FICUNAM 15: día 1
En el primer día de proyecciones de Ficunam 15 vimos tres propuestas: La eterna adolescente, Sex Panchitos y Punto de fuga. A continuación, nuestras impresiones.
Punto de fuga (Vanishing Point) (Dir. Bani Khoshnoudi)
Sección: Competencia internacional
En este documental ensayístico y autobiográfico, la cineasta Bani Khoshnoudi regresa a Irán después de haber sido exiliada en su niñez, solo para tener que huir después de las protestas de 2009. Aquí, Khoshnoudi mira hacia atrás para revisar las heridas dejadas por un país al que no puede regresar y que fagocita a sus habitantes, entre ellos, una prima desaparecida en una notoria cárcel del régimen.
Punto de fuga es un documental mucho más contemplativo que, por ejemplo, Mi mundo robado (Farahnaz Sharifi, 2022), otro realizado por una mujer iraní en el exilio y que vimos en México durante la pasada gira de Ambulante. A pesar de compartir perspectiva – la lucha de las mujeres por la igualdad en Irán y la brutal represión que enfrentan –, las cineastas se separan en el uso de la voz en off y en su relación personal con el país que las ha expulsado, aunque ambas demuestran que la oposición femenina al régimen de los ayatolas tiene raíces profundas.
Khoshnoudi – quien presentó el documental en un perfecto español ya que radica en México desde 2009 – utiliza material de archivo propio y ajeno, y es común que sus planos tomen curso propio y superen la duración del minuto o más. Es, por así decirlo, un filme con mucho espacio entre sus líneas autobiográficas, en el que las imágenes tienen más oportunidad para inmiscuirse en la mente de sus espectadores: las calles atestadas de Teherán en invierno; una escalera eléctrica repleta de rostros; una cámara que graba frente a los automóviles mientras su operadora intenta cruzar la calle (lo que parece imposible porque nadie se detiene); la grabación a escondidas, anónima y nocturna de la represión estatal durante una de las múltiples explosiones sociales en Irán en los últimos 16 años; la muerte de un hombre a manos de la policía capturada temerosamente desde un edificio; una mujer ensangrentada en la calle durante una manifestación; los aullidos de dolor incontrolables de la madre de un joven asesinado por las fuerzas de seguridad. Hay algo hermoso en el acto de mantener el plano sin cortes y sin mayores adornos, aunque en este habite la muerte. Esta acción nos convierte en testigos no solo de la represión y la violencia, sino de una ciudad, de una familia, de una autobiografía.
Dividida en tres partes, Punto de fuga tiene muchas capas a la vez: es un ejercicio de memoria sobre el Irán prerrevolucionario, una demostración de la posibilidad tangible de un Irán distinto para las mujeres, un recorrido de la bulliciosa ciudad de Teherán, y un testimonio de las manifestaciones populares de 2009 y 2022 y la brutal represión del régimen, con la fuerte impresión de que las mujeres son quienes cargan la antorcha de la rebeldía y quienes podrían derrocar al statu quo.
Punto de fuga, aunque parezca un retrato brutal y descarnado, es en realidad, un enfrentamiento con la tierra natal, una confrontación que reconoce que la historia personal es inseparable de la nacional y que las cicatrices dejadas por la violencia del Estado siempre serán visibles. A primera vista me parece un filme especial.
Sex Panchitos (Dir. Gustavo Gamou)
Sección: Ahora México
Documental que sigue a los miembros de la famosa banda delictiva Los Panchitos 40 años después. Aquí descubrimos su vida después de aquellos años de crimen y queda claro que se trataba de niños y adolescentes empobrecidos que, desde las colinas en los alrededores de Tacubaya, descendían sobre una ciudad violenta y nefasta cuyo sistema de justicia se encargó de arruinarles la vida.
El documental retrata a el “Ulti”, la “Yonimentero”, el “Chivo Loco”, el “Canom”, el “Maya”, el “Gino Gallino”, en su mayoría hombres y algunas mujeres de 50 o más años, a quienes los años en la cárcel no los rehabilitaron, sino que se aseguraron que vivieran el resto de sus vidas en la misma pobreza que su atribulada juventud. Algunos fueron reformados por mano propia después de entradas y salidas de los reclusorios capitalinos, algunos a través de Alcohólicos Anónimos, algunos quedaron reducidos a la vida en la calle de la que muy pocos escapan, algunos alcohólicos jocosos aún frente a la cámara y bajo los carteles de AA que adornan sus oficinas, algunos líderes de barrio tratando en vano de ayudar a la gente de calle en recuerdo de sus camaradas muertos a la intemperie, algunos músicos y poetas de barrio, algunos entre el rencor y el cariño para los recuerdos de sus años mozos (“nos robaron nuestra niñez”), pero eso sí, todos aún sumidos en la pobreza, aunque bien acompañados por los amigos hechos tantos años atrás.
