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FICUNAM 14 – día 4

Escrito el 20 junio, 2024 @bmo985

El cuarto día (último en el que este reseñista pudo entregarse todo el día a películas o eventos relacionados) de FICUNAM 14 obsequió una espléndida comedia seca y humana desde el Cono Sur (qué racha la de las películas argentinas en esta edición), además de una sensible invitación a redescubrir el cine de uno de los grandes de la historia. Por si fuera poco, una obra maestra ibérica presentada por su conmovido autor y la desquiciada vida de un genio musical firmaron otro gran día en el Centro Cultural Universitario.

 

La práctica

Dir. Martín Rejtman

Una comedia seca, pero no cortante sobre Gustavo, un profesor de yoga (Esteban Bigliardi), a quien la vida se le escapa de las manos: su mujer lo ha dejado, se queda sin el departamento que compartían y se lesiona la rodilla. Algo así como una estética de la alienación es lo que propone el director argentino Martín Rejtman, cuyo Gustavo navega un mundo en el que no encaja del todo, pero no porque se trate de un argentino en Chile, sino porque es incapaz de involucrarse con el mundo.

Refugiado en su práctica de yoga, Gustavo ve la vida pasar sin mover casi un dedo. El contraste entre el estupefacto protagonista y los personajes de su alrededor, que se mueven con decisión y confianza, además de los diálogos inexpresivos, remiten al estilo de comedia del estadounidense Wes Anderson, cuyos protagónicos por lo general sufren de un tipo de depresión, aunque en La práctica no hay nada del mundo artificioso de aquel autor. La reiteración y los cambios bruscos son otra marca de la comedia discreta de Rejtman, como cuando varios personajes comentan que tal personaje es “una tarada” y acto seguido, podemos apreciarlo, o gags que subrayan la aparente mala suerte de Gustavo.

Su tranquilidad ante la vida hace de este un personaje agradable, pues no es que enfrente las desgracias con estoicismo, sino con una resignación callada con la que todos podemos empatizar. Aun así, se describe un crecimiento en el arco de este personaje, aunque no es el elemento central como lo sería en una comedia romántica hollywoodense en la que obtener que el otro corresponda el cariño siempre debe ir acompañada de un tipo de superación personal.

El asunto en La práctica está más arraigado en la realidad, por más que sus personajes y situaciones brillen por su absurdo caprichoso (el hombre que vive entre los matorrales y la alemana que pierde la memoria son ejemplos memorables). La mala fortuna de Gustavo puede parecer la señal de una película pesimista, irónica y de mala fe, pero el resultado es una comedia humana y refrescante en su mirada de la vida porque Rejtman se divierte mostrando cómo sus personajes pueden salir del hoyo (literalmente).

 

Nostalgia del absoluto. Homenaje a Andréi Tarkovski

Dúo Gazzana y Raúl Briones

Dir. artística de Andréi A. Tarkovski

Este peculiar homenaje tuvo lugar en la sala Miguel Covarrubias, donde el actor mexicano Raúl Briones leyó pasajes del libro Esculpir el tiempo del influyente director ruso, mientras que a sus espaldas se mostraron fotografías personales, detrás de cámara y documentos del puño y letra de Andréi Tarkovski. A su vez, la música de compositores como Bach, Arvo Pärt y Olivier Messiaen, interpretado por el Dúo Gazzana, acompañó la proyección de fragmentos de cada una de las películas del cineasta ruso.

En líneas generales, el homenaje se caracterizó por el buen gusto con el que rememoró el cine y el pensamiento de Tarkovski, para quien el cine era un arte para acercar al humano a la eternidad que radica en su interior. Heredero de Dostoievski, Tarkovski creía que el cine era el mejor medio para representar el mundo interior e ideal.

La atmósfera creada por la recitación, la música y la proyección de fragmentos sumergió por un instante al público asistente al interior de este mundo ideal, como si pudiéramos escuchar al realizador una vez más. Este homenaje es una invitación a redescubrir el sublime legado de Tarkovski, a leer sus palabras y, sobre todo, a experimentar su cine.

 

El espíritu de la colmena

Dir. Víctor Erice

La ópera prima de Victor Erice,  homenajeado este año, es una fábula que juega con la dualidad de la inocencia y la muerte en un pequeño pueblo castellano cerca de Segovia poco tiempo después del triunfo del franquismo en la Guerra Civil española. La llegada de una copia de Frankenstein (James Whale, 1931) crea una honda impresión en la niña Ana (Ana Torrent), quien pronto descubre a un soldado desertor que se ha refugiado a las afueras del pueblo.

