First Man y su aproximación singular al espacio exterior

Escrito el 21 abril, 2021 @la_loulu

Por décadas, el cine y la televisión han abordado los confines del espacio exterior desde de la ciencia ficción. Sin duda, este género es el que más ha sacado provecho de este escenario, desde 2001: Odisea en el Espacio (1968), hasta Interstellar (201), Solaris (1972), Moonraker (1979) – de la saga de James Bond –, Star Wars (1977) o las series de Star Trek (1966) en televisión.

Por su parte, no es de sorprender que en la vida real el evento histórico por excelencia para una generación y el mundo entero fuera el alunizaje sucedido el 20 de julio de 1969. Este momento generó una nueva perspectiva ante el espacio exterior y fue la cúspide de una carrera espacial entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética, la cual para entonces llevaba más de una década en misiones espaciales.

Este hecho en particular ha tenido un tratamiento cinematográfico significativo con filmes como Apollo 13 (1995), Figuras ocultas (2016), Misión Control: Los Héroes olvidados del Apolo (2017), Apollo 11 (2019), Apollo 11: Quarantine (2021) y, naturalmente, First Man: el primer hombre en la Luna (2018), película dirigida por Damien Chazelle. Precisamente este título – dentro de una envoltura convencional de historia biográfica sobre Neil Armstrong – ofrece una perspectiva distinta de algo ya conocido, cimentado más en el drama que en la ciencia ficción.

Es común que las películas situadas en el espacio exterior muestren situaciones inciertas y cercanas al misterio y terror. En cualquier empresa espacial la pregunta obvia es ¿qué podría salir mal? Eventualmente todas las cintas dan una respuesta distinta, pero igualmente terrorífica: alienígenas, enfermedades, situaciones claustrofóbicas, accidentes, pérdida paulatina de la tripulación, extravío en planetas extraños, ataques de simios…las posibilidades son infinitas.

First Man se sale del molde al mostrar al espacio exterior como un lugar pacífico y hermoso. Todo lo aterrador sucede en la Tierra o en las máquinas construidas en ella. En el espacio y la Luna todo se ve prístino y brillante. Incluso la oscuridad existe en perfecta armonía en convivencia con los cuerpos celestes, mientras que en la Tierra todo parece desmoronarse, oxidarse, arder en llamas o morir.

Al respecto, First Man no está exenta de cierto romanticismo, pero está direccionado hacia el espacio y sus elementos no intervenidos por la humanidad, mientras que muestra con suficiente sinceridad – toda la que se le puede pedir a una película de Hollywood – el ego y la ambición detrás de la carrera espacial. Chazelle no pule la competencia agresiva y dramática que fue la misión espacial a la Luna apoyada por un aparato masivo estatal.

First Man presenta la parte realista y simplista del trabajo “magnífico” del astronauta. Aquí son representados como personas que debían ser confiables. No debían aventurarse ni improvisar, pues después de todo su trabajo ponía en juego mucho dinero – cuestionado continuamente por un Senado receloso y poblaciones marginalizadas –, la reputación de la potencia mundial en busca del éxito y, al final de todo, sus propias vidas. First Man pinta el camino a la Luna como algo caótico, caro y trágico.

Sobre las expectativas de presentar una persona tan significativa como Neil Armstrong (interpretado por Ryan Gosling) en el cine, es interesante ver cómo, para el mundo, los astronautas representaban en su época a los antiguos navegantes que surcaban lo desconocido para explorar los confines del mundo. Eran lo más parecido a piratas: seres temerarios navegantes que se adentraban en lo desconocido y aterrador, esta vez no del mar, sino de la galaxia.

Desde el principio se presenta a Armstrong no como el héroe carismático y temerario que muchos proyectaron en él por décadas, sino como un hombre taciturno y observador, marcado por la enfermedad y la muerte, incluso en ocasiones alienándose por completo de su propia familia y compañeros de misión.

Específicamente, al centrarse en la vida interior de Armstrong – sin ser conflictiva con su figura y legado –, y la manera en que la muerte de su hija marcó su vida y decisiones profesionales, First Man es capaz de brindar al espectador un retrato multidimensional de un hombre que tuvo el peso de pasar a la Historia como una cosa y una cosa solamente: ser la primera persona en pisar la Luna.

La tercera película del ganador del Óscar Damien Chazelle tiene poco de biopic en sí mismo, pero tampoco es del todo una aventura emocionante en el espacio, tal y como se promovió en su momento y lo que en parte causó su discreto resultado en taquilla. Más bien, resultó ser algo singular. Fue una amalgama de géneros y una exploración más humana que espacial. En ese sentido, su elenco es destacable, y cumple con presentar personajes que pertenecen a la Historia de la forma más genuina y comprometida posible.

Además, presentó secuencias del alunizaje más estresantes que emocionantes, las cuales resultan ser conmovedoras y calculadas, y únicamente exitosas por la confiabilidad y capacidad de   La fotografía de Linus Sandgren y la música de Justin Hurwitz son elementos esenciales para apreciar la majestuosidad del espacio exterior, así como la interioridad de Armstrong en su sentido más humano.

No es grandilocuente ni celebratoria, más bien es un drama íntimo que explora las respuestas emocionales ante la muerte, la manera en que experimentarla de cerca nos define y lo largo que puede llegar a ser el duelo.

First Man es una película con muchas aristas a analizar. Es una historia que nos hace mirar al espacio y a la Luna con ojos de fascinación, pero también nos invita a revisar nuestro interior. A través de la historia introspectiva de Armstrong obtenemos audacia para reflexionar sobre las decisiones que tomamos, las cosas que sacrificamos y, principalmente, las personas a las que les decimos adiós y que le pertenecen al infinito tanto como a nosotros.

 

First Man: el primer hombre en la Luna está disponible en Netflix. 

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