Sex Panchitos es nada menos que fascinante, un testimonio rebosante de vida que no hace una recapitulación de las tropelías que esta banda de adolescentes y niños hicieron entre Observatorio y Tacubaya – como podría esperarse de un documental tipo Netflix –, sino que es un mudo testigo de las vidas que ahora viven un puñado de estos “chavos banda”, satanizados por la prensa sensacionalista y castigados con crueldad por el entonces Departamento del Distrito Federal. Comenzando con la muerte de Gino Gallino, uno de sus integrantes en condición de calle, el Ulti, el Canom y varios de los viejos compañeros se reúnen y deciden comenzar una asociación de ayuda al prójimo, aprovechando su perdurable fama como miembros de la banda más temible del poniente de la Ciudad de México.
Lo que sigue no es el cuento de princesas sobre el éxito de su empresa, sino sus vidas diarias, uno sacando adelante a su hijo después de recuperarse de la adicción a las drogas, otro terminando su sentencia de tres décadas en la cárcel, otro arreando a sus compañeros para poner su dinero y esfuerzo en la asociación, y todos saliendo adelante a duras penas. La cercanía lograda por Gustavo Gamou, director del documental, nos hace cómplices de sus tropelías adultas, de sus remembranzas de juventud, de su dolor por una niñez perdida, de sus bailes peculiares rocanroleros, de sus chamarras de cuero y estoperoles concienzudamente engrasadas y mantenidas en óptimo estado en un ritual de dignidad, de vecindades demolidas para alimentar a la gran bestia llamada Ciudad de México y de corazones rotos afuerita del penal.
Sex Panchitos es un documental netamente chilango, rodado a pie de calle que prescinde de elementos externos y permite a los Sex Panchitos (autodenominados así en honor a los Sex Pistols porque estaban a la vanguardia de la moda y el gusto musical a finales de la década de 1970) compartir sus experiencias, su solidaridad callejera y su retrospectiva tristeza por haber sido orillados a una vida de crimen una y otra vez. Imperdible.
La eterna adolescente (Dir. Eduardo Esquivel)
Sección: Ahora México
Una película hermanada, si no temáticamente al menos melodramáticamente con la aclamada Tótem (Lila Avilés, 2023), que muestra la reunión bajo circunstancias extraordinarias de tres hermanos de una familia disfuncional para ocuparse de la madre enferma, abriéndose heridas no sanadas porque nunca fueron reconocidas. En clave de melodrama familiar – porque en México es casi imposible que lo familiar solo sea dramático, ¿o no? –, el director debutante Eduardo Esquivel conforma un elenco tapatío para, entre risas y lágrimas, llegar a una catarsis que reunifica a una familia conformada por extraños.
La eterna adolescente funciona en el nivel de la convivencia entre hermanos que no se han visto por décadas, aunque no tanto en otros rubros. Teresita Sánchez (la actriz más demandada del circuito independiente mexicano y con razón), Ruth Ramos, Emma Dib y Jesús Estrada Escobedo demuestran una convivencia con mucha química, pero las situaciones pasan a menudo por una familiaridad con el género de reunión familiar, es decir, queda la impresión de que ya las hemos visto antes (la cena quemada, el tío y la sobrina, personalidades divergentes y complementarias, fumando marihuana mientras los demás discuten, etc).
Asimismo, su juego con el videohome como memoria táctil, aunque hermosamente realizado en 8mm, no tiene mucha coherencia para demostrar un clima conducente a la tragedia central del relato. En ese sentido, La eterna adolescente se siente derivativa con frecuencia y no hay suficiente en escena para hacerla destacar.
No obstante, el trabajo de Magdalena Caraballo como la atribulada matriarca de la familia deja una huella honda, tanto en el público como en los personajes, pues su breve aparición en el prólogo y su retorno al hogar hacia el final, con su rostro acongojado y sereno, sus ojos melancólicos y alicaídos, comunican una tristeza profunda que reverberan en el espectador por mucho tiempo después de la aparición de los créditos finales.
Desafortunadamente, La eterna adolescente no conjuga sus distintas partes en un todo proponente y atractivo, aunque debe dársele crédito a Esquivel por su trabajo con actores. El cineasta demuestra un fuerte sentido visual – tendiente hacia el cine comercial –,logrado aunque disperso, pero en su guion no hay la suficiente fuerza como para considerarla entre las mejores contendientes de la competencia.




