King Richard y el sesgo del cine biográfico

Escrito el 25 marzo, 2022 @KathiaVC
King Richard. Dir. Reinaldo Marcus Green. Warner Bros. Pictures. 2021.

Cuando hablamos del cine de superhéroes y por qué hace más daño que bien, recalcamos lo genérico que es y las pocas propuestas nuevas que pone sobre la mesa. Este género (a estas alturas ya lo podemos considerar como uno) sigue una fórmula, malo que bueno, eficiente para seguir atrayendo masas a las salas de cine cada tres meses. De la misma forma, existe otro género popular que sigue una fórmula, pero que, en lugar de generar millones en taquilla, les da a los participantes el prestigio de ser reconocidos en las premiaciones anuales de la industria, especialmente a los actores. Me refiero al cine biográfico. En pocas palabras, así como hay un público que adora ver a personas adultas con capa y antifaz (lo digo sin odio, porque yo soy una de ellas), a los miembros de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas les encanta ver sucesos de la vida real en pantalla.

La campaña para la consideración de los actores que interpretan a una persona real empieza desde el día de su anuncio y, aunque suene exagerado, basta con prestarle atención a las conversaciones que se tienen sobre el tema en redes sociales cuando la noticia sale a la luz. Aunque muchas veces la charla está liderada por los fans de dicha celebridad, las acciones de los votantes nos indican que hay algo de verdad en las suposiciones: en las ceremonias de los premios Óscar que se han celebrado en los últimos cinco años (2017-2021), más del 60 % de los actores y actrices (principales y de reparto) nominados han interpretado a un personaje no ficticio (esto sin contar a los nominados cuyos personajes están ligeramente inspirados en sucesos de la vida real). Este año, corresponden a ocho de los veinte nominados en las cuatro categorías actorales.

Una de las películas que forma parte de las estadísticas es King Richard (2021), dirigida por Reinaldo Marcus Green, donde Will Smith interpreta a Richard Williams, padre de las legendarias tenistas estadounidenses Venus y Serena Williams. La cinta narra la perseverancia de un padre que siempre quiso que sus hijas hicieran historia y las encaminó al éxito que aún mantienen. King Richard es producida por las dos hermanas y a todas luces se ve que es una carta de amor hacia su padre, con quien se sienten sumamente agradecidas. El gesto es dulce y, aunque no la considere una obra maestra digna de galardones, es grato ver durante la temporada de premiaciones una película que no retrate el sufrimiento de las personas afroamericanas.

Más allá de la premisa, King Richard deja una conversación interesante sobre las actitudes del hombre y qué tan admisible es que una figura parental tenga una vida planeada para sus hijos cuando estos aún no nacen y que les imponga dicho plan, aunque la película intenta balancear esto al mostrar pequeñas dosis de resistencia por parte de sus personajes femeninos principales: la madre Oracene (Aunjanue Ellis), y las hijas Venus (Saniyya Sidney) y Serena (Demi Singleton). No sin sus fallas y no sin antes provocar algunas cuantas cejas levantadas porque la cinta da foco a un hombre en la historia de dos mujeres afroamericanas que rompieron récords dentro de un espacio predominantemente blanco y de clase alta.

Pero… ¿Qué habría pasado si las hermanas Williams no hubieran intervenido en esta película? ¿La complejidad y el carácter de Richard Williams habrían sido retratados con menos tacto? ¿Los estudios hubieran preferido centrarse en Venus y Serena porque son las estrellas en la vida real y se hubieran aprovechado de la agenda feminista para promoverla? ¿Qué tan parecida hubiera sido la historia a lo que vimos? ¿Sería más honesta?

Being the Ricardos. Dir. Aaron Sorkin. Amazon Studios. 2021.

El problema con el cine biográfico es que, cuando pretende quedar bien con uno o varios de los involucrados, adopta un rol condescendiente, incluso halagador, y coloca a su protagonista en el camino de un héroe unidimensional, aunque en la vida real se haya tratado de una personalidad más compleja y complicada de descifrar. En el caso de esta cinta, los puntos negativos sobre el carácter de Richard (como la testarudez y la rigidez en la toma de decisiones familiares) resultan irrelevantes para la trama y no hay un verdadero aprendizaje para enmendar sus errores porque la película no los ve como tal.

Cuando se comporta inflexible, incluso ante los deseos de su esposa e hijas, la película intenta probar que él tiene la razón. Claro, es una película sobre Richard, pero minimizar el esfuerzo que han hecho las hermanas Williams y su madre para resaltar el de su padre en un campo donde tanto el género como la raza son factores relevantes, hace ruido en pleno 2022. El resultado es una película que no se encuentra con un conflicto sustancial, porque a pesar de que el verdadero Richard Williams influyó en dos carreras exitosas, su personaje en la película no parece llegar a una evolución trascendente.

La agenda del director y de los productores es de suma relevancia a la hora de realizar una adaptación de la vida de una persona. Es oportuno mencionar que el cine biográfico de Aaron Sorkin, guionista estadounidense y reciente director, se ha convertido en una constante de los premios Óscar. Being the Ricardos (2021), obtuvo tres nominaciones en categorías actorales (Nicole Kidman, Javier Bardem y J.K. Simmons) en la edición de este año. Kidman y Bardem interpretan al matrimonio de actores Lucille Ball y Desi Arnaz (protagonistas de la serie de televisión Yo Quiero a Lucy) mientras atraviesan una de las etapas más complicadas de sus vidas profesionales y personales.

