Javier Andrade (TIFF 2021): cuestionar nuestros propios laberintos

Escrito el 29 septiembre, 2021 @Kenny_DiazPR

La depresión suele tratarse con frecuencia en las narrativas fílmicas. Javier Andrade ofrece un acercamiento original y diferente al tema en Lo invisible, cinta ecuatoriana recientemente estrenada en el Festival de Cine de Toronto 2021. La historia se centra en Luisa (Anahí Hoeneisen), una mujer de clase alta que no puede conectar ni con su bebé ni consigo misma.

Andrade, en compañía de su actriz principal Anahí Hoeneisen, creó un personaje central tan íntimo como universal. Ello es el resultado de la creación de un lenguaje visual sofisticado y el trabajo de un equipo comprometido. En entrevista exclusiva, el director nos habla sobre su nueva película.

Lo invisible
Lo invisible. 2021. Cortesía TIFF.

¿Cómo ha sido la experiencia de presentar Lo invisible en el Festival de Toronto? Considerando especialmente que se trata del regreso de Ecuador a este festival luego de 17 años de ausencia y, además, en unas circunstancias particulares por el efecto que ha tenido la crisis pandémica en la industria cinematográfica y en el circuito festivalero.

Bueno, fue una experiencia muy feliz tratándose de una película pequeña como esta. Una película como muy de autor, supongo, que se toma algunos riesgos narrativos en la historia que quiere contar y cómo la quiere contar.

Por otro lado, fue muy emocionante volver a Toronto desde la idea de una película ecuatoriana que, uno quiera o no, representa una responsabilidad y un logro de algún tipo. Entonces esa combinación de cosas hizo que la experiencia fuera muy emocionante.

Ahora, lo que en el fondo me interesa a mí es tener una buena proyección. Estar en una sala buena, que la película se vea y suene bien y que haya un diálogo emocionante, genuino y honesto con el público. Eso se dio. Se pasó la película en el Cinesphere IMAX Theatre, un lugar muy bonito con una proyección espectacular. Siento que el público conectó mucho con la película. Tuvimos un muy buen Q&A con mucha curiosidad sobre el Ecuador, el trabajo mío y el de Anahí Hoeneisen, protagonista y coescritora, y la creación de los momentos más particulares de la película. No puedo pedir más. Creo que fue una muy buena función y para nosotros será siempre muy memorable.

¿Cómo nace esta historia? ¿Qué te motiva a hacer esta película?

Por un lado, había una idea formal de tratar de hacer una película distinta a Mejor no hablar (de ciertas cosas) (2012), mi primera película, y a un proyecto que escribí y espero filmar pronto. Son películas con voz en off, narrativas rápidas, energía física y protagonistas masculinos. Entonces me propuse hacer lo contrario: una película de silencios y contemplación anclada en un personaje femenino.

Por otro lado, estaba la idea de trabajar con Anahí Hoeneisen, Daniel Andrade, el fotógrafo y uno de los productores, junto a María de los Ángeles Palacios, mi socia, y Hanne-Lovise Skartveit, una productora noruega radicada en Ecuador. Quería trabajar con ellos porque había tenido la experiencia de ayudar a editar una película que ellos habían dirigido y fue algo muy feliz y bonito. Me dieron ganas de repetir la experiencia desde otro punto de vista.

De dirigir y escribir algo para Anahí casi como un sastre que hace un vestido para una persona en concreto. Sostengo que Anahí es de las mejores actrices del Ecuador. Tal vez una de las mejores actrices trabajando. Punto. Su talento es muy grande. Tenía muchas ganas de trabajar con ella de una manera muy cercana. Me atraía también la idea de que el fotógrafo de la película sea alguien que la conoce mucho y que tenga un lenguaje visual sofisticado. Trabajar con ellos me era muy atractivo.

Finalmente, está la idea del tema. Yo quería hablar de la depresión. De algún tipo de depresión. No sabía cuál. Es un tema importante para mí. Un tema que me preocupa y me atraviesa. Me parece muy relevante en el mundo en que vivimos. Cuando empezamos a crear el personaje central con Anahí, empezó a jugarse con la idea de una depresión posparto y de qué pasa cuando tienes un bebé con el que no necesariamente eres capaz de conectar. De ahí surge la película.

Ya que mencionas el asunto de la depresión, dialogaba con nuestra editora en jefe sobre estas historias sobre personajes tristes que solo tienen una salida. ¿En algún momento pensaron en un final diferente para la protagonista?

