Palomita de maíz

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FICUNAM 14 – Día 1

Escrito el 16 junio, 2024 @bmo985

A continuación, un recuento de las películas que vi en el primer día de FICUNAM.

El sol del membrillo

Dir. Víctor Erice


“¿Cómo trabaja un artista?” parece ser la pregunta clave en este híbrido entre documental y ficción sobre las labores y dificultades del connotado pintor español Antonio López en su intento de capturar la luz del sol en el árbol de membrillo de su casa. López – quien todavía el verano pasado podía verse pintando al aire libre en la Puerta del Sol madrileña – es metódico, milimétrico y obsesivo, pero su neurosis artística no encaja con nuestras ideas al respecto. 

De baja estatura, viste sencillamente, no alza la voz, canturrea melodías andaluzas mientras pinta, actividad en la que no ceja, aunque llueva. Tampoco es un artista que pierde tiempo en pensamientos ajenos a la pintura. Sabe lo que quiere y así lo explica a los invitados que recibe en su domicilio mientras pinta: quiere capturar la manera en que  la luz de inicios del otoño pega en el pequeño árbol y en sus frutos dorados. 

En El sol del membrillo, López deja una impresión afable, silenciosa y adorablemente obsesiva (“¡pero no toques las hojas!”, dice en una escena que provocó risas a los asistentes).También  resuelve cuestiones plásticas con lo que parece sentido común, pero en realidad es la técnica depurada de un artista veterano (se requiere de un maestro para hacer parecer fácil lo difícil): lo que le interesa es el árbol y la luz del sol. 

¿Qué le interesa entonces al director Víctor Erice? La cámara sigue de cerca al pintor, al igual que a los habitantes de su domicilio: la esposa de López, también una artista; el perro Emilio, quien, al igual que su dueño, prefiere pasar el día al aire libre; y un trío de obreros polacos que hacen renovaciones en la casa y aprenden español en sus ratos libres. Las ausencias fascinan su cámara, al igual que el paso del tiempo, marcado en la edición con disolvencias y sobreposiciones de planos. La composición de sus planos, aunque a menudo marcada por el sentido de lo práctico – capturar una conversación o uno de los detalles maniáticos de López–, no deja de ser inspirada, por no decir sublime (aspecto que se aprecia durante la última secuencia de corte onírico).

No solo son las imágenes ni el retrato del proceso artístico lo que hacen de El sol del membrillo una película hermosa e hipnótica, también es la sensibilidad con la que se muestra la amistosa complicidad entre López y su amigo de juventud Antonio Gran (también artista), en quien el primero confía para preguntar sobre las decisiones tomadas y la calidad del trabajo mientras cantan armonías sevillanas y rememoran los aprendizajes de la escuela de arte. 

Si se puede extraer una lección (que no de todas las  películas se deben esperar lecciones, pero da el caso que esta me ha provocado), es que el arte esconde sus procesos y que, tras los lienzos, figuras talladas u otros objetos resultantes, hay un sinfín de decisiones, elecciones, dudas y comienzos en falso. Lo artístico en el arte, igual que lo científico en la ciencia, se refiere más que nada al proceso.

 

Reas

Dir. Lola Arias


Ficción con visos documentales o un documental imaginario son términos clasificatorios que poca justicia le hacen a este largometraje argentino que conjuga géneros para dar testimonio de la experiencia femenina carcelaria. A partir de la entrada de Yoseli en una prisión derruida, la directora Lola Arias muestra una comunidad formada por accidente, pero unificada por la solidaridad y la sororidad. 

Números musicales o momentos de intimidad entre las mujeres sirven para conocer sus historias, no solo sus motivos de ingreso penal, sino también sus anécdotas amorosas y sus anhelos una vez que salgan del encierro.

¿Se trata de actrices no profesionales que comparten sus experiencias reales? ¿Cuánto de lo que vemos en pantalla está ficcionado y escrito a priori? No lo sabemos, pero hay una frescura ingenua, un carisma natural que brilla en estas mujeres, en sus tímidas coreografías y en sus discretas voces cantantes. Sus coloridas personalidades son correspondidas por Arias en ingenuos escenarios de fantasía teatral de bajo coste en una vieja cárcel en ruinas de tiempos de la dictadura. 

Muchos son los elementos en juego, pero Arias aterriza sus ideas con habilidad. Más de uno saldrá de la sala tarareando “París y Nueva York/Barcelona y Milán”, pensando en el rostro adusto pero caluroso de Nacho, el desparpajo de Noelia (nombre artístico: Noelia Ladiosa) o el espíritu rockero de Estefy.

 

Cobrador: In God We Trust

Dir. Paul Leduc


Cápsula del tiempo de una época finada, esta obra de Paul Leduc, homenajeado en este catorceavo FICUNAM, nos transporta a los tiempos de los mal llamados globalifóbicos, movimiento después conocido como altermundista, que tanto espacio ocupó en los titulares y cuyas premisas nunca fueron resueltas: que tras la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos y las instituciones internacionales a su cargo consolidaron estructuras de poder para extraer riqueza de los países más pobres a la vez que exportaban  a estos la cultura del consumismo. 

La violencia implícita de esta dinámica se hace explícita en el comportamiento de un joven afroamericano (Lázaro Ramos), quien mata sin provocación por toda Nueva York, así como en Mr. X, interpretado por el veterano Peter Fonda, un millonario moribundo que gusta de arrollar con su camioneta a mujeres de tez morena (una de ellas, Dolores Heredia). Estos personajes disímbolos se complementan con el personaje interpretado por Antonella Costa, Ana, una fotógrafa argentina que a la distancia vive la crisis catastrófica de su patria. 

Leduc juguetea con nociones de violencia, una justiciera y merecida, otra racista y solo explicable como una forma de expresión de una sexualidad agotada, y otra más en términos de explotación. En este relato internacional basado en cuentos de Rubem Fonseca, la justicia reparadora en contra de los responsables de la explotación del “Tercer mundo” encuentra los límites de una revolución de dos, así como, temporalmente, en los ataques terroristas del 11 de septiembre, que sirven como telón del filme. 

 

Ryuichi Sakamoto: OPUS

Dir. Neo Sora


Otra película sobre un artista mundialmente aclamado que falla en donde
El sol del membrillo acertó (una comparación injusta, pero sugerida por su programación simultánea). Dicho en términos llanos, Neo Sora, director de este documental, no puede más que aburrir durante más de 100 minutos porque en ningún momento haceuna propuesta estética que tome en cuenta la música de Sakamoto. 

Son 100 minutos dedicados a buscar ángulos, configuraciones de luz y cámara que distraen, y que no complementan la interpretación del finado compositor. Podría pensarse que es una película hecha para sus más fervientes fanáticos porque la información a cuadro es nula, al igual que cualquier tipo de explicación o diálogo en torno a las melodías. No obstante, creo que solo es una película mala, incompleta porque el aspecto visual no trabaja en conjunto con lo auditivo. En la sala Miguel Covarrubias el cansancio era palpable y cada final de melodía se esperaba – colectivamente – que fuera el último. Un suspiro colectivo fue la reacción a la aparición de los créditos, así que no creo estar solo en esta opinión negativa. 

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