La pasión de Juana de Arco: el legado de un rostro

Escrito el 25 agosto, 2021 @ECinematografo
La pasión de Juana de Arco. 1928. Société Générale des Films.

La pasión de Juana de Arco es una película muda de 1928, dirigida por Carl Theodor Dreyer, que explora lo fácil que es convertir un juicio político en un acto de humillación y tortura física y emocional. Esta cinta reta la distancia que tiene el espectador con la obra, encerrándole por casi dos horas con el sufrimiento presente en el rostro de una mártir.

Juana de Arco fue una joven francesa que sirvió como símbolo político, militar y religioso durante un conflicto librado entre Inglaterra y diversas facciones francesas durante los siglos XIV y XV. 500 años después, esta figura histórica ganó notoriedad al ser elevada al estatus de santidad por la Iglesia Católica. Siendo el momento ideal para realizar una película, Dreyer investigó a profundidad a Juana y se enfocó en los transcritos del juicio que resultó en su ejecución.

La pasión de Juana de Arco invirtió gran parte de su presupuesto en un diseño de producción tan ambicioso como práctico. Si bien la arquitectura de los sets solo puede apreciarse en contados segundos de la cinta, como en la sala de juicios y la tarima donde ejecutan a Juana, su ingenio está presente en toda la película al funcionar en favor de la cinematografía. Varios huecos fueron cavados en pleno set para permitir que diferentes ángulos filmados desde abajo pudieran imprimir la presencia tan intimidante de los inquisidores, así como sus expresiones podridas.

La actriz de teatro, Renée Jeanne Falconetti, quien interpretó a Juana, fue filmada a poca distancia de su rostro de manera que cada movimiento de su musculatura facial fuera detallado por la audiencia. La cara de Falconetti llena completamente la pantalla y sus ojos claros se notan tan abiertos que es posible ver las lágrimas acumularse antes de derramarse en su piel tensa.

La pasión de Juana de Arco. 1928. Société Générale des Films.

Algunas de las leyendas alrededor de este filme y la interpretación de Falconetti surgieron de la idea de que era imposible actuar tanta pena, por lo que la actriz debió haber sido maltratada. Después de casi 100 años, el debate sobre la posibilidad de abuso persiste, si bien no se puede negar el profesionalismo de Dreyer y Falconetti, el cual rindió frutos e impactó alrededor del mundo.

En la última actuación de su corta carrera en el cine, Falconetti compensa el hecho de que sus palabras no puedan ser escuchadas, transmitiendo el orgullo y las creencias de su protagonista con una tenacidad inolvidable. Se destacan dos momentos en los que Juana preserva su dignidad ante la agresión de sus captores: cuando el juicio inicia y su seguridad aumenta al notar el juego de sus adversarios, y cuando sonríe al notar que el sol refleja la sombra de la Cruz en el suelo, expresando esperanza.

En el resto de la película, Juana es arrastrada por el suelo cada vez que responde a las preguntas tan convenientes de sus adversarios. La muchacha es reprochada por su interpretación del dogma religioso, aun siendo una campesina y analfabeta. El rostro de Falconetti conmueve ante la realización de que solo salvará su vida si niega el contenido de sus valores. Juana madura como ningún personaje del cine lo había hecho antes al convencerse de que la integridad de su cuerpo es insignificante comparada con la sinceridad que siempre ha demostrado. Pueden torturarla como gusten, pero jamás la obligarán a mentir.

Tristemente, Dreyer enfrenta a Juana con personas cuyos rostros gritan su corrupción. La película no condena el catolicismo, pero sí la existencia de agentes específicos que contradicen los preceptos morales de la Iglesia para satisfacer sus conveniencias políticas y personales. Durante el juicio, estos sacerdotes se aprovechan del analfabetismo de Juana para convencerla de firmar documentos sin explicarle su contenido, y la señalan como hereje por portar ropas de hombre, incluso sabiendo que lo hace así para protegerse de que la violen en prisión.

La pasión de Juana de Arco. 1928. Société Générale des Films.

En el juicio, Juana se mantiene firme acerca de sus declaraciones de ser la Elegida de Dios para salvar a Francia. Como represalia, los inquisidores hacen preguntas tramposas esperando que las respuestas de Juana confirmen la herejía de sus palabras. Ella responde con silencio o con juegos de palabras astutos que son actuados con humildad por Falconetti. Sus respuestas ofenden a la justicia eclesiástica, no por pecadoras, sino porque son testamento de que Juana entiende su inocencia, que es una gran creyente y que sabe que sus inquisidores son solo partidarios de un país invasor, y que necesitan quemar la carga simbólica alrededor de ella para así mostrarla como un fraude ante al país.

La valentía de Juana es quebrada cuando se le niegan los derechos que su fe debería permitirle. En un cambio de escena que debería causar alivio visual, Dreyer intercambia el escenario cruel de un juzgado por el posible lecho de muerte de Juana. Falconetti expresa una euforia indescriptible cuando nota que sus captores le permitirán recibir el sacramento de la unción. Juana está agradecida y los hombres parecen amables con ella, hasta que ella se rehúsa de nuevo a firmar sus mentiras. Ahí es condenada de nuevo y trasladada a una tarima vista por todo el pueblo para que dimensione su posible destino. Ante la idea de morir, Juana acepta firmar el documento, pero cae en cuenta de que traicionó sus propios principios.

Después de ser sus más temibles opositores, los enemigos de Juana se sorprenden cuando ella admite que mintió al haber firmado. Los villanos de Dreyer expresan admiración y sus rostros se sobrecogen con el peso de los errores que cometieron. Tienen que ejecutarla porque sus leyes lo ordenan, pero ahora entienden que exterminarla haría de ella un símbolo más grande. El clímax sucede en la plaza donde Juana es quemada viva. La expresión de la mujer es intercalada con la reacción de cada testigo de la ejecución, quienes responden a su inocencia y se rebelan contra los ingleses y la Iglesia. Juana logró su misión al martirizarse.

Después de casi un siglo de su estreno, La pasión de Juana de Arco resulta un experimento milagroso. Ese lenguaje fílmico, que nos permite ubicarnos en espacios y tiempos determinados, está ausente en la película. Solo nos queda el rostro de una presidiaria y sus captores, así como sus expresiones. La forma en la que Renée Jeanne Falconetti reacciona ante las adversidades que sufre su personaje es impresionante, más aún cuando su sufrimiento no termina en una derrota, sino en una declaración absoluta de convicción y tenacidad.

 

La pasión de Juana de Arco está disponible en YouTube y Criterion Channel. La edición de The Criterion Collection, permite seleccionar tres bandas sonoras con musicalizaciones distintas, además de dos velocidades de reproducción (20fps o 24fps).

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