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Gladiador II: la naturaleza cíclica

Escrito el 27 noviembre, 2024 @BadLuckCharls

Dirección: Ridley Scott.

Guion: David Scarpa, historia por Peter Craig y David Scarpa, basado en personajes creados por David Franzoni.

Elenco: Paul Mescal, Denzel Washington, Pedro Pascal, Connie Nielsen, Joseph Quinn, Fred Hechinger, Lior Raz, Derek Jacobi, Alexander Karim.

Países: Reino Unido, Estados Unidos.

Duración: 148 minutos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt9218128

Gladiador II. Dir. Ridley Scott. Paramount Pictures. 2024.

Cuando hablamos de hombres poderosos, aquellos que cargan con el mundo en sus manos, sus anhelos y actos resuenan de aquí a la eternidad, marcando la manera en que son percibidos, así como las sociedades que controlan. Gladiador (Ridley Scott, 2000) terminó con Máximo (Russell Crowe) muriendo y liberando a Roma de la tiranía de Cómodo (Joaquin Phoenix). El gladiador le dio al Imperio Romano una oportunidad de renacer a través del sueño de Marco Aurelio (Richard Harris) de una Roma libre y, la oportunidad de un mejor futuro.

Gladiador II abre con la conquista romana de Numidia, un evento en paralelo con la batalla en contra de las tribus germánicas de la primera película. En este poblado libre del yugo romano, donde las personas viven en libertad a partir de la siembra que recolectan en campos propios, se encuentra el protagonista de esta historia, un soldado que asume la identidad de Hanno (Paul Mescal) después de ser capturado por las tropas de Justo Acacio (Pedro Pascal). Desde este momento, la secuela demuestra la futilidad del sacrificio de Máximo.

Es difícil escapar de la sombra de algo que marcó la cultura popular como la primera película de Gladiador. Es por eso que esta secuela, dirigida por el mismo Ridley Scott, toma una ruta similar a películas como Matrix resurrecciones (Lana Wachowski, 2021), Star Wars: Los últimos Jedi (Rian Johnson, 2017) y Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), secuelas que cuestionan y ponen a prueba la necesidad de su propia existencia por medio de una historia que explora el legado de sus héroes. En el caso de Gladiador II, Scott y David Scarpa muestran la decadencia del Imperio Romano y el efecto nulo de los actos de leyendas del pasado. En lugar del siniestro Cómodo, ahora dos hermanos gemelos, Geta (Joseph Quinn) y Caracalla (Fred Hechinger), dominan el Imperio y usan el poder para su beneficio: tienen más fiestas, más entretenimiento, más conquistas, más dinero, más opresión y más poder.

El punto de gracia del filme son las escenas de acción, momentos en los que Scott demuestra su maestría técnica. Las instancias de espectáculo romano en las que la audiencia se vuelve espectador culposo de la barbarie es en donde uno encuentra el mensaje central: la putrefacción de la civilización disfrazada como entretenimiento popular ante la organización de las clases altas. De hecho, la crítica de clases no es algo extraño en las películas de Ridley Scott (Napoleón, Cruzada y Gánster americano son buenos ejemplos). Al contrario, es parte del viaje, así como las escenas de acción y el uso de avances tecnológicos para el deleite visual. En el caso de Gladiador II lo que Scott presenta no es el Imperio Romano tal y como existió en 196 D.C., sino un reflejo de la decadencia actual de la especie humana.

La Roma de esta secuela pierde el glamour y la fanfarria de la obra original. John Mathieson, mismo director de fotografía que la película anterior, usa una fotografía digital adepta a las inclinaciones de Scott – famoso por grabar con unas 15 cámaras a la vez dependiendo de la escena– que muestra esta nueva Roma, corrompida y en proceso de ser destruida desde dentro. Esto no solo se debe a la opulenta e inestable gubernatura de los Césares gemelos, sino también a los planes maquiavélicos de Macrino (Denzel Washington en un trabajo soberbio que enciende la pantalla), un miembro de la alta clase romana con un pasado misterioso, y a la incompetencia burocrática de un Senado que, tras un momento de crisis, continuó con la tradición de una civilización en decadencia.

El símbolo de Uróboros se encuentra en toda la historia de Gladiador II. No solo en la forma en que Roma regresa a la “normalidad” tras los catatónicos eventos de la primera película, cuando un gladiador hace frente a un Imperio, sino también en la manera en que varios personajes se convierten en herederos de las ideas de Máximo.

Justo Acacio representa la faceta de general de Marco Aurelio, con Pascal ofreciendo solemnidad, carisma y reservas ante los actos barbáricos del régimen romano. En Lucila (Connie Nielsen), quien vuelve en esta secuela, sobreviven la bondad, la compasión y la valentía para mantenerse en el ecosistema político de Roma. Ravi (Alexander Karim), doctor de gladiadores, usa sus habilidades para curar a aquellos condenados a morir en retribución a sus años como gladiador. Incluso Macrino representa la disrupción para acabar con la destitución del capital humano ante la decisión de hombres que se creen dioses.

Aun así, son los hombros de Hanno en donde cae el mayor peso: la historia revive la figura de Máximo en su cuerpo para encarar un destino que nunca pidió y derrocar al gobierno corrupto del Imperio, distinto, pero similar al que el gladiador buscaba reformar. Mescal, a pesar de revivir los fantasma del pasado de su personaje, tiene un material lo suficientemente distinto como para brillar con sus habilidades actorales. Mientras que Crowe estaba lleno de estoicismo, con unos ojos que observaban la situación con sumo cuidado cual general de guerra, Mescal está más descontrolado al tener a un personaje lleno de resentimiento y enojo hacia las personas que le arrebataron su realidad. Presenta un personaje más instintivo que calculador, alguien que actúa a la defensiva en el campo de batalla y fuera de este, un hombre civilizado que elige el camino de la violencia.

El más reciente filme de Scott no romantiza ni anhela por volver a los tiempos de Gladiador. No vuelve al Imperio Romano en un periodo histórico relevante en cuanto a su estatus o como una fantasía de la sociedad perfecta. No hay una revaloración de la sociedad romana ni una restitución de sus héroes; el sacrificio de Máximo no resultó en nada, y sus sueños y esperanzas llegaron a su fin con su muerte.

Gladiador II es una película que muestra la cara más deplorable del pasado y el presente, un anacronismo que crea una nueva realidad en sí. Con esta película, Scott no busca reencontrar viejas glorias, si no enterrar las ideas de que el sacrificio de alguien especial resolverá los problemas del mundo, que las sociedades pueden cambiar de la noche a la mañana y que las personas siempre dejarán una realidad mejor para el futuro. En muchas maneras, este filme mira con desencanto las promesas del pasado que resultaron en la desintegración del presente, tal y como si un viejo mirara al mundo al que se enfrentan las futuras generaciones y respondiera con desdén ante el daño irrevocable.

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