Filmada como un poema que parte de los ojazos inocentes de Torrent (entonces de siete años de edad) para ahondar sobre el malestar de una sociedad triunfante, El espíritu de la colmena se alimenta del misterio y la maravilla que caracterizan a la niñez para desmenuzar lo que en la página parece una familia ideal del temprano franquismo: un padre dedicado, pero absorto por escribir pasajes grandilocuentes sobre la colmena de cristal que adorna su despacho (Fernando Fernán Gómez); una madre ausente que escribe cartas de amor a quién nunca retornará de la guerra (Teresa Gimpera); y dos niñitas dejadas a su suerte (Torrent e Isabel Tellería) en las colinas, donde la mayor le dice a la otra que vive un espíritu similar al que vieron en la pantalla.

La travesía de Ana no es más que el tránsito desgraciado del mundo de la niñez al de la adultez, travesía marcada por la confrontación con la realidad de la muerte. Aunque bien situada en el momento histórico, del cual se considera como una crítica importante, El espíritu de la colmena tiene una cualidad de atemporalidad como si se tratara de un relato que trasciende sus propias limitantes. Algo de esto se  atribuye a la elegancia formal de la mirada de Erice.

La cámara, apenas movible, privilegia los planos fijos, enfocándose en el movimiento de los actores frente a ella, recordando el gusto por las disolvencias para sugerir el paso del tiempo en El sol del membrillo (1993), recurso aquí desplegado para ver correr a las niñas hacia una lejana casa abandonada. Erice sintoniza la vida en sus silencios que dicen bastante, ya sean los ojos curiosos de Ana que auscultan el escritorio donde su padre pasa las noches enredado en palabras quiméricas, o el descubrimiento de Isabel de que la sangre de una herida pinta los labios de rojo, o el asombro de Ana cuando pregunta a su hermana “por qué el Monstruo mató a la niña?”.

Mucho más que una película sobre el trauma colectivo de la Guerra Civil, en El espíritu de la colmena hay más provocaciones de las que alcanzan a aprehenderse en un primer visionado, pues no solo hay un detallado análisis del triunfo sin victoria, sino también del cine como primer contacto con el mundo, de la inocencia enfrentada a la barbarie convertida en norma, de la soledad del niño en su confrontación fuera del núcleo familiar, del poder primigenio y mítico de un relato para despertar la curiosidad por lo que nos hace humanos, del poder de las imágenes para alimentar la imaginación. De esta forma alcanza el hacer de lo personal en lo colectivo, aquello que es tan difícil en el arte, porque la memoria corre a lo largo de El espíritu de la colmena, que si bien no es autobiográfica, tiene mucho de su autor.

Previo a su proyección, Erice recibió la Medalla de la Filmoteca y, conmovido hasta las lágrimas, habló sobre lo significativo que era recibir este reconocimiento de un país que había recibido a los republicanos exiliados de la Guerra Civil, “generación a la que le debía tanto”. El espíritu… paga esa deuda con creces, no solo con su evaluación social que captura el espíritu de la época, sino también con la creación de un arte libre que, en las postrimerías del franquismo, señalaba una manera de reconciliarse con el pasado de hierro y muerte.

 

Zorn II

Dir. Mathieu Amalric

Segunda parte de la hasta el momento trilogía centrada en las aventuras musicales del inclasificable genio de la música contemporánea que tanto se mueve en los terrenos del jazz de vanguardia como en el metal, el klezmer reinventado por él mismo o la música de cámara experimental. Zorn II se siente mucho más liberada que su antecesora, tal vez por la comodidad que su director Mathieu Amalric adquirió en el ínterin.

Incorporando ahora texto escrito en la pantalla, derivado de anécdotas y declaraciones de Zorn en las que habla sobre el significado de la música para él y sobre el origen de sus peculiares perspectivas musicales, Zorn II lo sigue de cerca mientras se presenta en el Museo del Louvre, en conversaciones con músicos, en ensayos y en salas de concierto de todo el mundo. Entre presentaciones en un festival de jazz en Bosnia, Zorn comparte un sueño peculiar: que está de vuelta en Nueva York (donde vive) y no sabe de qué país ha llegado, solo sabe que, después de un concierto esa misma noche, debe regresar de donde llegó.

Su vida  está dedicada por entero a la música, así que, entre presentaciones, ensayos y vuelos de ida y vuelta, la maniática edición de Zorn II no solo nos mete tras bambalinas con el desfachatado compositor (quien en esta ocasión viste los mismos pantalones militares de la primera parte y sale a ensayar una pieza en un órgano monumental con agujeros en los calcetines), sino que nos da una idea certera de lo que la dedicación y el compromiso con el arte significan. Este saxofonista podrá confundir las ciudades que visita, pero su pasión por la música y el cuidado que le dedica siempre será el mismo.

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