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FICUNAM 14: revisión de la sección “Ahora México”

Escrito el 19 junio, 2024 @bmo985

La sección Ahora México se compone de películas producidas en México y demuestra la riqueza y variedad de la cinematografía nacional apartada del mainstream. En su mayoría se trata de documentales personales, ya sea sobre las búsquedas propias de sus realizadores o de sus acercamientos con otras personas. A continuación, unas cuantas palabras sobre la mayoría de las películas que conforman esta sección del FICUNAM 14.

 

Yūrei (fantasmas)

Dir. Sumie García Hirata

El tema central de este documental dirigido por la también artista visual Sumie García Hirata, ella misma de ascendencia japonesa, son episodios de la migración japonesa en México desde finales del siglo XIX. A mitad de camino entre la abstracción de una cámara de travelings laterales, de preciosas estampas del océano (real e imaginado) y el testimonial familiar, Yūrei (fantasmas) descubre episodios ignotos (o al menos poco conocidos) sobre los nikkei (japoneses viviendo fuera de Japón) en México.

El documental cubre desde el fallido plantío de café en el Soconusco en 1897, hasta los breves años en los que la ex Hacienda de Temixco fue utilizada como campo de concentración de migrantes japoneses, alemanes e italianos (al igual que los connacionales de esa descendencia). El resultado no es enteramente satisfactorio, pues queda la impresión de que la directora constantemente se refrena en sus impulsos por hacer un documental menos académico. Algunos motivos visuales merecen las palmas, mientras que otros parecen fuera de lugar y ocurren de forma aislada.

Las elecciones de García, principalmente la de prescindir de los sujetos entrevistados a cuadro, prefiriendo voces en off sobre montajes de las comunidades y espacios habitados por sus antepasados, son atrevidas, pero no lo suficiente. Con ello tan solo logra remover un elemento humano vital para cualquier documental sin adentrarse en territorios experimentales. Informativo, con imágenes deslumbrantes, pero aburrido y confuso.

 

El mirador

Dir. Diego Hernández

En El mirador, un par de actores en ciernes son reclutados por un cineasta tijuanense en el exilio para realizar una película sobre Tijuana durante los años más álgidos de la delincuencia. Este no es un acercamiento al México atravesado por el narcotráfico como a los que estamos acostumbrados, pues el tono cómico prevalece a lo largo de sus 75 minutos de duración.

Annya Katerina y Guillermo López, protagonistas que interpretan versiones de sí mismos, hacen alarde de su química y carisma. Él, un barbón bonachón que ensaya rutinas de stand-up en el zaguán de su casa. Ella, una actriz que trabaja como chofer de Uber. Juntos ensayan rutinas de comedia improv hasta que son reclutados para la ya mencionada producción. Diego Hernández, director y guionista, y Melissa Castañeda, coguionista, hacen de este un ejercicio de tintes radujeanos de metaficción y comedia naturalista en el que testimonios sobre una balacera en una casa de seguridad en 2009, el día a día de sus protagonistas y la grabación de una película chabacana encajan fluidamente.

Sería un cliché denominarla una carta de amor a la ciudad de Tijuana porque más bien examina la relación compleja con la ciudad, contrastando la visión impuesta durante la grabación de una película con las vidas regulares de Guillermo y Annya, ambos en sus prácticas laborales o en sus emprendimientos artísticos y creativos. El mirador es una película alejada de culebrones; es fresca, espontánea y divertida, y mucho de ello se debe al carisma y sencillez de sus actores centrales.

 

Formas de atravesar un territorio

Dir. Gabriela Domínguez Ruvalcaba

La pertenencia a un lugar se explora en este documental que sigue a cuatro mujeres tsotsiles que se dedican al pastoreo de borregos. El paisaje cambia, al igual que sus costumbres. Allá, una mina a cielo abierto a unos metros del bosque indica la peligrosa proximidad de los proyectos de desarrollo industriales. Por acá, un camino que se adentra en el monte sirve de escenario para el pastoreo de su ganado. Muy cerca, en San Cristóbal, una de ellas encuentra empleo en la industria turística, lo que le permite aprender el idioma castellano que su madre no habla. Ella, matriarca del grupo pastoril integrado por sus hijas, confiesa que antes le tenía miedo a los mestizos, pero ya no.

