La Historia tiene los ojos en ti: Hamilton, el musical que revolucionó Broadway y que ahora podemos ver en casa

Escrito el 27 julio, 2020 @la_loulu

El estreno de la obra musical Hamilton en la plataforma Disney+ ha brindado a la audiencia la oportunidad de disfrutar desde sus casas el fenómeno más importante de Broadway de la época reciente. Este musical, estrenado en 2015 con funciones agotadas, se ganó rápidamente un lugar en la cultura popular, tanto dentro como fuera del mundo del teatro.

La importancia de Hamilton no recae únicamente en el hecho de que es un musical original (a diferencia de otros éxitos teatrales, ligados con el cine o la música, como El Rey León o Mamma Mía!), sino que también cuenta con un elenco y estilo musical multicultural, repleto de bases de hip hop y beatbox que reivindica aquello que el teatro clásico (el que se utiliza usualmente para retratar el periodo histórico en la que se escenifica Hamilton) suele rechazar.

Inicialmente planeada para estrenarse en cines en 2021, la producción disponible en Disney+ adelantó su estreno directamente en la plataforma digital a causa de la pandemia del COVID-19. Este escenario dio lugar a comentarios sobre sus posibilidades de competir en la próxima edición de los Premios Óscar. No obstante, estos argumentos optimistas se vieron rápidamente desestimados por el hecho de que se trata de una grabación de una obra de teatro.

Precisamente, este detalle ha sido utilizado con cierta condescendencia para referirse a la filmación como una con limitaciones y sin atractivos cinematográficos. Sí, la película disponible en Disney+ es la grabación de la obra. Para ser precisos, se trata de la edición de varias presentaciones en el teatro Richard Rodgers con el uso de cámaras multi-ángulos.

Más allá de esta particularidad – y de la censura de dos canciones para obtener la clasificación PG-13 – debemos recordar que la intención de esta grabación es replicar fielmente la experiencia de la obra, con su elenco original, para la mayor cantidad de gente posible, quienes probablemente no pudieron disfrutar de la obra en vivo. De esta forma, no estamos ante una “adaptación cinematográfica” del musical, sino una obra de teatro editada para su presentación en pantalla.

Por esto, las críticas concentradas en una falta de creatividad en las tomas o en la fotografía no son del todo justas. Lo mismo aplica para las comparaciones con películas basadas en obras de teatro (Chicago, Fences, West Side Story, Hedwig and the Angry Inch), pues estas sí son adaptaciones cinematográficas que mantienen el estilo de la obra, mientras que hacen las adecuaciones necesarias para hacerlas vibrar en el mundo del cine.

El musical de dos actos atrapa rápidamente al espectador con un ritmo dinámico y moderno que lo hace partícipe de todos los eventos que ocurren ante sus ojos. Para Lin-Manuel Miranda – creador y protagonista de la obra – la idea de un musical sobre Alexander Hamilton, padre fundador y primer Secretario del Tesoro de Estados Unidos, al estilo del hip hop surgió al leer la biografía escrita por Ron Chernow.

Hamilton fue un hombre que nació en la ilegitimidad, se crio en la pobreza, vivió rodeado de desgracias, y se abrió camino en la vida gracias a su inteligencia, astucia y talento con la pluma. Un hombre orgulloso y ansioso por probarse a sí mismo y construir algo que perdurara, luego de haber tenido una vida en la que nada permanecía ni le pertenecía, es fácil notar porqué Miranda vio a su protagonista con los paralelos de un artista urbano de este siglo.

Tal vez el logro más grande de Hamilton es abordar la Historia, no como un ente estático e inalterable, sino como algo dinámico y orgánico, sobre lo que los propios protagonistas no tienen control. Ésta es una lección que se puede aplicar tanto a la obra como al personaje fascinante y contradictorio de Alexander Hamilton. Obsesionado con su legado, fue ampliamente ignorado por el país que ayudó a construir, hasta que su historia tomó los rostros y las voces de un Estados Unidos moderno y diverso.

Precisamente el elenco de la obra trae a la vida la diversidad de este Estados Unidos nuevo. A pesar de que cuenta con actuaciones de primer nivel, los números musicales más sólidos son interpretados por Leslie Odom Jr. (como Aaron Burr), Renée Elise Goldsberry y Phillipa Soo (como las hermanas Angélica y Eliza Schuyler), y Daveed Diggs (Marqués de Lafayette/Thomas Jefferson). Por su parte, Jonathan Groff se luce con el papel de George III, quien participa casi como un espectador más.

Un logro más del musical es establecer a Aaron Burr (Odom Jr.) – otro padre fundador de Estados Unidos – como una especie de némesis de Hamilton. Alguien con origen aristocrático y personalidad cautelosa, que ve los meteóricos avances sociales y políticos de Hamilton con asombro e incredulidad.

Aunque los esfuerzos son evidentes, es prácticamente imposible replicar la experiencia teatral de forma absoluta. Quizá la parte más complicada de reconciliar es la censura de las letras musicales, con énfasis especial en el número Washington On Your Side, en donde la modificación de una frase genera mucha confusión. De hecho, esto nos puede llevar hacia una reflexión acerca de la efectividad y el sentido de condicionar el contenido de una obra a cambio de una clasificación amigable para adolescentes

Sobre lo conflictivo que es la armonización de retratos ficticios con personas reales y la exactitud histórica de la obra, Hamilton construye su propia realidad y universo de eventos por decisión de su creador – como es de esperarse de cualquier trabajo artístico. Eso sí, la obra se ciñe en gran parte a los eventos que sucedieron en las vidas de los personajes reales.

En Hamilton, ningún personaje está libre de un retrato con defectos y faltas, pero es evidente que tenemos ante nosotros unas creaciones de ficción. Las personas reales presentaron incluso más conflictos y yerros de los que sería posible presentar en una obra.

Con el alto riesgo de que la audiencia tenga la tentación de tomar todo lo que ve como real, la clave reside en recordar que los eventos que vemos frente a nosotros están sujetos a las decisiones de su autor y no se ajustan necesariamente a la exactitud histórica. No es posible, ni la obra lo sugiere, que la admiración por Hamilton conlleve a la indulgencia de los personajes reales en los que se basa.

Por muy exitoso que sea cualquier trabajo artístico, no significa que no pueda ser criticado y observado a la luz de sus decisiones creativas. Una obra de ficción histórica bien hecha puede fomentar la curiosidad y la investigación de los verdaderos hechos, algo que ya pasó con el estreno del musical.

Hamilton acierta en atraer a la audiencia actual a una época de la que ya parece haberse dicho la última palabra, demostrando que la Historia no está escrita sobre piedra y que siempre se puede asumir una nueva perspectiva.

Asimismo, la grabación oficial que existe en Disney+ funciona para acercar a la gente a historias a las que perpetuamente han sentido como ajenas y poco representativas.  Ahora, gracias a Hamilton, pueden saber que la Historia tiene los ojos puestos en ellos, lista para ser cambiada.

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