No mucho. Una de las ideas que tuvimos desde el principio fue la de hacer una película sobre uno de esos personajes que uno escucha la historia “fulano salió a comprar cigarrillos y no volvió nunca más.” Esa historia vieja de alguien que se va, que abandona. Fue una de las cosas que salieron muy temprano en el desarrollo de la película. Entonces nunca se contempló otro final.

Lo que sí se contempló y discutió mucho (me parece que incluso escribimos diferentes ideas) fue si ese final iba a ser muy realista y concreto, o más bien onírico y metafórico. Entonces no consideramos otro desenlace, pero sí consideramos muchas formas de ejecutar ese desenlace.

¿Cómo fue el proceso de filmación? ¿Filmaron durante la pandemia?

La película se filmó antes de la pandemia, en dos tandas por un tema de presupuesto. Filmamos todo lo que pasó en la casa a finales de 2017. De ahí el resto de las escenas se filmaron en marzo de 2019. La película ya estaba completamente montada cuando comenzó la pandemia en 2020. Lo que sí se hizo en pandemia fue el diseño sonoro, la mezcla y la música.

Decidimos filmar de una forma en la que yo pudiera ver lo que se estaba filmando cada día. Teníamos un pasante, un asistente de edición, un chico muy joven que se llama Adolfo Salcedo, quien armaba más o menos lo que íbamos filmando en el día de una forma muy rudimentaria, solo para tener una idea de cómo iba tomando forma la película, y eso afectaba lo que hacíamos al día siguiente.

Como luego hubo este espacio porque no teníamos todo el financiamiento para filmar la película completa, yo empecé a editarla con mucho placer y diversión, elucubrando las formas posibles que podía tener mi película. Fue un proceso de edición largo y bonito en casa. Yo de repente enseñaba cortes a los productores o venían amigos (por eso hay un par de créditos de asesores de guion) que venían, la veían, trabajaban conmigo y la pulíamos.

Entonces la película llegó a tener una forma bastante definida que empezó a influir lo que filmamos después, en 2019. De hecho, reescribimos completamente lo que faltaba filmar una vez que ya existía este corte de un primer rodaje.

Fue un proceso realmente bonito de trabajar ya a partir de la imagen y el sonido de producción versus trabajar desde la idea de escribir un guion como tal. Este era un trabajo de imaginación, sin duda, pero ya afectado o influenciado por una película montada.

El sonido lo que hizo fue crear tensión. Buscamos crear algo duro y obsesivo como el estado mental de ella. Creo que eso también nos estaba pasando a todos encerrados. Así que en el diseño sonoro tratamos de hacer algún tipo de reacción artística a lo que ha pasado con COVID hasta ahora.

El espacio físico de la película me parece interesante. Esa casa lujosa de grandes ventanales de cristal en los que encontramos el reflejo de Luisa y esa zona boscosa en los alrededores. ¿Qué nos puedes contar sobre la selección de locaciones y el diseño de producción?

Bueno, ahí hay que hablar del trabajo de María Belén Draghi, quien hizo el diseño de producción, y de [Daniel] Andrade, quien hizo la fotografía. Ellos trataron de crear un universo visual que reflejara lo que le pasaba a Luisa [la protagonista]. ¿Qué le pasaba a ella? Uno, la encontrábamos fracturada, es decir, en un espacio mental fracturado. La otra cosa es que estaba en un mundo de superficie, en una pecera, en la que a ella siempre se le debía ver bien, en control, funcionando.

En la búsqueda y adaptación de locaciones, lo que ellos decidieron juntos, como un trabajo en equipo, fue crear superficies rotas con reflejos constantes. A veces nos preguntábamos si sería demasiado, pero nos volcamos hacia eso porque nos parecía que había un trabajo muy cinematográfico. Es decir, el cine es la expresión en imagen de un tema o idea. Sentíamos que esta combinación de este tipo de encuadres con superficies y detalles en la arquitectura de la casa creaba justamente la idea de un lugar hermoso que a la vez es una cárcel. Incluso las montañas de los andes del Ecuador te dan una sensación de encierro y por eso tratamos de enseñarlas o tenerlas en cuadro la mayor cantidad de veces.

Lo invisible
Lo invisible. 2021.

La servidumbre juega un papel importante aquí, especialmente el personaje de Rosita (Matilde Lagos), la nana de Luisa, que es una mujer indígena y cuya presencia a veces resulta inquietante, como queriéndonos decir algo.