Desi Arnaz Jr. y Lucie Arnaz, hijos de la pareja, comparten créditos como productores en la cinta inspirada en sus padres e incluso se presentaron en la gira de prensa. Aquí Lucie comentó que, a pesar de que buscaba a un actor cubano, sintió que veía a su propio padre en el actor español cuando se dio la oportunidad de conocerlo, defendiéndose así, de las acusaciones de “whitewashing” (blanqueamiento del personaje) que surgieron en las primeras etapas de producción. Esta película y King Richard comparten ese detalle: hijos celebrando el legado de sus padres, pero, a pesar de esa intención, no logran evitar que sean dos películas que el público olvidará después de dar por culminadas las premiaciones.

El tema de quién toma decisiones de lo que se retrata en el cine biográfico (en especial si los acontecimientos son relativamente recientes) es más complejo de lo que sucede en el ficticio o el que está basado en la vida íntima del autor. Pongamos como ejemplo Bohemian Rhapsody (Bryan Singer, 2018) y Rocketman (Dexter Fletcher, 2019), dos historias que comparten elementos, incluyendo al personaje de John Reid (interpretado por Aidan Gillen en la primera y Richard Madden en la segunda).

Rocketman. Dir. Dexter Fletcher. Paramount Pictures. 2019.

Primero, tenemos a Bohemian Rhapsody, una película que desde su concepción se centraría en el cantante Freddie Mercury (interpretado por Rami Malek), y estaría producida por los dos miembros activos de la banda Queen, Brian May y Roger Taylor. Este hecho nos puede dar una noción de por qué sus personajes se retratan como responsables y los errores de la banda se le atribuyen al miembro fallecido. Claro que el talento de Mercury lo convirtió en la leyenda que ahora conocemos, pero reducir su diagnóstico de SIDA como la forma de reivindicarse con la banda antes del espectáculo final, simplificar su atracción por el mismo sexo como deslices y mostrar a su gran amor (Jim Hutton) apenas unos minutos antes del final de la cinta, no parece la mejor de las interpretaciones de alguien cuya vida y salud fueron un símbolo de inspiración en la comunidad LGBTIQ+. Pronto quedó en evidencia que la visión puritana venía de producción y que incluso provocó que el actor Sacha Baron Cohen (la primera opción para protagonizar la cinta), renunciara.

Un año después llegó a la pantalla grande Rocketman, producida por el mismo Elton John y protagonizada por Taron Egerton. Si bien fue una película biográfica de fórmula, Rocketman se graduó con honores en aspectos que Bohemian Rhapsody reprobó. La película rindió homenaje a todo lo que el cantante representa y luchó para no verse influida por una clasificación familiar, pues esto significaba dejar afuera la vida sexual de su protagonista. Además de eso, el mismo John le pidió a Egerton que no intentara sonar como él, resultando en una de las mejores interpretaciones de la carrera del actor, y no en una versión parodiada de Saturday Night Live.

El cine biográfico también tiende a involucrar a personas que aún viven, pero que no tienen influencia sobre el material. Los sucesos reales no tienen derechos de autor y no se puede evitar que los estudios lucren con las vidas públicas. Seguido al éxito de Bohemian Rhapsody y Rocketman, se estrenó Stardust (Gabriel Range, 2020), la cual quiso retratar la vida del cantante David Bowie. La propiedad de Bowie desaprobó el proyecto y no cedió los derechos para utilizar su música, algo que pudo ser una de las causas de su fracaso comercial. En menos de un año, miembros de la familia Gucci han declarado estar en desacuerdo con su retrato en House of Gucci (2021) de Ridley Scott (Allegra Gucci la describió como “una caricatura”), mientras que Pamela Anderson mostró su desaprobación hacia la miniserie Pam & Tommy, algo irónico para el proyecto considerando que gira alrededor de una agresión al consentimiento de Anderson.

Expuesto lo anterior, ¿el cine biográfico debería dejar de existir? Por supuesto que no. No creo que ningún tipo de cine (o arte, ya que estamos) debería cancelarse o censurarse, pero sí creo que como audiencia tenemos que ser críticos con lo que consumimos. Tampoco creo que la solución sea decidir si se pide o no la autorización de los implicados para saber qué tan apegado está el material a la realidad. Lo importante es no tomar lo que vemos en pantalla como la verdad absoluta. El cine biográfico no debería de reemplazar al documental ni a los libros de texto; de hecho, es un producto artístico moldeado por los intereses personales de los cineastas que pueden ser beneficiosos o problemáticos para la imagen de sus protagonistas. Debería de ser una síntesis de temas que pueden despertar nuestro interés e inquietud de investigar por nuestra cuenta. También es importante que reconozcamos que este género es una estrategia de los estudios de cine para evitarse la fatiga de hacer propuestas originales o presentar nombres nuevos.

Con la influencia y recursos necesarios, expresar nuestra gratitud y admiración hacia alguien por medio de una película no es una idea descabellada si sentimos que las palabras no son suficientes o que es necesario mostrarle al mundo su legado de una forma que no se había explorado antes. Como lo dije párrafos atrás, King Richard es justo una carta de amor de dos mujeres que sienten que le deben gran parte de su carrera a su padre, aunque eso signifique que veamos a Richard Williams desde los ojos de dos hijas agradecidas y omitamos lo que pueden pensar otras personas en su vida, como el resto de sus hijos o exparejas. Al final y sin pretender que la película obedezca a una sinceridad total o que genere un impacto en los espectadores para que no se quede en el olvido, no podemos negar que es una imagen positiva en una industria donde la representación afroamericana debe sufrir para lograr reconocimientos y galardones. O eso nos han demostrado los premios Óscar.

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