovedora que, de paso, expande las posibilidades del cine latinoamericano más allá de los contextos sociales. La piel en primavera es una luz de esperanza sobre el rumbo del cine latinoamericano construido por nuevas voces.

Antropólogo (o eso dice el cartón), crítico de cine por oficio y cinéfilo por adicción.
El ateísmo lo llevó a depositar su fe en el cine sin darse cuenta, ya que confía en el poder de la imagen para revelar y transformar la relación de un espectador con el mundo. Acérrimo defensor de que las películas no se pueden describir como necesarias, porque el cine no es una obligación, sino una elección, y eso lo vuelve un acto radical de libertad. Se siente en deuda con Villeneuve por cambiarle la vida, con Godard por citar sus frases, sin estar seguro de lo que realmente dijo, y con Kiarostami por enseñarle que «sería muy estúpido por nuestra parte convertirnos en unas infelices en nombre de un ideal».
Chistes malos, algunos buenos y otras cosas en su Letterboxd.