La cerrazón da pie a la apertura al mundo. Sus hijas recibieron la educación que ella no tuvo y ahora ellas mantienen un pie en ambos mundos. En Formas de atravesar un territorio no hay nostalgia ni la apariencia de un mundo moribundo. La directora Gabriela Domínguez Ruvalcaba demuestra sensibilidad para capturar su forma de ver las cosas y en más de una ocasión la cercanía entre ella y sus sujetos da pie a momentos de ternura, evitando así una mirada antropológica.

Lo que comienza como un intento documentado por salvar la distancia entre Domínguez (quién al parecer es nativa de San Cristóbal) y las mujeres tsotsiles se vuelve un retrato de mujeres tsotsiles adaptándose a un mundo cambiante en el que no tienen duda alguna de su identidad y su relación con el espacio geográfico que habitan.

 

Louis Riel ou le ciel touche la terre

Dir. Matías Meyer

Louis David Riel, un revolucionario canadiense, yace en la diminuta celda en la que vive a la espera de que el juez establezca una fecha para su ejecución por el crimen de alta traición. Riel es una figura similar a Juana de Arco: derrotado, humillado, encarcelado, condenado a muerte y aparentemente abandonado por el Dios que, en apariciones, lo había escogido para una tarea histórica.

Filmada en blanco y negro, la puesta en escena de Matías Meyer es minimalista, tanto para hacer asequible la realización de un filme histórico como para enfocarse en los últimos días del líder del grupo étnico Métis, conformado por el mestizaje de colonos franceses e ingleses desde el siglo XVII en lo que hoy es la provincia de Manitoba. Riel, convencido de que Dios le ha dado una misión, se considera un profeta, así como un líder político.

El filme refleja la complejidad de su pensamiento, utilizando los textos procedentes de cartas, diarios y poemas que Riel escribió durante su encierro. La voz en off, la cámara fija y la luz natural son empleadas por Meyer para transmitir la melancolía del condenado a muerte, derrotado en las armas, pero no en el espíritu, alcanzando la comunión con un dios cuyos designios no pueden conocerse ni reconciliarse con la realidad a través del contacto con la naturaleza.

Louis Riel ou Le ciel touche la terre es introspectiva, recordando a A Hidden Life (Terrence Malick, 2019), pero la diferencia es que el estilo de Meyer es más estático que el de Malick, y que con Riel, a diferencia del objetor de conciencia Franz Jägerstätter de aquel filme, su derrota es completa y como tal solo puede mostrar contrición y humildad frente a Dios.

Riel es una figura histórica fascinante, un profeta elegido por Dios, un poeta místico, un líder para los indígenas y un nativo de la Colonia del Río Rojo en el territorio noroeste en la Confederación canadiense, cuya primera rebelión condujo al reconocimiento del pueblo Métis y el establecimiento de la provincia de Manitoba. Meyer, guionista, director, productor y actor que interpreta al místico líder, retomó los diarios y escritos de Riel durante su encarcelamiento, ofreciendo una película austera, pero espiritualmente nutritiva.

 

la tierra los altares

Dir. Sofía Peypoch

Un documental obsesivo en el que se manifiesta una fijación con el fenómeno de la desaparición a raíz de la experiencia personal de su directora. La tierra removida con las manos, en la que se ocultan huesos calcinados, imposibles de reconocer siquiera como humanos, es el punto de partida de esta reflexión oscura, casi subterránea, que parece hecha desde el más allá.

Peypoch recorre con la cámara los lugares anónimos ocultos a plena vista donde el suelo hubiera devorado sus restos, como tratando de entender la lógica de la desaparición. Una entrevista con un par de antropólogos forenses complementa este aspecto, solo que sus testimonios son inquietantes, realizados como pesadillas de oscuridad, susurros y leyendas.

Al quemar un cuerpo, los huesos pierden todo rastro de ADN identificable, haciendo imposible determinar si se trataba siquiera de una persona, señalan los especialistas. No ser encontrado, no ser identificado, estar desaparecido, carcomido por la tierra, convertido en nada más que minerales del subsuelo en un país convertido en un osario, ¿no es este el miedo que envuelve a cada mexicano?

la tierra los altares es una de las piezas más extrañas de la sección Ahora México, pero permanece en la memoria como una poesía del terror mudo de vivir en este país y de la ansiedad de desaparecer en las entrañas de la tierra.

 

Río de sapos

Dir. Juan Nuñch

Una comunidad veracruzana, cercana a la famosa población de Catemaco, es el foco de atención de este documental que captura las prácticas de la curandera Francisca Hernández, quien aprendió su oficio de su abuela y que ahora participa en la celebración anual de la Santa Niña, la cual reúne a brujos y curanderos de la región para adorar a la Santa Muerte, a quien atribuyen sus poderes curativos.