Eso viene mucho de crear el personaje de Luisa para Anahí y empezar a escribir la película alrededor de su entorno, haciéndolo lo más real posible. Nos encantaba pensar en Luisa como un personaje de la clase más alta de la sierra del Ecuador, cuyo vínculo emocional más profundo fuera con la nana que la crió de pequeña. Se nos vino a la cabeza la idea de que ella (Luisa) creció en una hacienda con muchos empleados y que esas personas crecieron enteramente sirviendo a la familia por siglos. Nos encantaba pensar que Rosa fuera la hija o nieta de los empleados originales de una hacienda.

Cuando casteas a una persona como Matilde, de esa edad y con esas facciones, que además habla quichua, una de las lenguas indígenas del Ecuador, todo eso lo trae ella. Entonces nosotros pudimos no hablarlo tan directamente, sino ponerlo todo en la presencia de Matilde en el papel de Rosa. Esa era la idea. No sé si se transmitió. Esa es una pregunta para ti: ¿lo entendiste?

Al escuchar su explicación, me viene a la mente esa escena de la conversación un poco hostil que Luisa tiene con la maestra de piano de su hijo, en la cual comienza a nombrar a los empleados de la casa, indicando cuánto tiempo llevan sirviéndole. Me parece un momento clave para entender lo que nos plantea.

Cierto. Nos parecía además que había un vínculo con la idea de ser invisible. Luisa siente de manera muy profunda la invisibilidad de los empleados de la casa. Hay cierta arquitectura en las casas modernas de la que surgen sistemas en los cuales la servidumbre se puede mover en la casa sin ser vistos.

Así que, como Luisa se empieza a sentir invisible, se relaciona, a través de sus afectos por Rosa, con la servidumbre de la casa. Cuando ve que tal vez está siendo reemplazada por una mujer más joven, lo que nos pareció interesante dramatizar fue justamente que le dijera a esta mujer “tienes que hacerte cargo de esto. Esto también es la casa.” Nos pareció una escena bonita y una forma de decir mucho socialmente sobre el Ecuador sin ser obvios o directos.

Hablando de los personajes secundarios, me llamó la atención de que su vida matrimonial nunca es centro del relato y no se ve mucho al esposo. ¿A qué se debe esta elección?

Eso viene mucho de la elección del punto de vista dramático de estar siempre con Luisa. La película navega todos los espacios con ella. Siempre estamos con ella en escena y no podemos movernos de su percepción inmediata.

Cuando empezamos a escribir las escenas con el marido, casi todas nos rebotaban. No nos terminaban de gustar. Nos parecía un poco falso o melodramático tener escenas de mayor confrontamiento cuando ella está tan ensimismada y procesando cómo volver a su espacio. Nos pareció que la mejor manera de contar esa relación era desde el silencio y el no contacto. Es algo que pasa mucho en las parejas.

Creo que la película maneja varios temas más allá de la maternidad y la depresión posparto. Podrían hacerse varias lecturas a partir de la historia. En ese sentido, ¿qué reflexión te gustaría provocar en la audiencia con esta película?

Yo trato de no dar nunca un mensaje. De hecho, me aterroriza la idea de que las películas den un mensaje. Lo que sí me gusta es generar empatía hacia personajes difíciles de entender.

No sé cuánta gente a priori puede relacionarse con lo que Luisa atraviesa en la película, pero hacia el final uno está muy cerca de ella, evaluando la soledad, desesperación, falta de comunicación y el no poder cumplir un rol. Eso hace a Luisa un personaje universal, aunque en un principio no lo parezca.

Hacer eso a través del lenguaje cinematográfico, es lo que yo espero que cause una reacción en el público. Creo que está bien sentirnos mal. Está bien que una película te permita navegar el laberinto de la soledad de un personaje, mientras te hace cuestionar cosas sobre tu propio laberinto.

Por último, me parece que entre Mejor no hablar (de ciertas cosas) y Lo invisible has hechos dos películas muy diferentes en forma y fondo. ¿Hacia dónde te diriges ahora?

Bueno, tengo dos proyectos. Uno es una película de época sobre un cantante ecuatoriano que está en decadencia. Luego tengo otra película que es una historia como coming-of-age con elementos fantásticos, medio de terror, casi como un cuento fantástico caribeño.

 

El estreno de Lo invisible en cines ecuatorianos está previsto para enero de 2022.

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