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La masacre de Texas: la recuela más salvaje de los slashers

Escrito el 1 marzo, 2022 @Medichiello

Disponible en:

Dirección: David Blue Garcia.

Guion: Chris Thomas Devlin. Historia: Fede Álvarez, Rodo Sayagues.

Elenco: Sarah Yarkin, Elsie Fisher, Mark Burnham, Jacob Latimore, Moe Dunford, Olwen Fouéré, Jessica Allain, Nell Hudson, Alice Krige, William Hope.

País:  Estados Unidos

Palomómetro:

Más información de la películahttps://www.imdb.com/title/tt11755740/

La masacre de Texas. Dir. David Blue Garcia. 2022. Netflix.

En 1974, antes del apogeo del cine slasher, nació La masacre de Texas (Tobe Hooper). No fue la primera película del subgénero, pero sí una de las más vistas de la época. Esta cinta se convertiría en un referente en el cine de terror de las próximas décadas. Ahora, en pleno 2022, casi 50 años después de su lanzamiento, vivimos un momento de excesiva nostalgia y la saga iniciada por Tobe Hooper no iba a quedarse sin su “recuela”.

Dante (Jacob Latimore) y Ruth (Nell Hudson) son dos cocineros “influencers” que deciden comprar un pueblo abandonado de Texas y reconstruirlo a modo de un joven paraíso para adolescentes ricos. Cuando llegan al pueblo, descubren que no está tan deshabitado como pensaban y acaban desalojando a una señora mayor que cuidaba a Leatherface. Tras una serie de acontecimientos debido al desahucio, comienza la venganza del famoso asesino.

A modo de reboot y secuela de la saga, esta nueva entrega de La masacre de Texas no ha convencido a la crítica ni a los espectadores. Con puntuaciones tan bajas como un 33/100 en Metacritic o un 2.1/5 en Letterboxd, no podía esperar nada bueno de ella. Para mi sorpresa, todo lo leído cambió tras verla, y puedo asegurar que esta película es más fresca e innovadora que la mitad de los estrenos de sagas blockbusters que nos llegan cada año.

Su frescura empieza por una nimiedad: su duración. Una película es deudora de su duración, tiene que durar lo que sea necesario, pero parece haber una norma no escrita que se ha ido implantando en Hollywood que, para hacer que una película funcione, tiene que durar 120 minutos o más. Éste no es el caso de la nueva entrega de Leatherface. Su duración apenas llega a los 80 minutos, regalándonos puro frenetismo y nada de relleno.

La masacre de Texas es tan consciente de sí misma, de dónde viene y qué es lo que quiere contar que todo lo que me propuso en pantalla acabé comiéndomelo gustosamente. No busca reinterpretar el género, no quiere ser una secuela a la altura de la original y mucho menos aspira ser una película que gustará a todo el mundo. Esta entrega va más allá para llegar a algo más mundano y sin nada de qué avergonzarse. Lo único que busca es ser divertida y terrorífica, sin ninguna motivación más.

Vivimos en un tiempo donde cualquier cosa que consumimos debe aportarnos algo nuevo y quizás estamos en un camino equivocado. Muchas veces hay que permitirnos el lujo de sentarnos a ver una película y poner el modo automático, disfrutar y dejarse llevar. El éxito de una película reside en si cumple o no su propósito de cara al espectador, lo cual acaba convirtiéndose en algo sumamente subjetivo.

La masacre de Texas. Dir. David Blue Garcia. 2022. Netflix.

Por poner un ejemplo extremo, Drive My Car (Ryosuke Hamaguchi, 2021), la reciente nominada al Óscar, está a la misma altura que La masacre de Texas para mí. Los dos filmes son conscientes de qué quieren contar y para qué fueron creadas. Mientras que a la película de Hamaguchi no le pediría diversión, a la película de David Blue no le pido un trasfondo ni una aportación vital. Las dos saben cuál es su misión y ambas la cumplen a la perfección.

Claro está que La masacre de Texas no es perfecta. Sus personajes son un chiste, y su desarrollo es un cliché desvergonzado y ridículo que casa perfectamente con el tono de este género. ¿Cuándo no ha sido ridículo el slasher? Desde Michael Myers, un señor inmortal que no sabe correr, hasta Freddy Krueger, un señor más arrugado que una pasa que solo puede vivir en los sueños de sus víctimas, el género y el concepto son ridículos por sí mismos. Esa es su gran baza.

Aunque no le pueda exigir trasfondo porque la película no va de eso, sí que se agradece cuando hay algo, por vago que sea. Me agrada ver que la película trata los problemas que conllevan los desahucios, el escepticismo y narcisismo de las redes sociales, y la falta de humanidad que ellas conllevan. Lo mejor de todo es que aborda los problemas desde un punto de vista digno que se ve engrandecido por su mensaje directo y corto.

Centrándonos en lo que la película promete, cumple con creces su premisa. Algo que agradezco es lo desmarcado que está el villano del resto de asesinos del slasher. A diferencia de casi todos, Leatherface corre y no deja descanso a su víctima. Nunca lo había visto tan vivo y lleno de cólera. Sus apariciones son escalofriantes y no hay ningún pudor en pantalla. No es una película para personas sensibles, ya que la violencia gráfica es visceral y frenética.

La acción se vuelve satisfactoria para el espectador. A pesar de que muchas veces se crea frustración debido a pausas o decisiones innecesarias, estas se resuelven en la dirección y dejan imágenes para el recuerdo. Dentro del estereotipo Netflix, la imagen es sucia pese a lo limpia y detallista que parece. Al final, esta entrega se asemeja al remake de Evil Dead (2013) de Fede Álvarez, quien casualmente produce y coescribe esta entrega de Leatherface.

Cada vez se acepta menos la ridiculez en el cine, con más seriedad en los filmes que se estrenan y menos aceptación a la comedia. Los ejemplos más claros son las películas de superhéroes o villanos. Venom: Let There Be Carnage (Andy Serkis, 2021) y Thor Ragnarok (Taika Waititi, 2017) son películas llenas de quejas solo por su humor. Esta Masacre de Texas es ridícula, divertida y sin ningún propósito. Eso está muy bien.

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