Tal vez Río de sapos es la película con mejor realización de “Ahora México”, tanto por su cercanía con la gente como por su sensibilidad para filmar los espectáculos, rituales y prácticas de la comunidad. Este documental se limita a observar, no a explicar. Así, somos testigos mudos de los rituales dedicados a la curación y de los dedicados a la adoración, así como de la fantástica biodiversidad que rodea a estas comunidades.

De repente me queda duda de que exista cierto impulso exotizante (por ponerlo en palabras) con al menos un plano secuencia en el que la cámara recorre entre la gente hasta llegar a una efigie de la Santa Muerte en lo que parece una provocación, o al menos un intento por causar una impresión en el espectador, pero el resto del largometraje opera en el sentido contrario, sumergiéndose en la intimidad de esta comunidad rodeada de manglares y verdor.

Río de sapos, junto con Formas de atravesar un territorio, conforman discursos en torno al acercamiento de comunidades aisladas, marginadas e indígenas; sin embargo una característica las separa: la inclusión del narrador. En Formas…, la directora se inserta en escenas, ya sea platicando con las mujeres pastoras o indirectamente al grabar la reunión donde se plantean las mecánicas de filmación. En cambio, en Río… el narrador está ausente.

Durante el Q&A posterior a la proyección, la productora de Río… señaló que el director iba cada año a la comunidad (aún después de terminado el rodaje), donde ya era aceptado como un miembro más, lo que me dejó pensando el motivo por el que esto no se ve reflejado a cuadro. Es cierto que cada quien tiene un estilo para documentar, pero no puedo evitar pensar en cuánto la inclusión del yo narrador mejora un largometraje documental, removiendo toda pretensión antropológica de observador frente a otro. En fin, algo para meditarse.

 

Lo que perdimos en el fuego

Dir. Arturo González Villaseñor

Antonio del Conde, ilustre mexicano que vendió armas y apoyó a Fidel Castro durante la preparación de la revolución cubana en México en la década de 1950, es el protagonista de este documental intimista que, contrario a lo que uno pudiera pensar, no se detiene en los recuerdos de una de las figuras más fascinantes del siglo XX, sino en su vejez a través de un viaje en carretera para visitar a una de sus hijas. Del Conde es un viejito de más de 90 años que puede hacerlo todo en soledad, bañar a su perro, cocinar, reparar su automóvil y conducir desde la Ciudad de México hasta Quintana Roo para visitar a su hija. Algo de esta fascinación es lo que impulsa a seguir viendo el documental. ¿Hay algo que este nonagenario sea incapaz de hacer?

Asumir que este es el único elemento a favor del largometraje sería injusto tanto para la labor de Arturo González Villaseñor, director, y para el carisma inagotable del linaje del Conde, pues su hija Lourdes resulta tanto o más agradable que su padre. La interacción entre ambos está teñida por la incertidumbre y el ánimo de recuperar el tiempo perdido. Por un lado, es posible que sea la última vez que se vean en vida y, por el otro, Lourdes quiere obtener las enseñanzas que su padre no le brindó en su juventud porque estaba muy ocupado cumpliendo los designios del triunfante régimen cubano. El resultado es un retrato íntimo y tierno de un padre y de su hija, pero, sobre todo, de un hombre admirable y digno hasta sus últimos momentos.

 

Xquipi

Dir. Juan Pablo Villalobos

Una mujer trans y su hermana a punto de dar a luz viven en una casa semi abandonada donde albañiles sin camisa hacen un hallazgo arqueológico durante la construcción de una cisterna. Un mediometraje juguetón, Xquipi, filmada en blanco y negro, es una agradable brisa de ficción en medio de los documentales que conforman la selección “Ahora México”.

Al igual que el coqueto baile que marca su punto medio, Xquipi se mueve a su propio ritmo, a veces guapachoso, a veces introspectivo. Sus fenomenales imágenes son casi táctiles: hombres trabajando bajo el sol, una figura humana que se asoma a una habitación separada por una sábana de plástico, un agujero en la tierra que crece y crece. Tal vez pueda hacerse una lectura más profunda sobre el deseo representado por los tesoros paralelos del infante a punto de nacer y el áureo tesoro bajo tierra, pero en un nivel básico, es un placer ver Xquipi.

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