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FICUNAM 14 – día 6

Escrito el 23 junio, 2024 @bmo985

El futuro de lo perdido: Víctor Erice en conversación con Maximiliano Cruz y Abril Alzaga

El octogenario director español Víctor Erice, uno de los homenajeados de este año por FICUNAM y considerado como una de las figuras más respetadas de la cinematografía española, tuvo su primera plática en América Latina frente a los asistentes que abarrotaron el pequeño auditorio del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) – entre los que se encontraba el otro realizador honrado en esta edición, Mathieu Amalric, a quien este cronista vio entre el público durante las funciones de El sol del membrillo y El sur del festival –.

Durante las casi dos horas de conversación con los directores de FICUNAM, Erice delineó las bases de su práctica artística, comenzada hace más de 50 años. Generoso, culto y más que dispuesto a platicar con Alzaga y Cruz y los espectadores, a menudo soltaba a hablar de asuntos relacionados con las preguntas realizadas, momentos en los que se detenía y replicaba cuál era la pregunta.

A continuación, algunas de sus expresiones más memorables:

  • Erice insistió en que él nunca hacía cine con la intención de hacer arte, sino que hacía cine para conocerse a sí mismo y que, además, el cine era una manera de acercarse a los demás, de acudir al encuentro de las personas. También señaló que él hacía cine para el prójimo, contraponiendo este concepto al de consumidor que las prácticas corporativas han popularizado. Reconoció que el cine tiene una “dimensión material e industrial” porque para hacerlo hace falta mucho dinero, pero que él siempre había tratado de dirigirlo hacia el prójimo.

 

  • Opina que el cine aportó el tiempo y la duración al arte y que con ellos crea fantasmas a partir de la realidad. Mientras la literatura evoca estos fantasmas, el cine los trae a la vida.

 

  • Señaló a Juan Marsé como uno de sus escritores favoritos de lengua castellana y soltó un dato de trivia: durante la escena en la Cuesta de Moyano en Cerrar los ojos, la persona que vende el libro de Marsé Caligrafía de los sueños al personaje de Miguel Garay (Manolo Solo) es la hija del finado escritor, a quien Erice siempre admiró y con quien construyó una amistad. Como adendum, fue El embrujo de Shangái de Marsé uno de los proyectos abortados de Erice, película para la que realizó un guion que fue rechazado por cierto productor, tras lo cual el proyecto fue entregado a Fernando Trueba.

 

  • Erice rechaza categóricamente la noción con la que fue promocionada Cerrar los ojos, que representaba el regreso de un director sumido en la oscuridad por 30 años, pues señaló que no había dejado de trabajar desde El sol del membrillo de 1993, resaltando su colaboración Correspondencias con Abbas Kiarostami, para la que realizó un mediometraje, La morte rouge, que filmó casi en solitario y que no pudo proyectarse en el festival. Sugirió que podía presentarla ahí mismo, ya que la tenía en un disco duro (para esto pidió que los asistentes alzaran las manos para saber si debía hacerlo, aunque al final dicha proyección no ocurrió). Asimismo, comentó que para él los cortometrajes que realizó a lo largo de su carrera tienen el mismo peso que los largometrajes.

 

  • El director dijo que había un fetichismo por la técnica entre los cineastas y que para él lo importante era contar la historia.

 

  • Mencionó que él no podía ver sus películas porque solo veía sus defectos, lo que generó cierta tristeza entre los asistentes. 
  • Ante unas palabras lisonjeras de su obra compartidas por Maximiliano Cruz, Erice se mostró anonadado, apuntando que siempre agradece ese tipo de apreciaciones sobre su cine, pero que trata de no tomarlas muy en serio para que no se le suban a la cabeza.

 

  • Se sinceró y señaló que nunca saldará la deuda que tiene con el cine porque no hizo más películas.

 

  • Frente a una pregunta sobre uno de los gestos en común de El espíritu…, El sur, y Cerrar los ojos, Erice señaló que el cine le cambió la vida y que su primera memoria de una sala de cine fue con una película de terror.

 

  • Habló de las limitantes inherentes al cine, por ejemplo, que un escritor puede describir el tiempo, pero en el cine está a merced de la naturaleza.

 

  • Erice mencionó que el difunto cineasta iraní Abbas Kiarostami fue, en su apreciación, uno de los mejores directores de la historia del cine. Reconoció que era tan bueno precisamente porque provenía de la periferia y no tenía una formación cinéfila como la tienen los realizadores europeos, para quienes “el fardo de la historia” se vuelve una carga pesada.

 

  • Apuntó que el cine no murió como se había vaticinado a finales del siglo pasado, cuando se decía que “el cine nunca más tendría la edad de un hombre”. Señaló además que el cine en sus casi 130 años de vida había pasado por cambios acelerados como nunca lo había hecho ningún otro arte.

 

  • Erice tiene una predilección por el cine de la era silente (que a su juicio tiene la mayor calidad de todas las épocas) y por Charles Chaplin, quien dijo fue el mejor director que jamás vivió, señalando su grandeza con el hecho de que inició su vida en la pobreza y la terminó en recepciones con primeros ministros y realeza.

 

  • Para el director ibérico, el cine comenzó como un entretenimiento de masas y no fue aceptado por la academia hasta muy entrado el siglo XX.

 

  • Erice criticó el formato digital porque otorga un control total sobre la imagen que antes no era posible.

 

  • Retomó un ejercicio de los talleres de cine que imparte en España: el descubrimiento que los hermanos Lumière hicieron distintas versiones de su primer corto (La salida de la fábrica Lumière en Lyon, 1895) y que el análisis de estas revela que los hermanos ya tenían nociones de dirección de escena.

 

  • Erice confesó que el cine era “un hecho existencial” para él, mientras que otros realizadores lo tomaban como meramente profesional. Es por ello que él da mucha importancia a hacer películas y a escribir y a hablar sobre ellas (publicó en 1986 el tomo Nicholas Ray y su tiempo junto a Jos Oliver).

 

  • Profundizó sobre la dualidad presente en las hermanas Isabel y Ana en El espíritu…, apuntando que la segunda representa la inocencia que la otra ya no tiene. Señaló que le interesaba esa mirada “auroral de la primera infancia” anterior al ingreso del infante en sociedad, porque era “salvaje”, “extraordinaria” e impresionable por la experiencia cinematográfica.

 

  • Ante la pregunta de un asistente sobre el diálogo “soy practicante, pero no creyente” en Cerrar los ojos, Erice le restó importancia diciendo que cuando uno escribe un guión no razona todo lo que escribe.

 

  • Igualmente, frente al cuestionamiento sobre la frase “ya no hay milagros en el cine desde que murió Dreyer”, Erice recordó el milagro oficiado en Ordet (1955) del director danés, que, si bien era realizado por el personaje lunático, era la petición de la niña y su gesto de tomarle de la mano lo que lo hacía posible.

 

  • Sobre El sol del membrillo comentó que el azar jugó un papel importante porque en el documental, nacido de un proyecto abortado de la televisión por el que conoció al pintor Antonio López, ninguno de los miembros del equipo sabía lo que pasaría a continuación y mucho menos las lluvias torrenciales que llevaron al pintor a darse por vencido en su pintura del árbol del membrillo.

 

  • Erice lamentó que las artes han sido “expulsadas” de la enseñanza infantil y recordó un proyecto que dotó de proyectores y películas a cada salón de clases en Francia hace algunos años.

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